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Llevó a Eli Lilly al billón de dólares gracias a los medicamentos para adelgazar: ahora busca repetir el éxito en tres mercados millonarios

Dave Ricks, director ejecutivo de Eli Lilly.
(Kevin Serna/Redux).
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Bajo el liderazgo de Dave Ricks, la farmacéutica se consolidó como la más valiosa del mundo. Sin embargo, dado que más del 60% de sus ingresos provienen de Zepbound y Mounjaro, y que sus patentes podrían vencer en la década de 2030, la compañía enfrenta el desafío de diversificar su negocio para sostener el crecimiento a largo plazo.

Dave Ricks, CEO de la compañía farmacéutica más grande y exitosa del mundo, dedica gran parte de su tiempo a analizar los riesgos que enfrenta el negocio.

Los medicamentos de Eli Lilly para tratar la obesidad y la diabetes alcanzaron un éxito sin precedentes. Los ingresos anuales de la compañía, calculados al 30 de junio, crecieron un 50% y alcanzaron los US$ 79.700 millones. De ese total, el 62% correspondió a las ventas de Zepbound, destinado a la pérdida de peso, y de Mounjaro, utilizado para tratar la diabetes. En noviembre de 2025, su capitalización bursátil superó el billón de dólares y se convirtió en la primera farmacéutica en alcanzar esa cifra. Actualmente, su valor de mercado ronda los US$ 1,1 billones.

Eli Lilly también desarrolla nuevos tratamientos para bajar de peso. En abril, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó Foundayo, un medicamento en forma de pastilla. Además, la compañía tiene previsto presentar ante el organismo, durante el primer trimestre de 2027, un fármaco experimental de última generación llamado retatrutida. El interés por este tratamiento, conocido en internet como "reta", es tan grande que algunas personas ya compran en el mercado negro sustancias que supuestamente contienen el medicamento.

Sin embargo, el tiempo juega en contra de la compañía. Las patentes farmacéuticas tienen una duración limitada y, una vez que vencen, otros laboratorios pueden comercializar versiones genéricas de los medicamentos. Por eso, es probable que en algún momento de la década de 2030 el mercado de tratamientos para adelgazar experimente una fuerte caída ante la llegada masiva de alternativas genéricas.

En el laboratorio de Eli Lilly en Nueva York: La compañía invirtió 7.300 millones de dólares en I+D durante el primer semestre de 2026, lo que la encamina a superar el récord de 13.300 millones de dólares que invirtió el año pasado.
Zepbound y Mounjaro concentran el 62% de los ingresos de Eli Lilly, lo que convierte la diversificación en un desafío clave para la compañía. (Foto: Kai Nedden/Redux)

En este contexto, el gran desafío de Eli Lilly es desarrollar o adquirir nuevos medicamentos que le permitan mantener su extraordinario crecimiento. Ricks, de 59 años, posee una participación en la compañía valuada en casi US$ 700 millones y comenzó a pensar en cómo afrontar este escenario incluso antes de asumir como CEO en 2017. "Ese es el desafío clave", reconoció Ricks durante una entrevista con Forbes en las oficinas ejecutivas de la sede de Eli Lilly en Indianápolis, donde las paredes están decoradas con retratos de los diez directores ejecutivos que lo precedieron. "Si descubrimos que no lo estamos logrando, deberíamos devolver la plata a los accionistas y reducir nuestro tamaño, pero ahora mismo no estoy pensando en eso", afirmó.

Lejos de reducir sus inversiones, Eli Lilly aceleró sus gastos para ampliar su cartera de medicamentos. En lo que va del año, la farmacéutica concretó 31 operaciones, entre ellas 14 adquisiciones y 17 acuerdos de licencia, por un total de US$ 18.000 millones.  La cifra supera en más de cuatro veces los US$ 4.000 millones que destinó a 39 acuerdos durante todo el año pasado. Estos montos no incluyen los pagos adicionales sujetos al cumplimiento de objetivos, habituales en la industria farmacéutica. Las inversiones abarcan áreas tradicionales, como la oncología y la neurología, pero también campos más experimentales, como los tratamientos psicodélicos y los relacionados con el sueño.

"El día del lanzamiento no es demasiado pronto para empezar a trabajar en el próximo gran proyecto".

Dave Ricks, CEO de Eli Lilly.

Al mismo tiempo, la compañía aumentó su inversión en investigación y desarrollo (I+D), una de las principales prioridades de Ricks. El presupuesto pasó de US$ 11.000 millones en 2024 a US$ 13.300 millones en 2025. Durante el primer semestre de este año, destinó US$ 7.300 millones a esa área, un 21% más que en el mismo período del año anterior. 

La inversión en investigación y desarrollo de Lilly alcanzó los US$ 7.300 millones en el primer semestre de 2026, un 21% más interanual. (Foto: LinkedIn de Dave Ricks)

"Gastaremos aproximadamente tres veces más en I+D de lo que gastamos en 2021, lo que supone un gran crecimiento y significa que Lilly debería lanzar tres veces más productos y medicamentos en el futuro", explicó Ricks. La empresa no trabaja con una cifra total de inversión preestablecida, sino que calcula los recursos necesarios en función de los proyectos que busca desarrollar.

Durante la entrevista, el ejecutivo mostró un trato amable combinado con una personalidad intensa. A lo largo de sus casi diez años al frente de Eli Lilly, demostró su capacidad para desenvolverse en la compleja industria farmacéutica. Incluso logró alcanzar acuerdos con Donald Trump para reducir los precios de los medicamentos y ampliar la producción en Estados Unidos. El mandatario llegó a describirlo como "un ejecutivo extraordinario, una persona excepcional".

Ahora, Ricks busca aplicar algunas de las estrategias que impulsaron el éxito de los medicamentos GLP-1. Los tratamientos para bajar de peso muestran cada vez más beneficios para la salud, entre ellos mejoras en el sistema cardiovascular. Parte de las nuevas investigaciones de Lilly también se enfoca en la prevención de enfermedades. 

La compañía invierte en tratamientos para los trastornos del sueño, un problema que, según los científicos, tiene un impacto profundo en la salud general. Al mismo tiempo, sus laboratorios investigan nuevas formas de tratar el Alzheimer en etapas más tempranas y también desarrollan una terapia que podría desactivar de forma permanente un gen hepático para reducir el colesterol "malo".

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Más allá de la obesidad y la diabetes, Lilly investiga nuevos tratamientos para el Alzheimer, los trastornos del sueño y el colesterol. (Foto: LinkedIn de Dave Ricks)

"Gracias a nuestro horizonte temporal y a los recursos que tenemos disponibles, contamos con una ventaja estratégica frente a los demás", sostuvo Ricks. "Otras compañías farmacéuticas también están cerrando muchos acuerdos e invirtiendo grandes sumas en I+D, pero se concentran en un horizonte de 0 a 5 años. Tienen la urgencia de resolver un problema de resultados inminente. Nosotros no sentimos esa presión", explicó.

"Ahora tienen más poderío que cualquiera en la industria farmacéutica".

Bryan Roberts, socio de Venrock.

Esta posición le permite a Eli Lilly invertir en medicamentos que aún se encuentran en las primeras etapas del desarrollo clínico. Aunque estas apuestas implican mayores riesgos, también ofrecen la posibilidad de obtener mayores avances y una mayor rentabilidad.

La compañía, además, destina importantes recursos al uso de la inteligencia artificial para desarrollar nuevos tratamientos. Entre sus iniciativas, destaca una alianza de US$ 1.000 millones con Nvidia para crear un laboratorio de innovación en IA. A principios de este año, Ricks reconoció que no esperaba obtener resultados de esa inversión hasta la década de 2030.

Un ejemplo de esta estrategia es la adquisición de Kelonia Therapeutics, realizada por Lilly este año. En diciembre pasado, durante un encuentro científico sobre enfermedades de la sangre celebrado en Orlando, la biotecnológica respaldada por inversores de capital de riesgo presentó los primeros resultados clínicos de una terapia celular que requiere una única infusión para tratar el mieloma múltiple, un tipo de cáncer. Aunque el estudio incluyó a apenas cuatro pacientes, todos respondieron de manera sorprendente al tratamiento y posteriormente no presentaron signos de la enfermedad. 

Kelonia obtuvo resultados alentadores contra el mieloma múltiple en un ensayo clínico preliminar que incluyó apenas cuatro pacientes. (Foto: Kelonia Therapeutics)

"Vimos esos resultados y pensamos: '¡Guau, es increíble!'. Los llamamos de inmediato", recuerda Jake Van Naarden, director de desarrollo corporativo de Lilly y principal responsable de negociar sus adquisiciones.

En apenas cuatro meses, Eli Lilly alcanzó un acuerdo para adquirir Kelonia por US$ 3.250 millones, con la posibilidad de desembolsar hasta US$ 7.000 millones si el medicamento cumple determinados objetivos clínicos y comerciales. Hasta entonces, la startup había conseguido US$ 58 millones en financiación y, según la base de datos de capital de riesgo PitchBook, su valoración había alcanzado los US$ 104 millones en su última ronda de inversión, realizada en 2022.

"Ahora tienen más poderío que cualquiera en la industria farmacéutica", afirma Bryan Roberts, socio de Venrock, la firma de capital de riesgo que participó en la creación y financiación de Kelonia. Sin embargo, advierte sobre el desafío que enfrenta la compañía a largo plazo: "El riesgo está en quién querrá ser el responsable del mayor vencimiento de patentes y de la mayor caída de ingresos de la historia".

De sus orígenes en 1876 a liderar la revolución mundial de los medicamentos para bajar de peso

En Pearl Street, en el centro de Indianápolis, una placa de bronce señala el lugar donde, en 1876, el coronel Eli Lilly, farmacéutico y veterano de la Guerra Civil estadounidense, fundó la empresa que todavía lleva su nombre. La compañía mantiene un fuerte vínculo con su historia hasta el punto de que su logo actual es una versión estilizada de la firma de su fundador. A poco más de un kilómetro y medio al sur se encuentra su moderna sede central, un complejo de tal magnitud que cuenta con su propio código postal.

La sede central de Eli Lilly: Su presencia en Indianápolis es tan dominante que tiene su propio código postal.
Fundada en 1876, Eli Lilly conserva parte de su historia en su logotipo, inspirado en la firma original del creador de la compañía. (Foto: Eli Lilly)

En la planta baja del edificio, un museo corporativo recuerda a los cuatro integrantes de la familia Lilly que dirigieron la empresa y fueron protagonistas de algunos de sus principales avances a lo largo de sus 150 años de historia. Durante la Segunda Guerra Mundial, la farmacéutica produjo penicilina a gran escala.  En enero de 1988, se lanzó Prozac, un antidepresivo que demostró que modificar la química del cerebro podía resultar más eficaz para tratar la depresión mayor que recurrir únicamente a la terapia psicológica. 

Décadas después, aunque su principal competidor, Novo Nordisk, se adelantó en 2017 con el lanzamiento de Ozempic para la diabetes, un medicamento GLP-1 que alcanzó reconocimiento mundial, fue Lilly quien transformó el mercado de los tratamientos para bajar de peso. Según una encuesta de KFF publicada en noviembre del año pasado, uno de cada ocho adultos utiliza actualmente un medicamento GLP-1, un segmento en el que Eli Lilly concentra la mayor cuota de mercado.

"Creo que podemos cambiar radicalmente lo que significa envejecer".

Dan Skovronsky, director científico y de producto de Eli Lilly.

A principios de este año, Mounjaro y Zepbound, los dos principales medicamentos GLP-1 de Eli Lilly, superaron en ventas a Keytruda, uno de los tratamientos contra el cáncer más exitosos del mercado, y se convirtieron en la franquicia farmacéutica más vendida del mundo. "Observamos esta categoría de medicamentos y pensamos: 'Bueno, a lo largo de la historia de la humanidad no hubo muchas clases de fármacos que hayan tenido un impacto tan profundo'", señala Ricks. "En cierto modo, es la primera intervención de salud preventiva a gran escala que realmente funciona", agregó.

Mounjaro y Zepbound conforman la franquicia farmacéutica más vendida del mundo, tras superar al tratamiento oncológico Keytruda. (Foto: LinkedIn de David Ricks)

Dave Ricks acumula 30 años de trayectoria en Eli Lilly. Nació en Bloomington, Indiana, y creció en el Área de la Bahía de San Francisco. Ingresó a la farmacéutica en 1996, cuando tenía poco más de veinte años, como asociado de desarrollo de negocios, después de una breve experiencia laboral en IBM, en Nueva York. Desde entonces, fue ascendiendo hasta llegar a la dirección ejecutiva. A diferencia de otros referentes de la industria, no tiene formación científica. Él es licenciado en administración industrial por la Universidad de Purdue y cuenta con un MBA de la Universidad de Indiana.

Como séptimo CEO de Eli Lilly ajeno a la familia fundadora, Ricks impulsó una transformación para acelerar los procesos de la compañía, aumentar la inversión en investigación clínica y fortalecer el vínculo directo con los consumidores. En 2024, lanzó LillyDirect, una plataforma de farmacia online que permite a los pacientes comprar medicamentos para bajar de peso y tratar la diabetes directamente a la empresa y recibirlos en sus domicilios. Al mismo tiempo, dedicó gran parte de su gestión a preparar a la farmacéutica para los desafíos que enfrentaría en los próximos años.

"Cuando uno se acerca al final de ese ciclo de patentes, ya es demasiado tarde y se toman medidas desesperadas que son absurdas y no funcionan".

Dave Ricks, CEO de Eli Lilly.

Antes de asumir como CEO, hace nueve años, Ricks dirigía la división de antidepresivos, que por entonces representaba un negocio multimillonario para Eli Lilly. La compañía había desarrollado nuevos tratamientos tras el éxito de Prozac, pero con el tiempo comenzó a perder la protección de sus patentes. En 2011 venció la correspondiente a Zyprexa, un medicamento antipsicótico, y en 2013 ocurrió lo mismo con Cymbalta, utilizado para tratar la depresión.

Archivo:La importante farmacéutica estadounidense Eli Lilly abre su centro de tecnología e innovación en Hyderabad (89506).jpg
Las patentes de Zyprexa y Cymbalta vencieron en 2011 y 2013, respectivamente, después de años de éxito comercial para Lilly. (Foto: Kavali Chandrakanth KCK vía Wikimedia Commons)

"Crecí en la empresa en una época en la que atravesamos dos vencimientos de patentes muy importantes para los que no nos habíamos preparado adecuadamente", recordó Ricks. Fue una etapa especialmente difícil, conocida internamente como los "Años YZ", en referencia a la pérdida de exclusividad de dichos medicamentos. 

El antecedente había sido el "Año X", cuando la patente de Prozac expiró en 2001. Según el ejecutivo, en apenas tres años la unidad de negocio perdió el 60% de la rentabilidad de la compañía. Su responsabilidad, entonces, consistía en reducir personal y cancelar proyectos de investigación. "No es nada agradable. Si estamos acá para desarrollar medicamentos, eso no es desarrollar medicamentos. Es exactamente lo contrario: reducir personal para poder sobrevivir", concluyó.

Cuando Ricks asumió el cargo de CEO de Eli Lilly en 2017, aún tenía muy presente aquella experiencia. La compañía ya había solicitado las patentes de la tirzepatida, su molécula GLP-1, pero aún no contaba con la aprobación de los medicamentos derivados de ella: Mounjaro, para tratar la diabetes, y Zepbound, destinado a la pérdida de peso. 

Aun así, la farmacéutica comenzó a preparar su estrategia de diversificación antes del lanzamiento de Zepbound en 2023. "El día del lanzamiento no es demasiado pronto para empezar a trabajar en el próximo gran proyecto, aunque sus resultados lleguen 12 años después", sostuvo Ricks. "Porque cuando te acercás al final de ese ciclo, ya es demasiado tarde y terminás tomando medidas desesperadas que no tienen sentido y no funcionan", advirtió.

Eli Lilly apuesta por los trastornos del sueño

En junio, Eli Lilly ingresó al mercado de los medicamentos para tratar los trastornos del sueño mediante la adquisición de Centessa Pharmaceuticals por US$ 6.300 millones, más otros US$ 1.500 millones sujetos al cumplimiento de determinados objetivos. Fundada en 2020, Centessa desarrolla una píldora para tratar la narcolepsia, un trastorno del sueño poco frecuente y grave. El medicamento pertenece a una nueva generación de tratamientos que actúan sobre la orexina, un neurotransmisor que interviene en la regulación del sueño, el estado de vigilia y el tono muscular.

La apuesta de Lilly por este sector guarda similitudes con su estrategia inicial en el mercado de la obesidad. Las personas pasan aproximadamente un tercio de su vida durmiendo, pero hasta hace poco los trastornos del sueño habían recibido relativamente poca atención en el desarrollo de nuevos tratamientos. 

Hombre afroamericano sentado en una cama luchando contra el insomnio por la noche.
Los trastornos del sueño forman parte de las nuevas áreas de investigación con las que Lilly busca diversificar su negocio farmacéutico. (Foto: Pexels)

Sin embargo, cada vez más investigaciones muestran que las alteraciones del sueño, al igual que la obesidad, pueden generar otros problemas de salud. Por eso, Ricks y su equipo consideran que el medicamento de Centessa podría ser el primer paso para desarrollar nuevas terapias destinadas a personas con dificultades para dormir menos graves que la narcolepsia.

"¿Cuántas personas conocemos que tengan problemas para dormir? Prácticamente todas. Es un problema grave que, además, puede provocar enfermedades. Genera problemas de salud mental y agrava afecciones como la demencia, además de afectar la memoria y la capacidad de pensamiento. El TDAH y otros problemas de conducta también suelen estar relacionados con alteraciones en los patrones de sueño", explicó Ricks. Para el ejecutivo, el potencial de este segmento es una oportunidad: "Es un dato interesante. Y el hecho de que el mercado del sueño sea pequeño no nos asusta. De hecho, nos atrae", aseguró.

Para Ricks, los problemas de sueño representan una oportunidad para desarrollar medicamentos dirigidos a un mercado todavía poco explorado. (Foto: LinkedIn de Dave Ricks)

Los medicamentos psicodélicos son otro de los mercados en los que Eli Lilly busca expandirse. En julio, la farmacéutica anunció su intención de adquirir AtaiBeckley, una compañía con sede en Nueva York especializada en este tipo de tratamientos, por US$ 2.800 millones, más otros US$ 1.000 millones sujetos al cumplimiento de determinados objetivos. 

La empresa desarrolla un aerosol nasal para tratar la depresión resistente a los tratamientos convencionales, que actualmente se encuentra en la fase 3 de ensayos clínicos. La decisión de Lilly llega después de que, en 2019, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó Spravato, un aerosol nasal derivado de la ketamina, desarrollado por Johnson & Johnson, para tratar la depresión.

"Creo que todos se acercan al mundo de los psicodélicos con ciertos prejuicios debido a su reputación", reconoció Jake Van Naarden, principal responsable de las negociaciones de Eli Lilly. Sin embargo, a medida que los investigadores de la compañía analizaban este campo, encontraron algo más que historias de personas que viajaban a clínicas en México para acceder a versiones no reguladas de estos medicamentos. También identificaron resultados positivos en los primeros ensayos clínicos del tratamiento desarrollado por AtaiBeckley.

"Está cambiando la percepción social sobre estos medicamentos", sostuvo Van Naarden. "Hace 20 años, muchos los consideraban una especie de charlatanería clandestina, pero creo que eso ya no ocurre. Hoy representan un campo legítimo de la medicina, sin ninguna duda, y los psiquiatras están muy entusiasmados con sus posibilidades", agregó.

La nueva apuesta de Eli Lilly contra el Alzheimer

A finales de agosto, en la sede de Eli Lilly en Indianápolis, Andrew Adams, vicepresidente del área de descubrimiento de moléculas de la compañía, recorre uno de sus laboratorios de investigación. Ahí, un grupo de científicos trabaja con batas y lentes de protección en el desarrollo de nuevos medicamentos para tratar enfermedades neurodegenerativas.

Eli Lilly lleva aproximadamente 35 años investigando tratamientos contra el Alzheimer, una enfermedad que representa uno de los mayores desafíos de la medicina y un mercado de enorme potencial. Actualmente, más de 55 millones de personas en el mundo padecen Alzheimer u otro tipo de demencia, y se estima que esa cifra llegará a 78 millones en 2030. 

Hija apoyando a su padre anciano en una habitación brillante y acogedora, llena de amor y calidez.
Eli Lilly busca avanzar hacia tratamientos que permitan intervenir en etapas más tempranas del Alzheimer, con especial atención a la prevención. (Foto: Pexels)

Sin embargo, los intentos por desarrollar medicamentos eficaces contra estas enfermedades acumularon numerosos fracasos. Uno de los avances más importantes llegó en 2024, cuando se aprobó Kisunla, un tratamiento de Eli Lilly que busca retrasar el avance del Alzheimer al actuar sobre las placas amiloides, cuya acumulación está asociada con la enfermedad. Se trata de apenas el segundo medicamento importante de este tipo en llegar al mercado. Sus ventas anuales ya se acercan a los US$ 500 millones y los analistas esperan que continúen creciendo con fuerza.

En paralelo, los investigadores de Lilly trabajan en nuevas estrategias para actuar sobre la proteína tau, que forma acumulaciones anormales en las neuronas de los pacientes con Alzheimer. Según explica Adams, desarrollar medicamentos capaces de atacar esta proteína es  complejo porque se encuentra dentro de las células nerviosas, lo que dificulta el acceso de los tratamientos.

Un científico con equipo de protección examina muestras bajo un microscopio en un laboratorio.
La proteína tau representa un desafío para los investigadores: al encontrarse dentro de las neuronas, resulta difícil actuar sobre ella. (Foto: Pexels)

Durante los últimos meses, Eli Lilly y su socio Roche obtuvieron la aprobación de la FDA para un análisis de sangre capaz de detectar una forma modificada de la proteína tau, utilizada como indicador de la enfermedad. Este avance abrió nuevas expectativas para identificar el Alzheimer en etapas más tempranas. 

"Creo que podemos cambiar radicalmente lo que significa envejecer", sostuvo Dan Skovronsky, director científico y de producto de Lilly. "Podríamos llegar a un mundo en el que ya no tengamos miedo al Alzheimer", agregó. Por otro lado, Adams afirmó:"La prevención es el camino a seguir. Ahí es donde quiero reorientar esta empresa".

Eli Lilly busca su próximo gran éxito farmacéutico

En 2020, después de varios años al frente de Eli Lilly, Dave Ricks decidió revisar el funcionamiento de la división de oncología. A pesar de las fuertes inversiones en investigación y desarrollo, el área apenas lograba producir un medicamento importante cada década. Para revertir esa situación, le encargó a Jake Van Naarden, quien había llegado a la compañía tras la adquisición de una farmacéutica especializada en cáncer en 2019, que encontrara una solución. "Cancelamos prácticamente todos los programas que teníamos en desarrollo y empezamos de cero", recordó el ejecutivo.

Actualmente, Eli Lilly cuenta con nueve moléculas en ensayos clínicos de fase 3 para tratar seis tipos de cáncer, entre ellos el de mama y el de pulmón. A estos proyectos se suman decenas de tratamientos que todavía se encuentran en las primeras etapas de investigación clínica. "En los próximos 12 meses, probablemente tendremos siete nuevos medicamentos en ensayos de fase avanzada, cuyos resultados se conocerán en diferentes momentos", señala Van Naarden. Se trata de una cantidad importante de proyectos, incluso para una farmacéutica del tamaño de Lilly.

Sin embargo, desarrollar nuevos medicamentos implica asumir riesgos elevados, ya que aproximadamente nueve de cada diez tratamientos fracasan durante los ensayos clínicos. Por más alentadores que sean los primeros resultados, Lilly no puede depender únicamente de sus investigaciones sobre el Alzheimer o los trastornos del sueño para encontrar un reemplazo de su negocio farmacéutico más exitoso. 

Por eso, con decenas de medicamentos en desarrollo, numerosos proyectos en sus laboratorios y una estrategia de adquisiciones, Ricks apuesta a descubrir el próximo gran avance de la industria, comparable con la penicilina, el Prozac o los GLP-1. Su objetivo es mantener el extraordinario crecimiento de Eli Lilly y prolongar su historial de éxitos durante las próximas décadas.

*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.

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