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(Photo by Jabin Botsford/The Washington Post via Getty Images)

De la roja a Balogun a la llamada de Trump: por qué la FIFA quedó en el centro de una de las mayores polémicas del Mundial 2026

Pancho Barreiro

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La habilitación del delantero estadounidense para enfrentar a Bélgica dejó de ser una discusión sobre una tarjeta roja después de que Donald Trump admitiera que habló con Gianni Infantino para pedir una revisión de la sanción. La decisión de la FIFA desató una dura reacción de la UEFA y de Bélgica, y abrió un debate sobre la aplicación de las reglas y el precedente que puede dejar para el resto del Mundial.

6 Julio de 2026 11.14

Lo que comenzó como una discusión sobre una expulsión terminó convirtiéndose en una de las mayores crisis institucionales del Mundial 2026. La decisión de la FIFA de dejar en suspenso la sanción automática que pesaba sobre el delantero estadounidense Folarin Balogun para que pudiera disputar los octavos de final frente a Bélgica desató una reacción inédita dentro del fútbol internacional y abrió un debate que trasciende por completo lo deportivo.

Las críticas ya no se centran en si la expulsión a la estrella estadounidense frente a Bosnia y Herzegovina fue correcta o excesiva. El eje del conflicto es otro: si una sanción automática prevista expresamente por el reglamento puede ser modificada en pleno desarrollo de una Copa del Mundo y bajo qué criterios puede hacerse.

Ese cambio explica la magnitud de las repercusiones. En cuestión de horas, la Federación Belga presentó un reclamo formal ante la FIFA, la UEFA publicó uno de los comunicados más duros que haya emitido contra el organismo que conduce Gianni Infantino, entrenadores, exfutbolistas y hasta dirigentes políticos europeos cuestionaron la medida. Todos coincidieron en un punto: el problema ya no es Balogun, sino la credibilidad del sistema disciplinario del torneo.

Qué pasó con Balogun

Folarin Balogun tarjeta roja (Photo by Maja Hitij - FIFA/FIFA via Getty Images)
(Photo by Maja Hitij - FIFA/FIFA via Getty Images)

La polémica comenzó tras el triunfo de Estados Unidos sobre Bosnia y Herzegovina por los dieciseisavos de final. A los 64 minutos, Balogun fue expulsado con tarjeta roja directa luego de un pisotón sobre el defensor Tarik Muharemovic.

De acuerdo con el reglamento, una expulsión de ese tipo implica automáticamente la suspensión para el siguiente partido. De hecho, el propio delantero estadounidense reconoció días después que debía aceptar la sanción y perderse el duelo de octavos frente a Bélgica.

Sin embargo, la FIFA sorprendió al anunciar que suspendía durante un período de prueba de un año la aplicación de esa sanción automática, por lo que Balogun quedó inmediatamente habilitado para jugar.

El reclamo de Bélgica

La primera respuesta llegó desde la Real Federación Belga de Fútbol, que calificó la decisión como sorprendente y anunció que estudiaba nuevas acciones legales.

Su argumento no fue únicamente deportivo, sino reglamentario. La federación sostuvo que el artículo 66.4 del Código Disciplinario establece que una tarjeta roja conlleva automáticamente la suspensión para el siguiente partido, un criterio que, además, había sido reiterado en la Circular N.º 16 distribuida antes del inicio del Mundial a todas las asociaciones participantes.

También recordó que otros futbolistas expulsados durante el torneo ya habían cumplido esa sanción sin recibir un tratamiento excepcional, por lo que advirtió que la resolución rompe el principio de igualdad entre las selecciones.

El entrenador belga, Rudi García, también expresó su malestar con ironía. "No sabía que el 5 de julio era en realidad el 1 de abril", dijo en referencia al Día de los Inocentes. Luego fue todavía más contundente: "No estamos defendiendo a la selección ni a la federación; estamos defendiendo al fútbol".

"Se cruzó una línea roja"

Pero la reacción que terminó de escalar el conflicto fue la de la UEFA. En un comunicado oficial, la máxima autoridad del fútbol europeo sostuvo que la decisión de la FIFA "cruzó una línea roja" y calificó la medida como "sin precedentes, incomprensible e injustificable".

Para la entidad, la suspensión automática tras una tarjeta roja "no es una opción discrecional" ni requiere una decisión adicional de un órgano disciplinario, sino que constituye un principio incorporado al reglamento que no admite excepciones, mucho menos durante una Copa del Mundo.

El organismo europeo fue todavía más allá al advertir que, si quienes deben garantizar el cumplimiento de las reglas dejan de hacerlo, "la integridad del juego está en riesgo y la credibilidad de la competición queda socavada".

Además, alertó que la resolución crea un precedente para el resto del Mundial, ya que cualquier situación similar podría exigir un tratamiento idéntico.

El llamado de Trump a Infantino

Gianni Infantino y Donald Trump - SE PUEDE USAR - (Foto: Instagram @Gianni_Infantino)
(Foto: Instagram @Gianni_Infantino)

Hasta ahora, la suspensión automática tras una expulsión directa había sido una de las pocas normas disciplinarias aplicadas de manera uniforme e inmediata durante los torneos organizados por la FIFA. La decisión de dejar sin efecto esa consecuencia en medio de la competencia abre la puerta a futuros reclamos de otras selecciones que enfrenten situaciones similares.

A eso se suma otro elemento que terminó de amplificar la controversia: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó públicamente que habló con Gianni Infantino para pedir una revisión de la expulsión de Balogun.

Aunque no existe evidencia pública de que esa conversación haya sido determinante para la resolución final, la coincidencia temporal entre ambos hechos alimentó las sospechas sobre una posible influencia política en una decisión disciplinaria y profundizó las críticas contra la FIFA.

Las repercusiones no tardaron en multiplicarse. El ex presidente de la FIFA, Joseph Blatter, sostuvo que "las tarjetas rojas no se anulan por llamadas telefónicas políticas". El entrenador de Inglaterra, Thomas Tuchel, cuestionó quién puede modificar una sanción automática y bajo qué fundamentos.

Wayne Rooney calificó la decisión como "una absoluta vergüenza", mientras que Jürgen Klopp advirtió que, si realmente una conversación entre Trump e Infantino influyó en el proceso, "todo queda bajo sospecha".

Lo que comenzó como una discusión arbitral terminó convirtiéndose en un debate mucho más amplio sobre la independencia de los organismos que gobiernan el fútbol. Y, por primera vez en este Mundial, el centro de la escena dejó de estar en la cancha para trasladarse a los escritorios donde pareciera que se pueden reinterpretar —o modificar— las reglas del juego.
 

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