En 1992, la familia Vergara compró una casa en el barrio de la Loma Grande, en el Centro Histórico de Quito. Tenía un plan: montar un restaurante, un hotel o un museo. La casa tenía historia suficiente para cualquiera de los tres. Lo que no tenía era buena fortuna en ese momento.
Llegó la crisis de 1999, el congelamiento de los depósitos bancarios, la dolarización, y el proyecto se paralizó. La casa quedó con 16 familias adentro, que la fueron dividiendo por necesidad, picando paredes estructurales, adaptando espacios. 50 personas llegaron a vivir en un edificio que no fue construido para eso.
Que esas familias salieran de ahí tomó casi cinco años. No por fuerza, pues la Ley lo habría permitido en 30 días, pero eran familias humildes que no tenían a dónde ir y que merecían tiempo para reubicarse. La última en salir fue una señora que llevaba cuatro años en el inmueble. Solo el párroco de la iglesia de Santo Domingo logró convencerla de irse. "Señora, ya es obra de Dios que usted salga de esta casa".
Esa historia folclórica, dice Sebastián Vergara, es el origen de todo. Él es el CEO de Art Hotels Ecuador. Cuenta lo sucedido sentado en el restaurante del Mama Cuchara, en la misma casa que su padre compró hace más de tres décadas, en la calle Rocafuerte. Afuera, la tarde cae sobre los tejados coloniales. Adentro, el patio central del hotel filtra la luz por un tragaluz y las paredes exhiben obras de artistas nacionales.
La casa patrimonial
Cuando Sebastián regresó de Boston en 2016, el Mama Cuchara estaba en construcción. Su hermana Andrea, arquitecta, fue la que más empujó el proyecto durante los años que él pasó en Estados Unidos y Suiza, donde hizo un máster en Hospitalidad en Le Roches. Su tesis, dice, fue este hotel. Lo diseñó, lo proyectó, lo presentó como caso de estudio. Cuando llegó a Quito, la obra ya estaba andando.
La decisión estratégica que tomó antes de arrancar fue simple en su lógica y ambiciosa en su apuesta. Sebastián calculó que invertir un 30 % más en acabados permitía pasar de una tarifa de US$ 100 la noche a US$ 600. "La obra estructural sigue siendo la misma. Pero los detalles en los acabados permiten un incremento de tarifa". Era la diferencia entre un bed and breakfast y un hotel boutique de lujo.
Los hermanos remodelaron una casa patrimonial de más de cien años respetando los arcos de ladrillo, los patios coloniales y los balcones que dan a la ciudad. La inversión por metro cuadrado oscila entre US$ 1.750 y US$ 2.000.
El barrio era zona roja. Las agencias de viajes internacionales que Sebastián visitaba le decían que solo podían venderlo para el día, que en la noche no podían garantizar nada. Él los invitaba a comer, los llevaba a recorrer el barrio a medianoche. "¿Por qué no pasa nada? Porque aquí la señora de la farmacia vive 45 años. El mascarero es el monaguillo del párroco de Santo Domingo". Eso no se puede inventar. Hizo comunidad.
El 24 de noviembre de 2017, Sebastián inauguró el Hotel Mama Cuchara. En 2018, el primer año completo de operación, facturó entre US$ 400.000 y US$ 450.000, casi todo gracias a eventos locales. El turismo internacional representó solo el 2 %. En 2019 la historia cambió. US$ 800.000 en ventas, de los cuales US$ 600.000 vinieron del turismo internacional. El hotel ya era rentable. Había cumplido el pronóstico que los entendidos le daban en cinco a siete años, en solo uno.
En febrero de 2019 inauguraron el Hotel Otavalo y en julio, el Cruz del Vado en Cuenca. Tres hoteles en funcionamiento simultáneo. Luego llegó octubre de 2019, con el paro nacional, y marzo de 2020, con la pandemia.
La carta que resonó al mundo
La declaratoria de conflicto armado interno en enero de 2024 disparó alertas de viaje en los principales mercados emisores de turistas. Las cancelaciones llegaron antes de que terminara el mes. El grupo proyectaba crecer un 40 % para ese año. Terminó con un decrecimiento del 30 %.
La estrategia de comunicación fue no comunicar al inicio. O, más precisamente, primero silencio, luego honestidad. Sebastián mandó una carta a sus clientes internacionales explicando qué estaba pasando en Ecuador y por qué. A su juicio, era necesario que esto sucediera. Explicó el modelo de reclutamiento de las bandas: los caramelos que resultan ser droga, los adolescentes enganchados, los que terminan robando a su propia familia. "Prefiero tener un mal negocio en este momento, que perder dos generaciones más de niños y niñas, porque una ya está perdida". Esa frase resonó. Los líderes de la industria internacional la compartieron. Las operadoras que dudaban entre seguir vendiendo Ecuador o no, eligieron seguir y apoyar la visión del CEO.
En 2025 llegó la recuperación. El grupo recibió 6.200 visitantes. En lo que va de 2026, a julio, ya llevan 6.000.
Los vecinos, el negocio
Cuando uno habla con Sebastián Vergara, lo que emerge no es el discurso de un hotelero sobre sus cifras. Es el de alguien que pasó años parado en el boulevard de la plaza de Santo Domingo saludando a los vecinos por su nombre, que se integró a la presidencia del barrio para agilizar gestiones, que convenció a los agentes de viaje de que la señora de la botica y el mascarero de la esquina eran parte de la experiencia que se debía vender.
El programa de microemprendedores del sector, ‘ME Ecuador’, es parte del modelo de negocio. No como responsabilidad social, sino como el contenido mismo de lo que se ofrece al huésped. En Quito, Alberto el mascarero, conocido como el artista que hace llorar a los turistas cuando les cuenta la historia del barrio a través de sus piezas, recibe a los visitantes en su taller. Vicente, el guardián de la biblioteca de San Francisco, lleva al turista a ver una de las cuatro biblias que se usaron para evangelizar las Américas, escrita en siete idiomas, de los cuales cinco ya no existen.
En Otavalo, una mujer autóctona trilingüe (español, quichua e inglés) lleva a los huéspedes a su chacra y les enseña a cocinar en olla de barro. En Cuenca, la familia Endara da clases de cerámica. En Guayaquil, una vecina construye un museo del sombrero de paja toquilla en memoria de su esposo.
El jurado de los premios LATA dice que esto es parte de lo que hace especial al grupo. "El 60 % de los productos son de proveedores ubicados a menos de 100 kilómetros de cada propiedad".
Los números que lo respaldan
La Latin American Travel Association, LATA, con sede en Londres, entregó a Art Hotels Ecuador el premio a Mejor Hotel Boutique en 2025 y en 2026. En 2025 recibió además el galardón a Mejor Lanzamiento de Producto por la apertura del Hotel Río Guayas en Guayaquil.
Ese crecimiento del 148 % en el número de huéspedes de Art Hotels Ecuador en 2025 coincide con los ingresos que registran en la Superintendencia de Compañías, US$ 1.870.438 en 2025, frente a US$ 1.402.917 en 2024. Un incremento del 33 % en facturación anual. El Hotel Otavalo ostenta, además, una Llave Michelin 2025, que es el equivalente hotelero de las estrellas Michelin para restaurantes otorgado a 2.475 hoteles en todo el mundo en esa edición, según la Guía Michelin, publicada en octubre 2025.
Galápagos, la nueva apuesta
El grupo tiene un contrato de inversión firmado con el Estado ecuatoriano por un mínimo de US$ 13 millones, bajo la ley de sectores estratégicos, que incluye al turismo. Ya tiene un terreno de 50 hectáreas en Santa Cruz, Galápagos, donde proyectan abrir un nuevo hotel.
¿Por qué seguir apostando al Ecuador?. "Porque es donde vivimos. Si no apostamos, ¿qué va a pasar con nuestra gente, nuestras familias, nuestros vecinos?. No me voy a hacer millonario de esto. Pero espero que la siguiente generación sí".
La casa que su padre compró en sucres en 1992 hoy recibe huéspedes de todo el mundo que pagan entre US$ 200 y US$ 500 por noche para dormir en el centro histórico más bonito de América Latina. Eso, en el vocabulario de Vergara, se llama "hospitalidad ecuatoriana". (I)
*Este texto se publicó originalmente en el Especial Apostando por el Ecuador en la edición # 31 de Forbes Ecuador, agosto / septiembre 2026