Forbes Ecuador
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Iván Ontaneda reinventó su destino cuando el negocio del café comenzó su declive. Actualmente, lidera el sector cacaotero, con una infraestructura de 80.000 m² y una facturación de US$ 450 millones, que lo ubica como el mayor exportador de Ecuador. Su modelo se sostiene en principios claros: planificación rigurosa, respeto al agricultor y la palabra como base de la confianza.

En el mundo de los negocios, hay preguntas que actúan como una alerta antes de la extinción y otras que funcionan como el big bang de un imperio. Para Iván Ontaneda Berrú, ese momento de ‘especiación’ empresarial ocurrió a finales de los años noventa, en la gélida y pragmática Hamburgo. Sentado frente al CEO de una de las comercializadoras de café más grandes del mundo, este joven exportador de 31 años, que creía dominar el tablero, escuchó las palabras que redefinirían su existencia: ¿Todavía tienen café en Ecuador?.

Esa pregunta no fue un sarcasmo; fue la señal de un ecosistema que ya no encontraba en el café ecuatoriano el volumen ni la planificación necesaria. La baja productividad y el vaivén de precios habían marchitado el negocio. Aquel día de 1998 entendió que un negocio puede morir sin que el dueño se dé cuenta. Salió de la reunión y se fue a una cafetería, donde se cuestionó sobre el futuro del negocio.

“Para mí, el café significaba mi vida entera, no sabía hacer otra cosa que exportar café. Le ofrecí cafés especiales de Loja, de Galápagos, insistí en que Ecuador tenía potencial. Pero su respuesta fue rotunda: ‘Si tú quieres, lo haces, pero por ahí no es’. Eso me devastó”, comenta. Estaba solo. Pensaba en sus dos hijos pequeños que para entonces le esperaban en Ecuador, en un capital que se evaporaba y la sensación de ir en un tren cuesta abajo. 

“Ordeñamos la vaca, pero nadie la alimentó”, reflexionó. Esa fue la premisa con la que redefinió su hoja de ruta. Rápidamente recordó las conversaciones en reuniones ejecutivas en diversos países, sobre el crecimiento del chocolate premium en el mundo y la proyección de esta industria, y Ecuador tenía larga historia con el cacao. 

Entendió que, aunque primos hermanos, el cacao necesitaba el orden y la visión de escala que el café había perdido. “Regresé a buscar a mi gerente de producción y empezamos de cero. Tuvimos que aprender a comprar y a entender a los proveedores en un sector que entonces estaba desordenado”.

Ese golpe de realidad fue el fin de una era y el nacimiento de Eco-Kakao. Es fundador y CEO de la empresa que se convirtió en top 1 de las mayores exportadoras de cacao ecuatoriano. En 2025, cerró con una facturación récord cercana a los US$ 450 millones, un crecimiento del 30 % anual frente a los US$ 346,1 millones de 2024.

La firma lidera el mercado nacional con el 11 % de participación y se destaca por una infraestructura de 80.000 m². De ellos, 60.000 m² se asientan en Buena Fe (Los Ríos), la planta más grande del país en el origen del cultivo, según indica, y 20.000 m² en la planta de recepción, secado y almacenamiento en Durán (Guayas). Desde ahí, Ontaneda ofrece la entrevista a Forbes Ecuador.

Su oficina panorámica es un manifiesto personal. Está rodeada de pinturas de cacao que cambian con transiciones casi imperceptibles y de figuras de bandas de rock que reposan en una estantería detrás de un sillón que escasamente usa. Ontaneda, formado en Business Administration and Management General, prefiere conversar en movimiento. Esa base académica, sumada a su visión de Estado tras desempeñarse como ministro de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca entre 2019 y 2021, le permitió imprimir un rigor técnico y geopolítico a una industria tradicionalmente agrícola. También es presidente de la Asociación Nacional de Exportadores e Industriales de Cacao (Anecacao). (I)

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