Julissa Villanueva Periodista
Dentro de la canasta agroexportadora de Ecuador, el plátano comienza a trazar una ruta propia y se desmarca finalmente de la narrativa del banano. El 2025 reveló una transformación en las reglas del juego que deberá ratificarse en 2026, en un escenario donde el envío de fruta en fresco atraviesa un periodo de ajuste operativo, mientras la agroindustria de procesados se encamina como el nuevo motor de rentabilidad del sector.
Este auge de los snacks y chips de plátano no tiene precedentes y responde a la demanda mundial de alimentos nutritivos conocidos como los ‘superfood’. Según el Observatorio de la Asociación de Exportadores de Plátano (Asoexpla), entre enero y noviembre de 2025, el volumen despachado creció un 16,25 % y alcanzó las 45.290 toneladas. Esta categoría inyectó al país US$ 135,36 millones, un salto del 25,32 % en ingresos frente a los US$ 108 millones del mismo periodo de 2024. Este resultado confirma que el mercado global está dispuesto a pagar un premium por el valor agregado ecuatoriano.
En el segmento de plátano fresco, el mercado dictó su propia dinámica. El volumen se situó en 9,87 millones de cajas, un ajuste del 11,10 % frente a los 11 millones del año anterior. Sin embargo, la eficiencia en la comercialización permitió que el valor FOB (puesto en el embarque) creciera un 4,12 %, hasta alcanzar los US$ 173,61 millones. “Caer en volumen no fue falta de mercado, fue falta de fruta; el moco bacteriano y el clima golpearon la oferta. Sin embargo, lo que perdimos en cajas lo defendimos con inteligencia en el precio”, explica Eduardo Manrique, director ejecutivo de Asoexpla.
Este desempeño financiero responde a un reposicionamiento estratégico de la oferta ecuatoriana en las perchas globales. Ecuador logró destacar en un mercado de alta competitividad gracias a que el mundo ya no percibe al plátano simplemente como una fruta, sino como un superalimento funcional.
“Hoy el consumidor busca opcionesgluten-freey libres de GMO (Organismos Modificados Genéticamente), y el plátano encaja perfectamente en esa tendencia”, añade Manrique. Para el directivo, este escenario representa una resistencia estratégica, porque se trata de una industria integrada mayoritariamente por pequeños productores y comprende que su sostenibilidad y capacidad de escala dependen, hoy más que nunca, de la tecnificación.
Los mayores exportadores
El ecosistema de los procesados opera en un mercado dinámico donde los líderes están identificados A la cabeza del ranking se consolida Semvra-Veconsa, que con 11.630 de toneladas despachadas captura una participación dominante del 25,30 %.
Le sigue Lifprodec, que tiene el 17,08 % del mercado tras un año de expansión acelerada, y en tercer lugar está Mercagro, con 9,06 %. Estas tres compañías lideran en volumen y marcan la pauta en la estandarización de calidad que exige el mercado internacional. Los detalles sobre el desempeño del resto de los jugadores clave y sus cuotas de participación pueden consultarse en el gráfico adjunto.
Con Estados Unidos captando el 67 % de los pedidos, el desafío para el exportador ecuatoriano pasó de buscar clientes a expandir su capacidad de respuesta para satisfacer una demanda global que todavía supera la oferta actual.
Sin embargo, este crecimiento del procesado genera una presión adicional sobre el mercado local. Al ser el plátano un pilar de la soberanía alimentaria en Ecuador -con un consumo interno de 40 kilos por persona al año-, la industria de exportación compite directamente por la fruta con el mercado doméstico. El resultado es un incremento del 24 % en el precio del producto, con incidencia directa en la canasta básica. @@FIGURE@@
Desafíos de productividad y procesamiento
El contraste con competidores regionales como Guatemala se inclina a su modelo de negocio. Mientras el país centroamericano opera con grandes extensiones de tierra bajo una administración corporativa, el plátano ecuatoriano descansa sobre los hombros de una estructura atomizada de pequeños productores, explica Manrique.
Esta fragmentación es una oportunidad para la agroindustria, que sabe aglutinar esta producción diversa para transformarla en productos de alto valor. El reto para 2026 será inyectar tecnología en esas parcelas de una a tres hectáreas para que el productor de subsistencia se convierta en un socio estratégico de la cadena industrial, según Asoexpla.
Esta tecnificación es ya una medida de defensa, dice este experto. Al elevar los estándares de manejo en el origen, se garantiza que un mayor porcentaje de la fruta cumpla con las exigencias de los mercados premium. En un entorno donde la calidad es el único argumento para sostener precios competitivos, la inversión en el campo se traduce directamente en una mayor cuota de mercado internacional, asegura.
Finalmente, la versatilidad del plátano permite al país explorar los beneficios de la economía circular. Lo que tradicionalmente se consideraba ‘rechazo’ en el proceso de fresco, hoy encuentra una segunda vida en la agroindustria. Desde la elaboración de harinas hasta el uso de subproductos para nutrición animal, el aprovechamiento integral maximiza la rentabilidad por hectárea.
Para Manrique, el 2025 fue el año en que el sector aprendió a sostener sus mercados a pesar de la escasez; el 2026 será la prueba de fuego para ver si el ‘oro verde’ ecuatoriano puede finalmente escalar al ritmo de la gran industria global. (I)