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Gobernabilidad
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Se ha declarado la guerra entre funciones del Estado. El gobierno y los legisladores se preguntan: ¿quién le teme a la muerte cruzada? Los ciudadanos se preguntan: ¿podrá ganar el presidente Guillermo Lasso?

19 Octubre de 2021 09.24

Las encuestadoras no hacen encuestas acerca de la credibilidad de sus encuestas. Prefieren aplicarse el refrán que dice: en casa de herrero cuchillo de palo. Es claro que han perdido credibilidad porque en las campañas electorales han estado al servicio de los candidatos más que de la sociedad; porque todavía creen que las clases sociales son homogéneas entre sí; porque el sistema de muestras corresponde a otras épocas en las que los medios generaban opinión pública, pero ahora la opinión está atomizada debido a la influencia de las redes sociales.

Por las razones señaladas y otras, ocurre que las encuestadoras ofrecen resultados con el 3% de margen de error y, sin embargo, entre unas y otras hay distancias siderales. Ahora mismo, corre el rumor de que ha bajado el respaldo social al presidente Guillermo Lasso, nos preguntamos cuánto y las encuestadoras nos dejan en ayunas. Una encuesta dice que la aprobación es de 63.5% y otra que es de 34.01%, ambas pretenden el mismo margen de error del 3%. Precisamente a una de estas encuestas atribuye el abogado Jaime Nebot el origen de la guerra entre el presidente Guillermo Lasso y el “triunvirato de la conspiración”. 

La gobernabilidad es el equilibrio entre las demandas ciudadanas y la capacidad de respuesta del gobierno, está muy relacionada con una organización institucional que permita el cumplimiento de los programas de gobierno. La guerra declarada entre el Poder Legislativo y el Ejecutivo torna imposible cualquier gobierno. Para resolver este problema hay tres caminos: el diálogo, la consulta popular y la muerte cruzada.

El diálogo

Es el mejor camino o el camino natural en una democracia que elige a sus mandatarios por mayoría de votos, pero demanda respeto a las minorías por parte de la mayoría. En un país con 280 partidos y movimientos políticos, la mayoría es siempre esquiva.

El presidente Lasso ha acuñado como lema “el gobierno del encuentro”, eso indicaba que uno de los objetivos fundamentales sería conquistar la gobernabilidad mediante el diálogo. Mantuvo reuniones con los transportistas, con los indígenas, con los dirigentes laborales, con los gremios empresariales y con los bloques políticos de la Asamblea Nacional. Desgraciadamente el diálogo político fracasó y las discrepancias entre poderes se elevaron a la categoría de obstrucción y conspiración.

La Consulta Popular

Cuando las discrepancias entre el gobierno y los legisladores se vuelven insolubles y resulta imposible la aprobación de leyes, la Constitución ha previsto la posibilidad de pedir que el pueblo decida en las urnas. La Consulta Popular no permite cambios de gran calado ni se puede repetir hasta que termine por desgastarse. Otra debilidad de la Consulta Popular es que termina siendo un plebiscito a favor o en contra del presidente y, por tanto, tiene riesgos.

La limitación más importante de la Consulta Popular es que no resuelve el problema de origen, las discrepancias entre el Gobierno y la Asamblea Nacional. Aunque el presidente Lasso ganara la consulta, todavía tendría que lidiar con la Asamblea con mayoría opositora durante más de tres años. La declaratoria de guerra que ha hecho el presidente Lasso conduce, inevitablemente, a la disolución de la Asamblea como mecanismo de arreglo.

La muerte cruzada

Es un mecanismo previsto en la Constitución vigente, pero nunca ha sido utilizado. Permite que el presidente disuelva por decreto la Asamblea Nacional y en los diez días siguientes convoque a nuevas elecciones. Hasta que haya una nueva Asamblea el presidente puede emitir decretos, algunos de los cuales requieren aprobación de la Corte Constitucional.

El origen del problema de gobernabilidad está en la elección de legisladores en la primera vuelta electoral que provoca la dispersión de los representantes. Al repetir la elección sería conjunta y cabe la posibilidad de que el ganador cuente con suficiente respaldo legislativo.

La pregunta que todos se hacen es si el presidente Lasso está en capacidad de ganar las elecciones. Parece que tiene posibilidades por las siguientes razones: cuenta con la viada que le ha dado el proceso de vacunación; haría una campaña de confrontación con adversarios apiñados en un bloque de “conspiradores”; aunque se hubiera reducido el respaldo popular, siempre estará peor la Asamblea Nacional; no se ve candidato capaz de retarle porque los candidatos de la primera vuelta han desaparecido o tienen pugnas internas en sus partidos. Por último, el presidente tendrá en sus manos toda la institucionalidad y eso le convertiría en un adversario muy poderoso. Un amigo político exagera diciendo: una vez disuelta la Asamblea, el presidente sería un dictador; nunca he visto un dictador que pierda elecciones. (O)

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