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El verdadero poder del networking no está en acumular contactos, sino en construir una red capaz de acercarnos a personas que piensan diferente, trabajan en industrias distintas y enfrentan problemas desde otras perspectivas.

17 Julio de 2026 15.49

Las redes de contactos pueden convertirse en una fuente de ventaja competitiva. Una buena red no solo facilita el acceso a oportunidades laborales o de negocio, sino también a información, recursos e ideas que pueden marcar la diferencia en la consecución de nuestros objetivos. Sin embargo, no todas generan el mismo valor.

La razón es que tendemos a relacionarnos con quienes son similares a nosotros. Compartimos vínculos con colegas de la misma profesión, personas de nuestra industria o individuos con intereses afines. Estas relaciones fortalecen la confianza y facilitan la colaboración, pero también nos exponen a información redundante y a perspectivas muy parecidas.

Precisamente este fenómeno fue explicado hace más de cincuenta años por el sociólogo Mark Granovetter. En La fuerza de los vínculos débiles, uno de los artículos científicos más citados de las ciencias sociales y un trabajo que cambió la forma en que hoy entendemos el networking, sostuvo que muchas oportunidades laborales no llegan a través de nuestros amigos más cercanos, sino mediante conocidos con quienes mantenemos un vínculo menos estrecho.

La lógica detrás de este planteamiento es sencilla, ya que nuestros amigos suelen moverse en los mismos círculos que nosotros y, por ello, conocen personas similares y reciben información parecida. Los conocidos, en cambio, habitualmente pertenecen a otros círculos sociales y profesionales, lo que nos acerca a información, ideas y oportunidades que difícilmente circularían dentro de nuestra red más cercana.

Cinco décadas después, un estudio publicado en la revista Science, basado en el análisis de más de 20 millones de usuarios de LinkedIn, volvió a poner a prueba la teoría de Granovetter. Los resultados confirmaron la vigencia de sus principales conclusiones y aportaron un nuevo hallazgo: el mayor efecto sobre la movilidad laboral se observa en los llamados lazos moderadamente débiles, relaciones que logran un equilibrio entre exponernos a nuevos círculos sociales y a nueva información, y mantener suficiente familiaridad e intereses compartidos para que esa información resulte útil.

Aunque este estudio introduce un matiz importante, la idea central planteada por Granovetter permanece vigente. Si las oportunidades tienen mayor probabilidad de encontrarse fuera de nuestros círculos habituales, el verdadero valor del networking no está en acumular contactos, sino en desarrollar relaciones con personas de otras industrias, disciplinas o generaciones. Relacionarnos con ellas no solo nos expone a nueva información, sino que también nos permite comprender un mismo problema desde perspectivas diferentes. Esa diversidad resulta fundamental para la innovación, porque muchas innovaciones no surgen de crear algo completamente nuevo, sino de conectar conocimientos o ideas que hasta entonces permanecían separados.

Vista desde esta perspectiva, el verdadero poder del networking no está en acumular contactos, sino en construir una red capaz de acercarnos a personas que piensan diferente, trabajan en industrias distintas y enfrentan problemas desde otras perspectivas. En un mundo donde el conocimiento evoluciona cada vez más rápido, las mejores oportunidades rara vez se encuentran dentro de nuestros círculos habituales; nacen cuando logramos conectar ideas, conocimientos y personas que antes permanecían separadas. (O)

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