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Biofeeder Camarones
Innovacion
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La historia de los guayaquileños Diego Crespo y Fernando Pino es la historia de Biofeeder, una empresa dedicada a la alimentación automatizada para el cultivo del camarón. Operan en ocho países. Para 2025 aspiran A una facturación de US$ 8 millones. Esta agrotech está marcando un antes y un después en la industria del “oro rosado”.

14 Junio de 2024 13.22

El cultivo del camarón comenzó en Ecuador hace casi 50 años de manera informal. Las primeras granjas se establecieron en el sur del país y desde entonces se han desarrollado cerca de 220.000 hectáreas de piscinas de producción. Según datos del Ministerio de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca, en 2023 se exportaron 1,2 millones de toneladas, lo que representó ingresos para el Ecuador por US$ 7.205 millones. De enero a marzo de este 2024, los ingresos generados fueron US$ 1.511 millones, con envíos de 274.000 toneladas, lo que significa una variación de -18,7 % con respecto al mismo periodo del 2023. Aun con este panorama, la industria camaronera es considerada como “el oro rosado”.

En esta industria participan Diego Crespo y Fernando Pino, dos emprendedores de la vieja guardia. No titubean al hablar de negocios porque ambos cuentan con una amplia experiencia profesional que les ha permitido desarrollar una sólida visión empresarial. Se conocen desde niños. Cada uno tomó un camino diferente en el inicio de su carrera profesional, pero el destino los juntó como socios 20 años después.

Crespo tiene 50 años y es graduado de Business Telecommunication en Colorado Technical University en Estados Unidos. Trabajó en la empresa familiar Electrocom y en 2001 volvió a EE.UU. para obtener un MBA en MIT Sloan School of Management. Crespo se quedó trabajando en Verizone como Senior Manager. Su responsabilidad era la planificación estratégica y el desarrollo de productos en el área de telefonía móvil. En 2008 se mudó a Chile para desempeñarse como Product Development en Movistar. Cinco años después regresó a Guayaquil y se reintegró a la empresa familiar.

Por su parte, Fernando Pino tiene 46 años y estudios de Economía Agrícola en Texas A&M, Estados Unidos. Regresó al Ecuador en plena crisis financiera en 1999 y recuerda que su primer salario, con el cambio de la moneda, terminó en US$ 400. Su fuerte siempre han sido los números y las matemáticas. Cuenta con un máster en Derecho y Gestión de Telecomunicaciones de la Universidad Andina Simón Bolívar. En 2003 se desempeñó como gerente Financiero en Ambev, una compañía de bebidas brasileña. En 2010 asumió la gerencia general de Especialcorp. Pino viene de una familia que se ha dedicado por décadas al negocio del camarón.

En uno de los tantos encuentros que tenían estos viejos amigos, Pino comentó que su familia había detectado la necesidad de crear un sistema de alimentación automática para el crustáceo. Luego de varias anécdotas se despidieron, pero la idea quedó rondando en la cabeza de Crespo. Pasaron varios meses hasta una nueva reunión en la que conversaron por horas sobre cómo aterrizar las ideas para automatizar el sistema. Con un apretón de manos dieron vida a Biofeeder, un servicio integral de alimentación automatizada para el cultivo de camarón. Ambos descifraron la clave que les ubicó en el mismo camino: atreverse a dejar el nido corporativo en el que habían crecido para crear algo propio. El siguiente paso era crear el mecanismo para acelerar el crecimiento, aumentar la supervivencia y mejorar la conversión alimenticia de este marisco. 

Tradicionalmente, al camarón se lo alimenta botando el balanceado en las piscinas desde una canoa. También en tolvas, un dispositivo similar a un embudo de gran tamaño con un timer, donde se coloca el alimento y se programa manualmente. Ellos tenían clara la necesidad de ofrecer tecnología a precios accesibles para la industria nacional.

En 2016, el grupo camaronero Biosuper les dio el empujón que necesitaban para arrancar. Con un anticipo de US$ 200.000 empezaron la construcción de los equipos para alimentar a los camarones. Seis meses después les vendieron 1.000 equipos para 1.000 hectáreas, lo que significó un negocio de US$ 1 millón. “Al aparato físico hay que armarlo desde el chasis, los motores, hacer la tarjeta para el desarrollo electrónico, la comunicación inalámbrica, todo concentrado en un software”.

Con una visión apasionada, una ambición eterna y una perspicacia para los negocios, estos guayaquileños desarrollaron una tecnología que permite escuchar y reconocer el sonido específico de los camarones cuando se alimentan; además. permite ajustar en tiempo real las cantidades y horarios de suministro de manera automática las 24 horas. Estos equipos trabajan a través de un hidrófono (micrófonos acuáticos), un sensor que capta la actividad del marisco y determina en qué momento esparcir el balanceado. Este mecanismo permite que el ciclo de producción del camarón disminuya de 120 días a 90 días.

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