Una noche de jueves de la primavera de 2014, el actor Tyrese Gibson hizo una transmisión en vivo en Facebook junto con Dr. Dre para celebrar la venta de Beats Electronics, la empresa que Dre cofundó, a Apple por US$ 3.200 millones.
"La lista de Forbes acaba de cambiar", dijo Gibson, después de lo que él mismo admitió que fueron unas cuantas Heineken de más. "Salió hace unas dos semanas; ¡tienen que actualizar la lista de Forbes!", agregó.
"Y de una manera enorme. Entiende eso", se lo escucha decir a Dre detrás de él. "El primer multimillonario del hip-hop, acá mismo desde la Costa Oeste", aseguró.
El único problema era que, en ese momento, la operación todavía no se había cerrado y la filtración desató un pánico inmediato ante la posibilidad de que arruinara la negociación final. "Ese no es uno de mis momentos de mayor orgullo", admite Dre ahora, sentado en su fastuosa casa del exclusivo barrio de Brentwood, en Los Ángeles. Después de recortar US$ 200 millones del precio, Apple cerró la compra del fabricante de auriculares unas semanas más tarde, una operación que le dejó a Dre más de US$ 500 millones en efectivo y casi US$ 100 millones en acciones, según las estimaciones de Forbes. Aunque esa cifra no alcanzó para meter al legendario productor de hip-hop en la lista de multimillonarios de ese año, sí explicó la mayor parte de una fortuna que, más de una década después, Forbes ahora estima en US$ 1.000 millones.
Sentado en la mesa de la cocina de su mansión de 3.345 metros cuadrados, valuada en US$ 53 millones, Dre, de 61 años y nacido como Andre Romelle Young, no olvida nunca todo lo que avanzó desde su infancia en Compton, California. Allí creció con una madre adolescente y un padre violento, en los años más duros de la violencia de las pandillas en Los Ángeles y de la epidemia de crack. "No tenía ningún problema en ir a cortar el pasto solo para comprarme zapatos cuando era más joven", recuerda sobre su infancia. "Haría lo que tuviera que hacer solo para conseguir lo que quería", asegura. A pesar de su fortuna, jura que nada en su carrera tuvo como motor el dinero y, en cambio, atribuye su éxito a una obsesión por crear productos perfectos, ya sea música, auriculares o su proyecto más reciente: una marca de gin.
"No persigo el dinero; trato de que el dinero me persiga a mí", afirma Dre, que ocupa el puesto número 20 en nuestra lista de los estadounidenses self-made más grandes. "Siempre fui capaz de apostar por mí mismo, y haga lo que haga y vaya adonde vaya, sé que llevo mi talento conmigo", remarca.

Ese talento apareció por primera vez en los años 80, cuando, de adolescente, actuaba como DJ con ambos de satén y barbijo quirúrgico en un club de Compton llamado Eve After Dark. Aprendió solo a mezclar y producir música en su garaje con instrumentos de una casa de empeño de la zona. Después cofundó el grupo pionero de gangsta rap N.W.A, junto con Ice Cube, Eazy-E y Arabian Prince, y se convirtió, para muchos, en el mejor productor de la historia del hip-hop. La historia de N.W.A sirvió de base para el éxito de Hollywood de 2015 Straight Outta Compton y, en 2022, Dre se transformó en el primer artista de hip-hop en encabezar el show de medio tiempo del Super Bowl. Allí aprovechó ese momento para poner el foco en varios artistas cuyas carreras ayudó a impulsar, entre ellos Snoop Dogg, Eminem, 50 Cent y Kendrick Lamar.
El dinero que ganó le dio la libertad total, según cuenta Dre, sobre todo después de su divorcio en 2021 de Nicole Young, su esposa durante casi 25 años. Ahora puede dedicar su tiempo a lo que quiera. Una parte la usa para descansar, claro, aunque muchas veces va detrás de lo próximo que le despierte entusiasmo, ya sea su marca de gin, bautizada Still G.I.N. en alusión a su éxito de 1999 "Still D.R.E.", o las casi 400 canciones inéditas que, según dice, creó durante la pandemia y retocó desde entonces. Cuando tiene un rato libre, se sienta en el amplio living de su casa, debajo de una pared con estatuillas que incluyen premios Grammy, Emmy y una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, y toca unos compases en su piano de cola Bösendorfer, que arranca en alrededor de US$ 200.000. A su alrededor, además, hay media docena de blocs legales cubiertos de notas musicales e ideas para canciones.
"¿Quién sabe si va a pasar algo que me lleve a crear lo mejor que hice en toda mi vida?", se pregunta. "La parte emocionante es que existe esa posibilidad. Es emocionante y depresivo al mismo tiempo, porque sé que está ahí, y ¿qué pasa si no lo encuentro?", plantea.
Quienes trabajaron con Dre, ya sea en el estudio, en Beats o en otro proyecto, conocen de cerca un método minucioso y saben que no deja de retocar una obra hasta sentir que ya está lista para salir.
"El tiempo no existe con Dr. Dre", explicó su colaborador habitual, Eminem, por correo electrónico. "No está pendiente de las fechas, de los plazos ni de cuándo tiene que salir algo; solo piensa en si realmente está listo. Por ejemplo, con el álbum 2001, yo creía que ya estaba terminado antes de que grabara 'Still D.R.E.'. Y después entendí que si Dre hubiera pensado que ya estaba listo, el mundo nunca la habría escuchado", señaló.
Muchas veces, eso directamente no pasa. Después de trabajar durante más de una década en su esperado álbum Detox, Dre descartó por completo el proyecto en 2015 y así reforzó su fama de perfeccionista.
"Perfeccionista muchas veces es solo una palabra que uso para ganar tiempo", dice. "Si tengo una fecha de lanzamiento y la canción no está bien, ¿se supone que igual la entregue? No, me voy a tomar el tiempo necesario hasta que esté bien", remarca.
Mostró ese rasgo desde su canción consagratoria de 1987, "Boyz-n-the-Hood", en la que guió al inexperto rapero Eazy-E durante horas y a lo largo de decenas de tomas vocales. El tema, con letra escrita por Ice Cube, otro rapero de la zona, sirvió como base para N.W.A, sigla de Niggaz Wit Attitudes. El grupo abrió el camino del gangsta rap con Straight Outta Compton, de 1988, que alcanzó el doble platino a pesar de que muchas radios y canales de televisión se negaron a pasar sus letras explícitas. Dre fue productor de todos los temas, aunque más tarde aseguró en una entrevista de 1996 que recibió apenas un 2% de regalías por sus discos con N.W.A.

"Cuando era más joven, no entendía cuánto control tenía, porque yo solo hacía lo mío", dice ahora Dre. "No entendía exactamente qué significaba mi talento ni el poder que tenía", admite.
Dejó el grupo en 1991 para cofundar Death Row Records junto con el célebre ejecutivo musical Marion "Suge" Knight, donde su "G-Funk", abreviatura de gangsta-funk, se volvió el sonido distintivo del hip-hop de la Costa Oeste. Su primer álbum como solista, The Chronic, vendió más de 3 millones de copias en 1993 y le dio el primero de sus siete premios Grammy. Al mismo tiempo, su trabajo como productor en discos como Doggystyle, el debut cuatro veces platino de Snoop Dogg, y en el simple doble platino "California Love", de Tupac Shakur, terminó de instalar al género como una fuerza comercial de alcance masivo. Para 1996, Death Row facturaba más de US$ 100 millones por año, según trascendió.
Ese mismo año, Dre se fue de Death Row y resignó una valiosa participación en la compañía para tomar distancia de la violencia dentro del sello y de la rivalidad cada vez más feroz entre el rap de la Costa Este y el de la Costa Oeste, una disputa que derivó en el asesinato de Shakur ese otoño. Después armó su propia empresa, Aftermath Entertainment, como subsidiaria de Interscope Records, el sello de Jimmy Iovine, aunque al principio no logró repetir ese impacto.

"Su sello estaba realmente frío", dijo Iovine, que fichó para la compañía a Shakur, Lady Gaga, No Doubt y otros artistas ganadores del Grammy. "Necesitaba inspiración, y uno de sus problemas es que se inspira pocas veces. Tiene que esperar la ola perfecta", explicó.
Esa ola llegó en la figura de un chico blanco y flaco de Detroit llamado Marshall Mathers. Dre escuchó por primera vez su demo después de que un pasante de Interscope se la alcanzó a Iovine y, en su primer día juntos en el estudio, grabaron el simple "My Name Is", el tema que presentó ante el mundo a Eminem, que entonces tenía 26 años, en 1999. Después, el rapero se convirtió en el artista musical que más discos vendió en la década del 2000, según Nielsen SoundScan, con 32,2 millones de álbumes vendidos solo en Estados Unidos.
"Dre apostó por mí en un momento en el que nadie más lo hacía", le dijo a Forbes Eminem, hoy de 53 años. "Me dio la credibilidad necesaria para que la gente me escuchara el tiempo suficiente como para tomarme en serio", aseguró.
A partir de ahí, Aftermath despegó con éxitos como "The Real Slim Shady", de Eminem, e "In Da Club", de 50 Cent, además del segundo álbum solista de Dre, 2001, que vendió más de 6 millones de copias. Su primera aparición en la lista de celebridades con mayores ingresos de Forbes fue en 2001, cuando, según trascendió, vendió el 30% de su participación en Aftermath a Interscope por US$ 35 millones.
Las oportunidades para aumentar sus ingresos siempre aparecían, con muchas marcas interesadas en conseguir su apoyo. Dre recuerda que en 2006 vio a Iovine caminando por la playa en Malibú, donde los dos tenían casa. Entonces lo invitó a subir a la terraza, donde le preguntó si debía evaluar el lanzamiento de una línea de zapatillas. "Solo lo miré y le dije: 'Amigo, ¿qué tenés que ver vos con las zapatillas?'", recordó Iovine, hoy de 73 años.
"A la mierda las zapatillas", recuerda Dre que le dijo Iovine,"hagamos parlantes".
Los dos se asociaron en Beats Electronics para fabricar auriculares premium de vincha en un momento en el que el modelo más popular eran los earbuds baratos que venían gratis con la compra de los iPod y los iPhone. Dre llevó a las pruebas del producto la misma atención minuciosa que aplicaba a su música y afinó una mezcla de audio con bajos reforzados que, según creía, entregaba una experiencia de escucha superior. Sumado a la capacidad de Iovine para el marketing, la marca despegó enseguida.
Los auriculares Beats aparecieron en videos musicales de artistas de Interscope y en la cabeza del equipo de básquet de Estados Unidos durante los Juegos Olímpicos de 2008, en una movida encabezada por LeBron James, que recibió una pequeña participación accionaria en Beats para convertirse en embajador. En poco tiempo, los Beats by Dre dejaron de ser un simple accesorio de audio y pasaron a funcionar como símbolo de estatus, en una transformación comparable a la revolución que generó la marca Jordan de Nike. Según las estimaciones de Forbes, la empresa pasó de ventas por US$ 180 millones en 2009 a US$ 860 millones en 2012.
Beats amplió su negocio más allá del hardware en 2012, cuando compró el servicio de streaming musical MOG por un monto estimado en US$ 14 millones. Dre e Iovine aprovecharon esa estructura para lanzar Beats Music en 2014, con la intención de competir en streaming con Spotify y Pandora y, en última instancia, volverse un objetivo de compra más atractivo. Frente a la magnitud que podía alcanzar el valor de su participación estimada del 20%, Dre se ríe ante la idea de que alguna vez dudara en vender. "Eso fue fácil", asegura. "Fue, tipo, lo mejor de todo", remarca.

La compra final de Beats por US$ 3.000 millones por parte de Apple todavía figura como la adquisición más grande en la historia de la compañía. Parte de la lógica detrás de los cerca de US$ 100 millones en acciones que recibieron Dre e Iovine, cada uno, junto con un esquema de consolidación de cuatro años, apuntó a sumarlos al equipo ejecutivo que transformó Beats Music en Apple Music en 2015.
Dre dejó Apple en 2018, y en documentos judiciales que salieron a la luz durante su divorcio, en 2021, se supo que había vendido la mayor parte de sus acciones, cuyo valor después se duplicó. El acuerdo de divorcio se cerró con dos pagos de US$ 50 millones, y poco después empezó a buscar comprador para su catálogo de grabaciones y publicaciones. En enero de 2023, vendió los derechos a Universal Music Group y a la firma de inversión en medios Shamrock Capital, con sede en Los Ángeles, por más de US$ 200 millones, según las estimaciones de Forbes.
En busca de un nuevo desafío, otra vez fue Iovine quien aportó la idea. Durante una charla en el estudio con Dre y Snoop Dogg, les preguntó por qué nunca habían intentado convertir su éxito de 1994 "Gin and Juice" en un producto físico. "El gin es una categoría de alcohol que no funciona demasiado bien", le dijo Snoop a Forbes, "así que elegimos una categoría que no funciona bien para destacarnos". Iovine sumó: "Dre dijo: 'Podemos romperla con eso', y Snoop también. Y ahí arrancó la búsqueda de la calidad".
Dre visitó una destilería en Chicago, donde aprendió cómo se fabrica el gin, y probó 17 marcas distintas para definir con precisión las cualidades que buscaba. Con Snoop e Iovine como inversores, se asoció con Patrick Halbert y Andrew Gill, dos emprendedores que poco antes habían vendido su propia marca de cócteles listos para tomar, On the Rocks, a Jim Beam. En febrero de 2024, el cóctel en lata Gin & Juice debutó en 30.000 puntos de venta de todo el mundo.
Y aunque los cócteles listos para tomar se expandieron con fuerza en la última década —el mercado global alcanzó unas ventas estimadas de US$ 3.800 millones el año pasado—, una marca exitosa de bebidas espirituosas premium puede resultar mucho más rentable. Para comprobarlo, alcanza con mirar al actor Ryan Reynolds, que vendió su marca Aviation Gin por US$ 610 millones en 2020. "Gin & Juice es divertido", explicó Gill. "Pero Still G.I.N. va en serio", aclaró.
Iovine les advirtió al dúo que tal vez nunca lograrían producir un gin que a Dre le gustara lo suficiente como para reemplazar a Hendrick’s, su marca de cabecera durante décadas. Pero, al igual que pasó con Beats y su refuerzo de bajos, apuntaron a notas cítricas y especiadas para equilibrar el sabor a enebro que suele aparecer en muchas marcas clásicas de gin. Después de 15 versiones, le llevaron a Dre la primera botella de muestra a su casa. A Dre lo convenció de inmediato y dio luz verde para lanzar la bebida a fines de 2024. En febrero, Applebee’s anunció que la sumaba a la carta de sus 1.500 restaurantes en todo el país.
"Siento que todavía me queda mucho en el tanque", dijo Dre sobre este negocio de bebidas y otros proyectos en los que trabaja. "Solo quiero levantarme y sentirme motivado para hacer algo", aseguró.
La mayoría de las mañanas, Dre baja al nivel inferior de su casa y nada 1,6 kilómetros: 88 largos en la pileta de 18,3 metros. Después puede ir a su estudio, ubicado en el subsuelo, para hacer música o a su sala de cine privada. Más tarde, vuelve a bajar para levantar pesas en su gimnasio de tamaño profesional.
Ninguno de esos ambientes existía cuando Dre le compró la mansión a Tom Brady y Gisele Bündchen en 2014. La propiedad ya valía US$ 40 millones, pero él cuenta que pasó más de tres años duplicando la superficie, armando el estudio de grabación perfecto debajo de un extremo de la casa, transformando el gimnasio que Brady tenía en el garaje en una sala de cine, del otro lado, y sacando la entrada para construir allí la pileta subterránea y el gimnasio. "No me apego en absoluto a las cosas materiales", dice. "Esto es lo primero que compré en mi vida de lo que me siento orgulloso", asegura.
Como si fuera uno de sus discos, Dre renovó y pulió la casa hasta que quedó exactamente como quería. Ahora casi no sale de la propiedad, ubicada en lo alto de Los Ángeles, y eso lo llevó a vender varias de sus otras casas, incluida la de la playa en Malibú donde nació Beats, por US$ 16,5 millones, según se informó. "No tengo ningún motivo para irme", afirma sobre la propiedad de Brentwood, adonde cada tanto invita a músicos para improvisar o a amigos para fumar cigarros junto a la pileta del jardín. Muchas veces, igual, pasa ahí sus días en soledad. Pero, a diferencia de Charles Foster Kane, encontró paz en su Xanadú.
"En este momento disfruto mucho de mi soledad", dice. "Solo trato de simplificar mi vida, y lo único que quiero es sostener la forma en la que vivo acá, en mi casa. Quiero que mi casa funcione exactamente como funciona ahora, porque eso es lo que me hace feliz", asegura.
Aun así, no puede dejar de pensar en la posibilidad de crear algo más. Mientras mira por las ventanas del fondo de la cocina hacia el césped impecable y la vista abierta al océano Pacífico, calcula que abajo todavía podría haber otros 372 metros cuadrados aprovechables, si tan solo definiera qué le gustaría construir en ese lugar.
"Sé que puedo hacer algo con eso, bajo tierra", dice Dre sobre esta nueva obra todavía inconclusa. "La idea de eso, saber que podría hacerlo y descubrirlo, como, oh, imaginate que encuentro qué puedo hacer ahí abajo. ¿No es una forma divertida de pensarlo?", plantea. (I)
*Este artículo fue publicado originalmente en Forbes.com.