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Al ciudadano “de a pie” no le interesa que el riesgo país baje o que las reservas internacionales suban le importa conseguir trabajo, que encuentre cupo en el colegio para su hijo y que no le asalten en las calles. La macroeconomía sana es muy importante pero si ésta no decanta a lo micro y a lo social, pierde apoyo social y político.

17 Junio de 2026 15.38

A veces se torna poco claro la diferencia entre los indicadores macroeconómicos con los de carácter microeconómico y los del ámbito social. Para el caso de la economía ecuatoriana resulta ilustrativo analizar la evolución de las finanzas públicas, del riesgo país, del comercio exterior, de la inversión extranjera, de la evolución de la liquidez en el sistema financiero, del nivel de las reservas internacionales, de los acuerdos con organismos multilaterales como el FMI, de las cifras de la deuda pública o del crecimiento económico medido a través del PIB y colegir que se trata de variables inherentes a la macroeconomía. Y en ese orden se puede indicar que se observan avances y mejoras que vale la pena señalar como el nivel de reservas internacionales que supera, al cierre de abril pasado, los USD 11.500 millones, monto que garantiza la sostenibilidad de la dolarización. Así mismo, la vigencia y aprobación de metas del convenio con el FMI ha permitido acceder a financiamiento externo para oxigenar las finanzas públicas a pesar de que éstas mostraron al 2025 un déficit superior al 4% del PIB y atrasos de ese año sobre los USD 2.000 millones. El regreso a los mercados de capitales del mercado internacional con una baja sensible del riesgo país a aproximadamente 400 puntos básicos, es otra señal positiva como ha sido acertado reducir el subsidio a los derivados del petróleo. El comercio exterior también ha mostrado una evolución favorable, pues las exportaciones no petroleras, vale decir las privadas, han permitido en los últimos 5 años superávit positivos en la balanza comercial alimentando con ello la liquidez en la economía. La suscripción de acuerdos de cooperación y de comercio con otras economías abre nuevos mercados y es una forma de insertar al Ecuador de mejor forma en la economía mundial, han sido también gestiones favorables. Un ritmo de crecimiento de los depósitos sobre el 11% anual y su contrapartida de la colocación de cartera también evidencia un nivel adecuado de liquidez, mucho de ello proveniente de las exportaciones privadas, del financiamiento externo y del alto nivel de remesas recibidas del exterior sobre los USD 7.500 millones. No obstante, en los mismos indicadores macroeconómicos permanece la obesidad estatal que demanda permanentemente mayor endeudamiento público, el estado sigue presente administrando ineficientemente empresas públicas como Petroecuador o las del sector eléctrico, la inversión extranjera creció el 2025 pero frente al PIB no supera el 1%, porcentaje excesivamente bajo, entre otras señales que confirman que no se ha logrado aún sanear las finanzas públicas y registrar sostenibilidad en las cifras fiscales. Además, se debe anotar que no todos los resultados positivos han sido la consecuencia de la política económica del gobierno sino son los efectos del aporte del sector privado, sin desmerecer, las acciones donde el régimen sí ha tenido aciertos. 

Los avances en la macroeconomía, al igual que en otros países, no conlleva impactos necesariamente favorables en la parte microeconómica, lo que significa que hay otros factores que impiden ese proceso de mayor vinculación. Un elemento puede ser la propia ineficiencia del estado en la dotación de servicios públicos adecuados, pues la mayor abundancia de fondos, por ejemplo, de un mayor financiamiento externo, no garantiza en absoluto que ello desemboque en mejor atención hospitalaria, mayor seguridad ciudadana, incrementos en la calidad de la educación o de la justicia. No todo es derivado de la mayor o menor cantidad de recursos. La gestión y la administración de los recursos públicos por sí solos son un asunto central e importante. Puede ser necesario reformas en la calidad de la burocracia, un tamaño sostenible y una depuración de mandos medios y altos. En ese contexto, el nivel de pobreza al 2025 se mantiene en 21.4%, ligeramente inferior al 22.5% del 2014. Similar comportamiento se observa en la pobreza extrema donde el 2014 el porcentaje fue del 7.7% mientras al 2025 fue de 8.3%. Obviamente el 2020 por el problema de la pandemia ambos indicadores se dispararon para luego reducirse pero en un período más largo no se ven mayores avances. Parte de la explicación a esto último puede deberse al comportamiento del empleo, el mismo que en el concepto de empleo adecuado o pleno fue del 37.1% de la población económicamente activa (PEA) el 2025 mientras el 2019, año previo a la pandemia, éste fue del 38.8%, lo que señala claramente que en términos de empleo estamos parqueados. Una probable explicación puede ser que el crecimiento económico de los últimos años es muy pobre, impidiendo por tanto mejoras sensibles en empleo o pobreza. Sin mayor inversión pública, la misma que es baja por la rigidez presupuestaria que demanda reformas económicas y sin mayor inversión privada nacional y extranjera, va a ser muy complicado alcanzar mayor dinamismo económico que permita decantar de mejor forma los avances de la macroeconomía en la microeconomía.

El comportamiento de la canasta básica sí muestra mejoras, pues desde el 2019 el ingreso familiar ha sido superior al costo de la canasta básica. El 2025 el valor de la canasta básica fue de USD 819 mientras el ingreso familiar fue de USD 877, USD 58 superior. Sin embargo, esto ha sido posible debido al trabajo en promedio de 1.4 miembros de cada familia de 4 personas. En otras palabras, solo el trabajo del jefe de hogar no cubriría la canasta básica.

El índice de Gini que muestra los niveles de equidad o inequidad de la riqueza no muestra cambios importantes, pues éste fue de 0.46 el 2017 y al 2025 fue de 0.47. Acercándonos a un nivel del cero significa mayor equidad y a 1 mayor inequidad. La tasa bruta de matrícula del sistema nacional de educación fue de 88% el 2010 – 2011 mientras el 2023 – 2024 fue igual del 88%. Al contrario, el número de camas hospitalarias por cada 1.000 habitantes bajó de 1.56 el 1997 a 1.32 el 2024.

En el caso del Perú, por ejemplo, se observan indicadores macroeconómicos sólidos y adecuados pero los problemas de pobreza persisten. En el Ecuador, se requiere una mejor gestión pública, mayor crecimiento económico y que la economía tenga al estado como un socio de la reactivación económica, pues hasta ahora se ve una economía privada que se mueve a un ritmo mayor y mejor que la economía pública. Al ciudadano “de a pie” no le interesa que el riesgo país baje o que las reservas internacionales suban le importa conseguir trabajo, que encuentre cupo en el colegio para su hijo y que no le asalten en las calles. La macroeconomía sana es muy importante pero si ésta no decanta a lo micro y a lo social, pierde apoyo social y político. (O)

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