En el Ecuador de hoy, las mascotas dejaron de ocupar un rincón en el patio, duermen en cama, tienen menú especializado y hasta les celebran sus cumpleaños.
La humanización que mueve millones
Según el último censo del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) en 2022, el 58,3% de los hogares ecuatorianos convive con perros o gatos, lo que equivale a más de 5,2 millones de canes y 2,39 millones de felinos en los hogares de nuestras comunidades.
De acuerdo a datos del Comité Ecuatoriano de Nutrición de Mascotas (CENMA) el mercado de alimentos para estos miles de compañeros modernos mueve más de US$ 170 millones anuales, mientras que, en América Latina, según datos más recientes de IMARC Group y Morder Intelligence supera los US$ 13.500 millones, impulsado por la tendencia clara de humanización de estos animales de compañía. En esta transformación encontró su oportunidad Mundo Mágico de la Mascota, la cadena fundada por José Aguirre y Lorena Loaiza que hoy factura más de US$ 5 millones anuales.
Corría 1996 y el país atravesaba otra de sus angustias económicas. Para José Aguirre, tuvo nombre propio, se quedó sin trabajo luego de más de una década de estabilidad en la banca, en donde se había formado bajo una cultura de disciplina, puntualidad y responsabilidad. @@FIGURE@@
Mientras buscaba trabajos esporádicos, su esposa tenía claro que necesitaban construir un negocio propio. José evaluaba emprender en el sector automotriz, Lorena insistía en otro camino con visión a más largo plazo. “Cuando propuso un pet shop, le dije ¡Qué, estás loca!”. Ambos amantes de las mascotas y Lady, una collie, inspiraría el primer logo del emprendimiento. “Fue un shock para mí”, admite entre risas. “Pero como dice el adagio, si usted quiere ser feliz, hágale caso a su esposa”.
El 8 de julio de 1996 abrieron el primer local en el sector de la Amazonas y El Inca, en Quito. La inversión inicial fue de unos 5 millones de sucres, alrededor de US$ 1.000 de la época, con un préstamo de un cuñado. El lugar era, literalmente, el garaje de una casa.
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Comenzaron con apenas dos o tres marcas y mucha incertidumbre. Aún conserva los cuadernos donde anotaba cada venta a mano. “Más o menos vendíamos 1,5 millones de sucres. La volatilidad era tal que llamaban todos los días al banco para preguntar el tipo de cambio. “Cuando subía mucho, cerrábamos porque perdíamos”.
Para atraer clientes, regalaban muestras de alimentos a los caminantes. Era supervivencia pura.
Tres años después, abrieron la segunda sucursal en el centro comercial El Recreo, con una inversión cercana a los US$ 50.000 “Pasamos muchas noches sin dormir. Trabajábamos de domingo a domingo”.
En 2005, con tres locales, vendían alrededor de US$ 1 millón anual y manejaban unas 18 marcas. Su filosofía de trabajo: “Despacio, que estamos de prisa”.
El portafolio se amplió: ropa, juguetes, platos, collares. En esa época aún se vendían mascotas en los locales directamente.
La expansión siguió al ritmo de crecimiento de los centros comerciales, siempre enfocados en un público consumidor medio y alto. Sus recuerdos son con nostalgia y esfuerzo de aquellos años.
La competencia cambió las reglas
@@FIGURE@@Ese año, las grandes cadenas de supermercados entraron con fuerza al negocio de alimentos para mascotas y el impacto fue inmediato: las ventas cayeron cerca de un 30%. Para mantenerse líderes activaron el servicio a domicilio y reforzaron la cercanía con el cliente. Luego llegaron otros golpes como el efecto de la aplicación de IVA en 2013 y luego de unos años llegó la pandemia.
En 2019 la compañía operaba 14 locales, facturaba US$ 3,5 millones y atendía a más de 10.000 clientes activos. Un año después, en 2020 el mundo se paralizó.
“Por suerte ya teníamos logística para domicilios y página web”, cuenta mientras sus dos hijas Andrea y Carolina de vez en cuando le refrescan la memoria de aquellos años.
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Para 2025, El Mundo de la Mascota superó los US$ 5 millones en ingresos, alcanzó 20 puntos de venta en Quito, Guayaquil, Manta, Ambato y Portoviejo, cuentan con 70 colaboradores y consolidó una base de al menos 20.000 clientes recurrentes. Su portafolio incluye 7.000 items de nutrición, cerca de 2.000 referencias en snacks y más de 3.000 en accesorios.
En total, trabajan con más de 24 marcas y unos 42 proveedores. La inversión para abrir cada nuevo local ronda los US$ 80.000 en centros comerciales y unos US$ 50.000 a la calle.
La sucesión entra en acción
Hoy, a sus 65 años, Aguirre observa el negocio desde otra posición. La segunda generación está tomando el mando. Andrea lidera el frente comercial y Carolina impulsa la transformación tecnológica.
“No les entendía. Es difícil soltar, chocábamos muchísimo”, reconoce con honestidad.
La empresa debía dejar de ser la caja diaria. Los fundadores no tenían sueldo y tampoco estaban afiliados al seguro social. Andrea comenta que fue complicado hacerles entender que con el crecimiento había que modernizarse.
“Este es mi negocio y puedo hacer lo que yo quiera”, era la respuesta que recibía todos los días.
Finalmente logró que la lógica de supervivencia quede atrás. Invirtieron en un ERP para facturación, compras e inventario. Con la llegada de Carolina la actualización es constante. El año anterior adquirieron un sistema de analítica que indica que falta en cada local, que productos se venden más que otros. El margen de error se redujo.
José sigue en la gerencia general, admite que su rol es apagar incendios. 30 años después, todavía hay momentos que lo conmueven más que cualquier resultado económico. @@FIGURE@@
Actualmente trabajan en un plan formal de sucesión con asesoría de la Cámara de Comercio Alemana. Este año abrirán dos tiendas en Quito y Loja. (I)