Una mala experiencia con una aseguradora lo llevó a fundar una startup que ahora vale US$ 1.300 millones
Nico Laqua creó Corgi tras sufrir demoras y rechazos en el mundo de los seguros. Con IA, clientes startup y una cultura laboral extrema, la compañía acaba de convertirse en unicornio.

En el centro de San Francisco, la oficina de Corgi, una startup de seguros que usa IA, funciona con una lógica que parece salida de otro tiempo de Silicon Valley. En la mayoría de las salas de reuniones hay un colchón contra la pared. La razón no está escondida. El equipo trabaja los siete días de la semana y, cuando el cuerpo pasa factura, necesita un lugar donde tirarse unos minutos.

Para Nico Laqua, CEO de la compañía, la frontera entre vida personal y trabajo casi desapareció. Laqua duerme buena parte de las noches en un cuarto interno al que llaman "Habitación de los Fundadores" y se ducha en un gimnasio Equinox cercano. "Técnicamente tengo una habitación [en un departamento], pero casi nunca voy", le dijo a Forbes.

La escena mezcla ambición tecnológica, urgencia emprendedora y cierto desorden doméstico. Entre bolsas de basura, muebles gastados y alguna cáscara de banana, el lugar tiene el clima espeso que queda después de un hackathon de 72 horas. En medio de ese ritmo aparece Trudy, la corgi marrón y blanca que oficia como mascota de la empresa y se mueve por la oficina como una presencia habitual.

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Trudy es parte de la vida diaria de la oficina. Los empleados se reparten su cuidado, la alimentan, la sacan a pasear y la bañan con la asistencia de un bot de IA en Telegram, que les marca cada tarea. En la planta baja, la compañía además es propietaria y administra Corgi Cafe, una cafetería abierta al público que funciona durante toda la noche. Con el tiempo, el local se convirtió en un punto de reunión para jóvenes emprendedores de San Francisco, que extienden sus jornadas para llegar a una entrega de producto o cerrar un acuerdo.

La postal se aleja bastante de lo que suele asociarse con una empresa de seguros. Sin embargo, encaja con el ritmo extremo que atraviesa al negocio de las startups de IA, incluso cuando el objetivo parece tan poco glamoroso como ordenar la gestión de reclamos.

En ese terreno busca crecer Corgi, una firma que nació hace dos años y utiliza IA para elaborar presupuestos para clientes, analizar sus procesos de trabajo y definir luego el precio de sus pólizas. La empresa también usa esta tecnología para administrar reclamos, una tarea que tradicionalmente quedó en manos de equipos de evaluadores humanos, muchas veces ubicados fuera de Estados Unidos.

El modelo apunta a las propias startups, pero también les permite ofrecer seguros a sus clientes. "Los agentes de IA se comunican entre sí para realizar este tipo de tareas", afirma Laqua.

Más allá de su peculiaridad, la empresa, con apenas dos años de vida, encontró su ritmo. Corgi asegura que ya tiene ingresos anuales por alrededor de US$ 100 millones, provenientes de miles de clientes startup, entre ellos Deel, la firma de recursos humanos y nómina; Artisan, la empresa de IA que se volvió famosa en San Francisco por sus carteles publicitarios con el lema "Dejen de contratar humanos"; y Eragon, una compañía de IA para empresas. 

Deel es uno de los clientes de Corgi (Foto: Wikimedia Commons)

Corgi, por caso, asegura a Eragon dentro de una nueva categoría llamada "responsabilidad civil por IA", diseñada para proteger a la compañía frente a demandas si sus modelos de IA alucinan o cometen errores que afecten a sus clientes. Según Josh Sirota, CEO de Eragon, la obtención de un presupuesto para la póliza demoró menos de 24 horas y todo el trámite fue digital, sin llamadas con representantes humanos. "Entienden lo que significa la velocidad de una startup", afirma.

El miércoles, Corgi comunicó una ronda de financiamiento por US$ 160 millones, liderada por la firma de capital de riesgo TCV, una operación que la convirtió en unicornio y elevó su valuación a US$ 1.300 millones. Ese mismo día, la empresa presentó un nuevo servicio de seguros para camioneros de larga distancia, aunque evitó revelar la identidad de sus clientes.

La historia personal de Laqua parece encajar con ese destino. Hijo de un profesor de lingüística y de una abogada de una aseguradora, creció en San Diego y pudo parecer predestinado a crear una startup de seguros. Pero sus primeros planes iban por otro camino. A los 26 años, después de aprender a programar cuando era chico, empezó a desarrollar una plataforma social mientras estudiaba en la Universidad de Columbia. Luego se la envió para que la probara su amiga Emily Yuan, a quien conoció en el ecosistema startup de Stanford. @@FIGURE@@

Los dos terminaron como cofundadores de Picnic, la app que con el tiempo derivó en Basket Entertainment, una compañía de videojuegos. Ese proyecto los llevó a integrar la lista Forbes 30 Under 30 en 2024, bajo el reconocimiento obtenido por Basket.

El regreso de Laqua al negocio de los seguros nació de una mala experiencia mientras conducía Basket Entertainment. En una oportunidad, la aseguradora tardó demasiado en enviarle un presupuesto y dejó en riesgo un contrato relevante. En otra, rechazó el pago de un reclamo por derechos de autor que el emprendedor consideraba legítimo. Ahí apareció la pregunta que después dio origen a su nuevo proyecto. Tenía que haber una manera mejor de resolverlo. Por eso, hace dos años, Laqua y Yuan salieron de Basket para crear Corgi y se sumaron a la camada de verano de 2024 de Y Combinator.

El tamaño del negocio explica parte del atractivo. Solo en Estados Unidos, el mercado de seguros mueve US$ 1,7 billones, según el Instituto de Información de Seguros. Pero también es un sector dominado por grandes jugadores tradicionales y por startups como Lemonade o Vouch Insurance. Quizás por eso los cofundadores buscaron diferenciarse con una cultura interna mucho más marcada. @@FIGURE@@

Volviendo a Trudy, la mascota, hay que mencionar que no tiene un dueño específico dentro de la empresa. El equipo se reparte su cuidado y, si nadie se hizo cargo, el bot de Telegram envía un aviso para recordarlo. Como cualquier perro, a veces también desafía las reglas. Laqua cuenta que, en ocasiones, ignora a un empleado si otro le concede lo que busca. "Ese es un poco el problema de tener muchos dueños", dice. "Es muy querida. Está muy mimada", agrega.

Después está la política de trabajo de 7 días por semana. Corgi no es la única startup que empuja a sus empleados más allá de la jornada laboral tradicional. Otra firma de San Francisco, Arrowster, que ayuda a estudiantes a postularse a programas académicos en el exterior, también opera toda la semana. "¿Por qué una semana tiene siete días? Si lo pensás, no hay una razón lógica", le dijo el CEO Kenneth Chong a Forbes el año pasado.

"Puede que haya razones históricas, pero ¿por qué son cinco días de trabajo y dos de descanso?", añadió. Otras compañías de alta exigencia, como la startup de etiquetado de datos Mercor y la firma de atención al cliente con IA Decagon, también adoptaron semanas laborales de 6 días. Y la cultura "996", que resume jornadas de 9 a. m. a 9 p. m., 6 días por semana, marcó durante años a gigantes tecnológicos chinos como Alibaba y ByteDance.

Laqua no pide disculpas por su postura. "Si querés ser una startup de crecimiento exponencial, si intentás ser una empresa de IA muy seria, y no trabajás los fines de semana, básicamente estás renunciando discretamente”, dice Laqua, en referencia a la jerga que describe hacer lo mínimo indispensable en el trabajo. "Porque hay alguien que trabajará esos fines de semana", agrega.  @@FIGURE@@

Alexander Wortmann, socio de TCV y responsable de liderar la última ronda de financiamiento de Corgi, asegura que las reglas para quienes se suman a la empresa no dejan demasiado margen para la sorpresa. "Saben cuál es la ambición y a qué se comprometen", señala.

De esa lógica nació Corgi Cafe, una especie de templo para las noches largas del mundo startup. A las 8:30 de la noche de un martes de abril, el local todavía vibra con actividad. Unas 30 personas, en su mayoría jóvenes y casi todas frente a una notebook, ocupan el salón bien iluminado, distribuidas en mesas redondas de madera. Un hombre participa de una llamada por Zoom, otro escribe código en Claude Code, el asistente de programación de Anthropic, y una mujer toma de un vaso de Chipotle, inclinada sobre su computadora.

Laurence, un cliente habitual de 22 años y fundador de una startup de redes sociales que aún no salió al mercado, dice que San Francisco conserva una energía emprendedora difícil de copiar. "Esta cafetería lo refleja a la perfección", sostiene. Para otro cliente, el lugar funcionó como una introducción intensiva al ecosistema startup. "No sabía qué eran VC ni YC antes de venir acá", comenta Iggy McGregor, un londinense de 20 años que estudia psicología en un centro de formación profesional en East Bay. Se refiere al capital de riesgo y a Y Combinator, la reconocida incubadora de startups tecnológicas.

Laqua afirma que la cafetería pierde dinero, pero asegura que no es mucho. No revela los márgenes y cree que vale la pena por los beneficios que aporta a la comunidad y a la búsqueda de clientes y empleados. Las startups pueden hacer eventos en la cafetería, aunque deben cubrir el costo de toda la comida y las bebidas que se sirvan. También vende bebidas especiales patrocinadas por empresas tecnológicas, como el Brexspresso, de la startup de tarjetas de crédito Brex, con hielo, agua tónica, doble espresso y bitter de naranja, o el Qodo Brew, de la plataforma de revisión de código Qodo, con hielo, agua y concentrado de café frío.  @@FIGURE@@

Además, suma suplementos como péptidos de colágeno y espirulina. Los inversores de capital de riesgo a veces pasan por ahí para encontrar posibles inversiones. La empresa también planea abrir más cafeterías cerca de sus otras oficinas, entre ellas Nueva York y Dallas, lo que podría ser una buena alternativa si el negocio de los seguros, como la app de redes sociales, no funciona.

"Estamos ofreciendo un espacio importante donde las personas que aman la tecnología, la escritura y el trabajo pueden detenerse y pasar un buen rato", dice. "Creo que hay muchos beneficios a largo plazo que probablemente no lleguemos a percibir", agrega.

A sus clientes, Laqua les hace una promesa exagerada. "Aunque haya un incendio que destruya la ciudad, me encontrarán carbonizado preparando cafés detrás del mostrador", bromea. "Literalmente, nunca cerrará", remarca. (I)

Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.