Ya no hay ética ni respeto ¡Una lástima!
Un verdadero código de ética no sirve para colgarlo en la pared ni para citarlo en conferencias, ni para vanagloriarse con otros: sirve cuando nadie mira, cuando no conviene, cuando el atajo parece tentador.
Un verdadero código de ética no sirve para colgarlo en la pared ni para citarlo en conferencias, ni para vanagloriarse con otros: sirve cuando nadie mira, cuando no conviene, cuando el atajo parece tentador.
Más que un debate técnico, esto es un debate ético. Zapatero a su zapato no es elitismo: es responsabilidad. Es reconocer que la experiencia, la especialización y la habilitación profesional existen por una razón: proteger a la sociedad de la improvisación y del atajo disfrazado de eficiencia.
Necesitamos estadios donde se pueda ir en familia. Donde un gol no sea una excusa para el enfrentamiento, ni físico, ni verbal. Donde la camiseta no sea una armadura para justificar lo injustificable. No más actitudes violentas, no más malos tratos, no más experiencias que erosionan lo que debería unirnos.
Es momento, presidente, de marcar una diferencia y dejar un legado de desarrollo y transparencia. Que nadie tema al órgano auditor; que la corrupción sea sancionada con severidad.
Según el INEC -para comparar años más recientes- en 2022 hubo 55.345 matrimonios; en 2024 la cifra bajó a 53.813, un decrecimiento aunque no grave, si preocupante. Mientras tanto, los divorcios pasaron de 24.595 a 25.555, un aumento de más del 4%. Es decir, cada vez hay menos matrimonios y más separaciones.
¡Volvamos a darle valor a la palabra! Que, cuando digamos "sí", ese "sí" tenga peso, no sea un monosílabo al aire. Pensemos que cuando alguien confíe en nosotros, no defraudemos. Enfoquémonos en poder mirar a los ojos y saber que cumplimos, no porque era fácil, sino porque era, y es lo correcto.
El abuso de los mensajes de voz es una epidemia moderna. Esta herramienta, útil en ciertos contextos como urgencias, muestras de afecto entre parejas o familia, personas con alguna discapacidad o adultos mayores, se ha convertido en un atajo para la pereza comunicacional.