Begurt no se siente como una heladería más. Hay algo en su estética y en sus texturas que hacen que el lugar se vea cálido y pensado al detalle. Detrás de esa imagen también hay una historia de riesgo, pruebas caseras y una familia que decidió apostar por un producto que en Ecuador no tenía un formato.
Todo comenzó en agosto de 2024, durante un viaje a Madrid. Los hermanos Alejandro y Carolina Pérez, junto con Washington Lara probaron un concepto de yogurt griego que les llamó la atención no solo por el sabor, sino por la forma en que la gente lo consumía a toda hora. Les gustó tanto la idea que regresaron a Ecuador con una pregunta ¿por qué no hacer algo así aquí?
Ninguno tenía experiencia en el mundo gastronómico. Carolina es odontóloga y tiene 34 años, Washington es ingeniero en finanzas de 45 años de edad y Alejandro es productor audiovisual, de 26. Pero los tres comparten el gusto por viajar, descubrir conceptos nuevos y fijarse en negocios que funcionan bien afuera. Así empezó Begurt.
Primero pensaron en traer una franquicia, pero pronto la descartaron. Era costosa y dependía demasiado de insumos importados. Entonces decidieron crear su propia marca. Empezaron invirtiendo ahorros y salarios para ir construyendo este sueño de a poco, haciendo pruebas en casa de Carolina y Washington, compraron una máquina y montaron un pequeño centro de producción para testear fórmulas, toppings y combinaciones. Esa primera etapa les significó una inversión de US$ 20.000.
Querían trabajar con yogurt griego de verdad, no con una fórmula más simple. También decidieron no usar aire inyectado en sus máquinas, algo que sí es común en el helado soft porque hace que el producto se vea más grande. A eso se sumó otra decisión clave, trabajar con toppings y salsas de alta calidad. Sus salsas son italianas y varios aderezos son ecuatorianos. Todo se probó en casa, con amigos y familia, hasta encontrar una fórmula que realmente convenciera.

El nombre también salió de esa intención. Querían algo que conectara yogurt y bienestar. Así nació Begurt, una marca pensada para entrar en un mundo wellness, pero sin perder el lado rico del postre.
Su primer local abrió en junio de 2025 en Plaza Cumbayá, en un espacio pequeño de 3 por 3 metros que antes era un parqueadero. Entre pruebas, marca, diseño, permisos y adecuaciones, la inversión inicial fue de alrededor de US$ 75.000.
La respuesta del público fue inmediata. Su proyección del primer mes era vender US$ 15.000, pero terminaron con US$ 39.000. Desde los primeros días comenzaron a formarse filas largas, de hasta 30 y 40 minutos. Era una buena señal, aunque también una presión para un espacio tan reducido.

El crecimiento llegó rápido. En septiembre de 2025 abrieron en Paseo San Francisco. Un mes después, el 15 de octubre, inauguraron su tercer local en la República de El Salvador. Y el 30 de diciembre de ese mismo año abrieron en Quicentro. Hoy ya suman cuatro puntos y proyectan seguir creciendo, con una próxima apertura en el Valle de los Chillos.
Actualmente, la marca factura alrededor de US$ 100.000 mensuales entre sus cuatro locales. Sus fundadores aseguran que el crecimiento es rápido, pero que su prioridad sigue siendo mantener la calidad.
Desde el inicio mantuvieron dos sabores base, natural y matcha. Esa elección también se une con un consumidor que hoy busca opciones que se sientan más ligeras, con más proteína y alineadas con una rutina de bienestar, en un contexto donde el yogurt y en especial el yogurt griego, gana espacio por ese perfil más funcional, mientras sabores como el matcha también se han vuelto cada vez más visibles dentro de las tendencias de consumo. Begurt ofrece un vaso pequeño desde US$ 2,95, uno mediano por US$ 4,65 y uno grande por US$ 6,45. Más allá de los precios, su apuesta es conectar con un consumidor que quiere darse un gusto.
La historia de Begurt también habla de trabajar en familia. Carolina, Washington y Alejandro aprendieron a dividir funciones, respetar áreas y ajustar el negocio sobre la marcha. Incluso buscaron acompañamiento para manejar mejor los roces que surgieron en el proceso, sin dejar de lado sus empleos. No idealizan el emprendimiento, hablan de presión, de créditos, de jornadas largas y del miedo que también acompaña el crecimiento.
Aun así, lo siguen viendo como una apuesta que valió la pena. Hoy tienen 20 colaboradores fijos y 10 externos, y una marca que pasó de ser una idea de viaje a convertirse en uno de los antojos más comentados de Quito. Begurt nació de la curiosidad, creció con prueba y error y encontró su mercado. En una ciudad donde comer postre muchas veces se siente como exceso, ellos apostaron por una experiencia que mezcla sabor, estética y una idea más ligera del antojo. Y por ahora esa fórmula les está funcionando muy bien. (I)