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En 2016, 96,2% era la tasa de asistencia a la Educación General Básica, de acuerdo a la Encuesta Nacional Empleo, Desempleo y Subempleo del INEC. Ojalá pronto podamos volver a estos niveles, pero además con un factor de inclusión educativa a quienes no tuvieron un intenso proceso de aprendizaje desde marzo de 2020 y de atender a estudiantes con discapacidad, mejorando la metodología para transmitir el conocimiento, con el apoyo de las tecnologías de la información y comunicación.

01 Octubre de 2021 12.26

En abril de este año, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INEC) publicó su informe “Tecnologías de la Información y Comunicación”, cuya información fue levantada en diciembre de 2020. En este documento se observa que el porcentaje de personas (población de 5 y más años) que utiliza computadora, en las zonas urbanas es del 40,7%, mientras que en las zonas rurales es del 20,5%. Por otra parte, los hogares con acceso a internet, en el área urbana alcanza el 61.7% y en lo rural 34.7%. Cifras alarmantes, sí, desde el punto de vista de la conectividad en el país.

Pero más alarmantes son cuando las leemos desde una perspectiva de la educación, especialmente de los niños que viven en la ruralidad y de cómo tuvieron que hacerles frente a los efectos de la pandemia de la COVID-19, al no contar con las herramientas básicas para aprender.

Preguntas como las siguientes saltan rápidamente:

  • ¿Cuántos niños no recibieron clases durante 18 meses mientras las puertas de sus aulas estuvieron cerradas?
  • ¿Cuántos niños cambiaron su dinámica de estar al frente de una pizarra por un trabajo al que no deberían estar sometidos?
  • ¿Cuántos niños perdieron la oportunidad de relacionarse con personas de su edad y tuvieron que compartir su vida únicamente con adultos o inclusive solos con los riesgos que esto implica?

Y muchas otras interrogantes que se pueden plantear.

Otro grupo afectado es el de los niños que tienen un Trastorno del Espectro Autista (TEA). Los niños con autismo tienen dificultades para adaptarse a los cambios en su rutina y entorno. De un momento a otro se los encerró y no pudieron continuar con sus actividades diarias. Pero ahora sufren un nuevo cambio, después de estar tanto tiempo en casa, les toca retomar esas tareas que, para ellos, ya no son parte de su día a día. El relacionamiento en estos niños, aunque les cuesta, es fundamental para mejorar su calidad de vida y fue arrebatado por un virus.

Sin duda, hay el otro lado de la moneda. Hay niños que dieron un salto enorme en el manejo de herramientas tecnológicas y que incluso son más hábiles que nosotros los adultos. No debemos descartar la necesidad de tomar medidas para que estas destrezas no se pierdan ahora en el retorno a las clases presenciales y adoptar los mecanismos necesarios para que, con su inmensa capacidad, retomen el aprendizaje junto a sus compañeros a quienes seguramente los extrañaron.

Lo importante para estos tres grupos de niños es que no pueden seguir sin ir al 100% a la escuela. Meses atrás, cuando Ecuador era uno de los pocos países que no reabría las escuelas, UNICEF aseguró que otro año sin escuelas sería catastrófico para el aprendizaje y el bienestar de los niños, aunque yo creo que más lo segundo.

En 2016, 96,2% era la tasa de asistencia a la Educación General Básica, de acuerdo a la ENEMDU (Encuesta Nacional Empleo, Desempleo y Subempleo) del INEC. Ojalá pronto podamos volver a estos niveles, pero además con un factor de inclusión educativa a quienes no tuvieron un intenso proceso de aprendizaje desde marzo de 2020 y de atender a estudiantes con discapacidad, mejorando la metodología para transmitir el conocimiento, con el apoyo de las tecnologías de la información y comunicación. (O)

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