Las independencias
Pedro Maldonado Ordóñez Editor
Pedro Maldonado Ordóñez Editor
Independizarse es un acto trascendental. Significa empezar casi desde cero, romper lazos, dejar de esperar que otros tomen las decisiones, implica decidir y asumir las consecuencias. Independizarse es dar ese paso que marca un nuevo comienzo, avanzar en un camino desconocido y sentir una mezcla entre libertad e incertidumbre.
Ojo no que estamos hablando de la independencia de un país, hecho trascendental para un pueblo, para una nación que rompe con el pasado y se enfila hacia el futuro. De eso ya se ha hablado bastante y la discusión sigue y seguirá vigente hasta el final de los tiempos. En esta ocasión vamos a hablar de tres tipos de independencias, de tres momentos decisivos en la vida de cualquier persona.
La independencia económica. Clave, fundamental, anhelada por muchos. En palabras simples implica que una persona pueda asumir sus gastos mediante su trabajo, emprendiendo, sin contar ni esperar la ayuda de los padres o de alguien más. Es, quizás, una de las independencias que marcan la vida de un joven que aspira labrar su propio camino y enviar una señal de madurez y compromiso, de crecimiento.
Es dura, más aún cuando la tasa de desempleo se ubica en el 3,1 %, el empleo adecuado o pleno alcanza cerca del 36,6 % y el subempleo ronda el 18,4 % de la población económicamente activa, según el INEC. Otra estadística que puede complicar esa independencia económica señala que la tasa de desempleo para el grupo de jóvenes de 15 a 24 años se ubica alrededor del 7,7 %, mientras que la informalidad y precariedad laboral afectan hasta al 86 % de la población juvenil, según el mismo INEC y el Banco Mundial.
Ahora vamos a la independencia laboral o cuando un empleado decide dejar la organización y se lanza a emprender, crea un negocio y vive el sueño de muchos: trabajar para uno mismo, no darle explicaciones a nadie, fijar sus propias reglas.
Pero la cosa no es nada fácil. El emprendedor no tiene horarios, ni fines de semana. No tiene décimos, ni vacaciones pagadas. Al crear su empresa y generar empelo asume una serie de obligaciones laborales que desconoce. Ya se ha dicho muchas veces: emprender es saltar de un avión y elaborar un paracaídas antes de darse contra el suelo. Es jugar un partido de fútbol en condición de visitante, con el árbitro en contra y la cancha desnivelada.
Datos al respecto: el 90% de los emprendimientos en Ecuador surgen por necesidad y no por oportunidad; y cerca del 80 % de los emprendimientos cierran antes de cumplir los tres años de operación por falta de consolidación o pérdida de capital, no cruzan el ‘valle de la muerte’.
Finalmente está la independencia emocional. Tan o más desafiante. Que un ser humano se haga cargo de sus sentimientos y los recorra de manera autónoma sin culpar a otros por lo que le pasa es una tarea gigante, dolorosa y difícil de transitar.
En este punto hablamos de salud mental, un trastorno que según la Organización Mundial de la Salud, afecta a algo más de 1.000 millones de personas. Esto es casi 1 de cada 7 personas. Y si vamos a ver el tema por genero hablamos de 620 millones de mujeres y 552 millones de hombres viven con esta condición que engloba temas como la ansiedad y la depresión.
En conclusión, alcanzar la independencia en estos tres campos resulta complicado porque implica una seria de elementos como coraje, determinación, amor propio, vencer temores y hasta políticas públicas de largo aliento. (O)