El cartón, la revolución de los Jaramillo
Julissa Villanueva Periodista
Julissa Villanueva Periodista
Grupo Papelero Cía. Ltda. (Grupasa) se constituyó en noviembre de 1985, según la Superintendencia de Compañías, y consolidó su operación industrial de empaques en la década de los noventa. Forma parte del Grupo Papelesa, al que también pertenecen Papelesa, fabricante de cuadernos e insumos escolares y de oficina, y Almacenes Generales de Papelesa S.A. (AGP), dedicada a distribuirlos.
Nació para atender la demanda de cajas de cartón corrugado para el banano y otros productos agroindustriales; actualmente, es una organización diversificada en empaques, con un claro sello ecoamigable.
El origen del grupo empresarial, sin embargo, se remonta a 1970, cuando José Jaramillo Miranda fundó Papelesa. “Mi padre siempre decía que quería darle las mil formas al papel”, recuerda María José Jaramillo Cedeño, gerente de Empaflex, División de Empaques Flexibles de Grupasa Packaging. De esa visión, y de la necesidad de empaques confiables y accesibles para la industria ecuatoriana, surgió la diversificación. El propio Jaramillo preguntaba: “¿Qué otro producto se hace con papel?,” y en la familia respondía: “El cartón”.
A partir de esa premisa, Grupasa evolucionó de una sola planta de cartón corrugado a un portafolio que incluye plegadizas para camarón, cereales, farmacéuticas e industrializados; empaques flexibles para alimentos, cuidado personal y del hogar; e ingeniería de empaque para clientes que requieren diseñar o rediseñar sus soluciones. Todo bajo una apuesta radical por la tecnología, la sostenibilidad y, sobre todo, por las personas.
“No hay empaque más sostenible que la caja de cartón. Hoy somos la primera compañía de carbono neutro del sector y fuimos reconocidos como la más sostenible del país”, dice María José Jaramillo. Ella pasó nueve años y medio en Estados Unidos estudiando empaques y trabajando como senior packaging engineer en multinacionales. Además, cursó maestrías y programas ejecutivos, entre ellos en MIT, formación que respalda los saltos tecnológicos de Grupasa.
El primer gran salto llegó en 2004, cuando la compañía incorporó una moderna línea de alta velocidad para corrugado. “Revolucionamos el mercado, porque no había máquinas de ese tipo en el país”, recuerda. El segundo fue aún más ambicioso: entre 2018 y 2019 el grupo invirtió alrededor de US$ 70 millones en una nueva planta de corrugado, completamente robotizada y concebida bajo el paradigma de industria 4.0, que hoy ya opera con características de industria 5.0.
“Hoy nuestra planta es una de las más modernas de América Latina: robótica, internet de las cosas, sistemas de visión artificial, analítica en tiempo real”, explica Jaramillo.
Esa transformación no se quedó solo en la “fábrica con fierro”, dice. El grupo montó un centro de datos, un departamento de transformación digital y un área de business intelligence que alimenta decisiones operativas y comerciales en tiempo real. Esa apuesta por la tecnología viene de lejos: Papelesa fue la primera empresa ecuatoriana en implementar SAP como ERP, cuando ese tipo de plataforma estaba reservado casi exclusivamente a multinacionales.

En 2018, padre e hija hicieron una especie de “gira de estudios” por Europa para ver de cerca cómo operaban las mejores plantas de corrugado del mundo. Ese viaje, cuenta María José Jaramillo, les abrió la visión de lo que querían construir en Ecuador: una planta de clase mundial, con las tecnologías más avanzadas aplicadas al corrugado.
La apuesta no se limitó a renovar maquinaria; vino acompañada de una inversión profunda en el corazón digital de Grupasa: su data center y toda la infraestructura que hoy soporta la transformación 4.0 y 5.0 de la compañía.
La narrativa de la industria 4.0 suele girar alrededor de automatización, robots e inteligencia artificial. Grupasa ha abrazado todo eso, pero su siguiente paso ha sido colocar a las personas de nuevo en el centro: la lógica de la industria 5.0. “La 4.0 se centra en la automatización y la interconexión; la 5.0 introduce el factor humano en el centro del proceso productivo”, resume. Eso implica ver la tecnología no como reemplazo, sino como complemento.
El impacto más visible está en el perfil del trabajador: operadores con competencias electromecánicas y mecatrónicas, ingenieros eléctricos y mantenimiento asistido con lentes de realidad aumentada conectados con técnicos en Europa. En un contexto donde la automatización genera temor, Jaramillo insiste en la reconversión, la capacitación y las mejores oportunidades. “La gente es la base de todo negocio”, dice.
Bajo esa misma filosofía, en Grupasa la sostenibilidad es la arquitectura del negocio. “La primera razón para que una compañía sea sostenible es que sea rentable”, afirma. De ahí el énfasis en eficiencia operacional, automatización, analítica predictiva de demanda y reducción de desperdicios. El reconocimiento ha llegado: la empresa acumula certificaciones de calidad y de manejo forestal responsable como ISO 9001 y FSC, y ha migrado a estándares ligados al desempeño ambiental.
En cartón corrugado, la empresa usa papeles más livianos con la misma resistencia, para consumir menos materia prima. En flexibles, trabaja con plásticos monomateriales reciclables y reemplaza el PVC por PETG, en línea con las metas europeas de que todos los envases sean reciclables hacia 2030.
Para lograr el sello ecoamigable, la empresa siguió una ruta que ha implicado reducir de forma sostenida el consumo de agua en calderos y plantas, optimizar el uso de combustibles y GLP mediante sistemas más eficientes, y apostar por procesos automatizados.
Además, Grupasa ya no se ve solo como una cartonera, sino como proveedora de “soluciones integradas de empaque”, con dos áreas clave: ingeniería de empaque y soluciones sostenibles. Desde su centro de innovación en Guayaquil, simulan el desempeño de las cajas, optimizan paletizado y uso de material, y atienden a todo el Ecuador, con empaques que también viajan al mundo, principalmente a través de los exportadores.
En esa hoja de ruta, el mercado también tiene voz. “El cliente nos va marcando caminos: ‘Oiga, Grupasa, ¿por qué no hace esto?, ¿por qué no desarrolla aquello?’”, cuenta Jaramillo.
Desde la gerencia de Empaflex y la conducción de los proyectos estratégicos del grupo, ella recoge esas inquietudes, las contrasta con las tendencias globales y las conversa con su padre. “Yo le digo: mira este negocio, me voy a Alemania, me voy a China, déjame explorar tal cosa. Él da la visión de crecimiento y nosotros la ejecutamos”. Así han ido identificando “sectores ganadores” como el de flexibles: un mercado atractivo, pero con grandes jugadores instalados en el país.
Gobernanza y cultura Jaramillo
Detrás de la apuesta por tecnología y sostenibilidad hay una familia empresaria que decidió profesionalizarse. En el Grupo Papelesa el liderazgo está en manos de las tres hijas de José Jaramillo Miranda y Norma Cedeño, conocidas como “las tres Marías”: María Luisa, gerente corporativa del grupo; María Gracia, gerente general de Papelesa, y María José, al frente de Empaflex, la división de empaques flexibles de Grupasa.
Su madre hoy integra el directorio y solo cuatro familiares trabajan en la organización, que se apoya en un directorio con ejecutivos externos de alto nivel.
La regla es clara: cero privilegios. En sus primeros días en la empresa, con mayoría de edad, María José llegó 20 minutos tarde y no se le permitió el ingreso. Luego fue asistente de nómina y de planificación, analista, coordinadora de producción, directora de operaciones y directora de supply chain.
Esa cultura de mérito está anclada en el mensaje de sus padres: la empresa solo perdura si la familia se mantiene unida y si la preparación humana, académica y profesional es lo primero. Hoy las hermanas se ven como “guardianas de la cultura Jaramillo”: las estrategias pueden cambiar, pero las raíces —ética, honestidad, integridad, responsabilidad y sentido de pertenencia— no se negocian. (I)
Nota originalmente publicada en la edición # 27, diciembre 2025/enero 2026