Forbes Ecuador
Columnistas

Magnific

La diferencia entre un propietario y un esclavo de su negocio

Hartmut Bock

Share

El rol del propietario emprendedor consiste en que sigas siendo el oráculo que siempre has sido y que alinees tu rol con tus talentos naturales.

12 Agosto de 2026 15.59

En los libros de negocio o administración es común que se definan roles estándar para las distintas funciones que permiten dirigir una empresa. Entre ellas las más comunes como el fundador, los accionistas, los directores (que suelen representar a éstos últimos), el gerente general, el CEO, la COO, etc. A notar que sin el primero, sin el emprendedor fundador esto es, no existe posibilidad de que el resto se manifieste. Él es la causa de todos los roles que siguen. De hecho, ni siquiera el estado benefactor que vive de los impuestos que generan las compañías que éstos fundan podría subsistir. Si todavía necesitamos una razón para poner en el centro de la estructura social al productor, ¡ya la tenemos!

Pese a que es quizá el actor más importantes en toda sociedad, en ningún libro ni teoría de negocios se busca entenderlo y, luego de ese ejercicio, dotarle de un modelo que le incentive a producir aún más. Es decir, una metodología para darle al caballo que jala la carreta lo que requiera no solo para que siga jalándola, sino que lo haga aún más rápido y mejor.

El primer paso es comprender que el emprendedor, o productor, es distinto a la mayoría. Un ejemplo reciente es su actitud frente a la inteligencia artificial. Mientras muchos la ven como una amenaza para la sociedad, el emprendedor está usándola en su negocio y aprendiendo de ella.

Detrás de todo comportamiento existe una mentalidad, una especie de molde que adecua la realidad a su forma, a la percepción que cada persona tiene del mundo. Alguien que ve una amenaza en la inteligencia artificial, cree que pondrá en riesgo sus ingresos y su vida en general, busca seguridad. El que la incorpora en su día a día, la usa para mejorar procesos y mejorar sus chances de tener éxito, busca oportunidad. Mentalidad de oportunidad vs. mentalidad de seguridad. Fundamental diferencia.

Otra característica que se repite una y otra vez en mis clientes emprendedores es su necesidad de ser propietario de sus decisiones y las consecuencias de éstas. Sabe que si no se hace responsable de los efectos de sus acciones tampoco obtendrá el gran beneficio de aprender de sus errores. A diferencia de otros participantes de la sociedad que buscan que un tercero resuelva su falta de trabajo, salud o lo que fuere, el emprendedor no tiene problema en hacerse cargo de cumplir sus deseos por su cuenta. Ve al fracaso no como un fracaso, sino como una fuente de aprendizaje.

Dado que la mayoría de la sociedad cae dentro de la categoría de las que buscan seguridad, que un porcentaje importante también puede ser clasificado dentro de los que buscan que alguien más resuelva sus asuntos, y debido a que la mayoría decide con su voto finalmente que sistemas se implementarán, no es una sorpresa que el productor sea un incomprendido y que su situación no tenga mucha esperanza de cambiar. La masa será siempre la masa y el productor nunca será parte de ella.

Pese a ello, y a que no existe posibilidad de que las estructuras creadas por la mayoría para la mayoría se adecúen a una minoría, hay algo que es posible y que no depende del resto. ¡Qué importa si la masa no comprende al emprendedor-productor mientras él se comprenda a sí mismo! Al fin y al cabo nunca ha esperado nada de nadie, excepto quizá que le dejen en paz. Conoce que depende enteramente de sí mismo, de su gran capacidad de iniciativa, de su habilidad única para aprender rápido y de la ambición que le permitirá alcanzar lo que desee. Y si bien existirán emprendedores que no diseñarán su vida en torno a su naturaleza y los deseos que provienen de ella, habrá los que terminarán concluyendo que no existe otra alternativa.

Quién nace con un propósito y no lo cumple, solo puede cosechar tormentas. Un emprendedor que no usa su inteligencia para reconocer que es diferente y conocerse a sí mismo, terminará siendo un esclavo de su negocio, en vez de su propietario.

El segundo paso natural consiste en comprender su rol.

Debo confesar algo que hasta ahora no he hecho acerca de mi filosofía y que explicaré a través de una experiencia reciente cambiándome de ciudad.

Es sabido que mientras más grandes las ciudades menos se conocen entre sí las personas que las habitan. Esto puede ser un alivio. Si todos nos conocen, cualquier actividad que realicemos será registrada, sobre todo aquella de la que no queremos que nadie se entere. Seremos parte de la conversación de todo almuerzo y las posibles malas intenciones de las amas de casa que nos usarán en sus lecciones como un mal ejemplo. Pueblo chico, infierno grande.

Pero las ciudades pequeñas tienen grandes ventajas también. Además de las habituales, como tener menos tráfico y por lo tanto menos estrés, el que las personas se conozcan entre sí trae el enorme beneficio de poder conocer a la persona con la que se realiza cualquier tipo de comercio. 

Me sucedió que al principio, mientras me ubicaba definitivamente, habité un apartamento en un barrio residencial dentro de un edificio en el que habitaba el constructor y la familia del mismo. Yo era el único extraño. 

¿Cómo construirías un edificio que tu mismo ocuparías más adelante? Quizá te preocuparías de que las ventanas no den a avenidas transitadas para no tener que soportar el ruido de las motos de delivery, de construir paredes más gruesas para que no se escuchen las conversaciones de tu tía con su ex esposo y de construir parqueos anchos donde no debas contener la respiración para poder salir del auto. Lo construirías diferente de un edificio que no habitarías, aquel cuyo principal propósito sería obtener la mayor rentabilidad, ¿no es así? Y luego, cuando ya te encuentras habitándolo, ¿cómo actuarías? ¿Cuidarías que la puerta de la entrada esté siempre aceitada para que no rechine, las paredes bien pintadas y, en general, el edificio bien mantenido? ¡Muy posiblemente!

Una aclaración se hace necesaria.

No estoy sugiriendo que los emprendedores deban consumir todos los productos que fabrican. Esto sería poco práctico e insostenible. Pero si quiero decir que si tienen algo que perder con sus acciones serán mucho más cuidadosos con las consecuencias de ellas. Si el fundador o CEO sienten en carne propia el dolor que sus clientes experimentan cuando sus necesidades no son satisfechas como esperan, el fundador o CEO tendrá un incentivo para que ese dolor se alivie lo más pronto posible.

Así como cuando el constructor sigue en el edificio que construyo y ahora habita, y lo mantiene impecable para beneficios de los inquilinos; el emprendedor que sigue liderando el negocio que fundó cuidará de su equipo y clientes. Se preocupará de que los primeros crezcan y de que los segundos se sientan bien atendidos siempre.

¡Pues sí! Aprecio enormemente poder comprar de un negocio cuyo emprendedor sigue al mando por encima de comprarle a un negocio que tiene un CEO puesto por una junta directiva que representa a fondos de inversión detrás de los que se encuentran inversionistas preocupados exclusivamente por obtener un retorno sin importar si para ello deben bajar la calidad del producto o despedir a la mitad de la nómina.

Existen múltiples ejemplos de lo mal que pueden salir las cosas cuando el único que se beneficia es el inversionista. Las compañías de alimentos en Estados Unidos uno de mis preferidos. Producen productos diseñados para causar adicción más que para proveer nutrientes. Hacen un gran trabajo generando utilidad para los accionistas al enorme costo de enfermar a sus clientes. Algunas de éstas empresas son tan audaces que ahora tienen líneas de negocio para tratar las enfermedades que causan. Por un lado venden alimentos altos en azúcar y carbohidratos que causan enfermedades metabólicas. Por otro lado comercializan medicinas para tratar la diabetes que su primero producto ayudo a provocar. "Te voy a enfermar pero no te preocupes porque luego te curaré. ¿No sería mejor que no me enfermes desde el principio? He apostado con una amiga que pronto sacarán un químico para colorear las cenizas que quedan luego del proceso de cremación. Desde la enfermedad a la tumba, dueños de toda la cadena de valor.

Para colmo de males, las empresas que se olvidan de sus equipos y el cliente son el ejemplo favorito de los socialistas, el antagonista del hombre independiente y libre, el enemigo del emprendedor esto es, para decir que el capitalismo no funciona.

Así que, querido lector, debo confesar que me gustan las empresas donde el fundador, aquel que tienes un propósito siempre relacionado a su cliente, que se preocupa por que sus sean cada vez mejores y prosperen, que es el productor que permite que las sociedades existan gracias a la riqueza que genera, siga al mando. Que deje de ser un fundador atrapado en el día a día y se transforme en el CEO que su empresa necesita, pero que no deje de ser el líder de su organización. No quiero a un grupo de codiciosos banqueros e inversionistas definiendo lo que es mejor para mí pues sé que al final terminaré siendo el animal de sacrificio sobre el que generarán sus utilidades.

Realizada está aclaración, y está es la buena noticia, el emprendedor no requiere vender su empresa o reemplazarse con un gerente para liberarse del calvario que puede llegar a convertirse el liderarla. Debe, eso sí, aprender a ser propietario de su tiempo, sus ingresos, sus relaciones y su futuro (en el libro “De Esclavo a Propietario” de mi autoría próximo a publicarse enseño a detalle los pasos a seguir). ¿Quién quisiera deshacerse de una empresa que es una fuente de alegría? ¡Nadie!

Un sistema basado en favorecer únicamente al dueño del capital naturalmente concentrará sus recursos en las compañías más grandes y que menos riesgo representen. Tenderá a destruir al pequeño productor que no solo tendrá menos opciones de crédito a bajo costo que el gran empresario, sino que deberá enfrentar su competencia desleal.

Un amigo empresario que vive en Idaho y se dedica al negocio de bienes raíces me contó que alguna vez debía comprar un martillo para reemplazar uno que se le había roto a uno de sus carpinteros. Preguntó cuánto costaba un martillo en la ferretería del barrio y le respondieron que siete dólares. Dado que también debía hacer compras de supermercado, decidió aprovechar y hacer el recorrido de treinta minutos a un Walmart que habían construido cerca de su pueblo hace poco. ¿A cómo encontró el mismo martillo ahí? ¡$0.99! Al poco tiempo la ferretería del barrio cerró. Luego de unos meses tuvo que comprar nuevamente un martillo y ya solo tenía la opción de Walmart. ¿Cuanto pagó? ¡$19.99!

Por lo tanto, debo confesar, que no espero que el emprendedor salga de su empresa sino que se quede ahí por siempre. Perdona no haberlo hecho antes, corría el riesgo de que dejarás de leer. Pero a estás alturas ya estás comprometido y la probabilidad de que cierres la pestaña donde lees está columna ha bajado considerablemente.

Nada de que preocuparse, por cierto. Lo único requerido es que crees una empresa distinta, una que sea una fuente de satisfacción en vez de frustración. No digo una empresa sin problemas ni retos, una empresa así es una empresa que ha dejado de existir, me refiero a una empresa donde el emprendedor tiene un rol compatible con quién es, compuesta de un equipo que comparte sus valores y propósito, y con clientes que le aprecian y harían lo que fuera porque su compañía no desaparezca.

El rol del propietario emprendedor consiste en que sigas siendo el oráculo que siempre has sido y que alinees tu rol con tus talentos naturales. Al hacer lo primero te conviertes en el CEO que establece los filtros que determinan que personas trabajará en la compañía y a que personas atenderá ésta. Al hacer lo segundo obtienes satisfacción y la sensación indescriptible de hacer lo que naciste para hacer.  (O)

10