Después de una década automatizando cifras y balances, David Paredes Gortaire nos cuenta una nueva historia en la automatización de sus servicios ya que, para él, el problema sigue siendo la velocidad con la que los números llegan.
Su apuesta es que la contabilidad deje de ser solo un proceso.
De la automatización a la inteligencia
OlivIA nació a inicios de 2026 y está diseñada para responder las inquietudes de las personas naturales.
“No es un chatbot, es un agente de inteligencia artificial que actúa como contador”.
Desde una conversación en WhatsApp, puede emitir facturas, preparar o anular declaraciones, descargar documentos del Servicio de Rentas Internas (SRI) y resolver preguntas tributarias según las necesidades de cada usuario.
En Ecuador más de dos millones de personas naturales con registro único de contribuyentes (RUC) deben cumplir con obligaciones fiscales complejas. “La mayoría de las personas depende de un contador al que paga mensualmente por el servicio y, aun así, se pierde fechas, se extravía documentos o no se logra entender la situación financiera al instante. A ese grupo apuntamos”. Lanzada hace apenas tres meses. OlivIA ya suma más de 200 usuarios.
En paralelo se creó SandIA, con la misma lógica, pero enfocada en empresas.
Funciona como un auxiliar contable que interpreta información, toma decisiones operativas y ejecuta procesos reales dentro de la gestión financiera y tributaria. “En empresas con alta trazabilidad hay procesos que toman horas, incluso días, SandIA los hace en minutos”.
Actualmente trabaja con más de 30 compañías, entre ellas Tipti, Grainman, Primax, Pay Joy, FV, Vanguardia Seguros, Pedidos Ya y Monnet Payments. Los contratos van desde US$ 1.000 hasta US$ 8.000 mensuales.
Detrás de esta innovación hay una infraestructura construida durante años.
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En 2016, David Paredes Gortaire creó ContApp, un contador digital para personas naturales y pymes. La aplicación combina automatización con soporte humano. Un robot ingresa a la página del SRI, descarga las facturas de los clientes y un equipo contable se encarga de ordenarlas, hacer las declaraciones y los impuestos correspondientes. A cada cliente se le asigna un contador y hace seguimiento a su operación. El modelo ecuatoriano se expandió a México y Perú.
Seis años después llegó Taxo, un spin off tecnológico independiente que permitió escalar la operación. Como estrategia pusieron la tecnología en manos de más contadores y empresas para construir un negocio masivo. “Automatizamos la facturación electrónica, la descarga de documentos del SRI (Ecuador) y SAT (México) y el cálculo de impuestos”.
Del software a la inteligencia
Con esta base, el siguiente paso no fue mejorar la plataforma, sino moverse hacia la IA. Así dieron vida a OlivIA y SandIA, sistemas capaces de interpretar, tomar decisiones y ejecutar procesos en tiempo real
Para desarrollarlos, David y sus socios, los ecuatorianos Jacobo Moreno, Constanza Martínez y Henry Ríos, y la mexicana Ayari Chan, levantaron en 2025 una ronda de inversión por US$ 1,5 millones, con el respaldo de Buen Trip, Seedstars, Adventures, Newlin Ventures, BL Investment y otros inversionistas del ecosistema regional. La valuation CAP alcanzó los US$ 15 millones.
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“No es fácil abrir en otros países. Cuando llegamos a México el software no funcionaba, teníamos mal hecho el cálculo de un impuesto y todas las declaraciones salieron mal. Nos tocó hacer nuevamente”. Actualmente ese país representa más del 30% de sus clientes.
El resultado de este camino es Grupo Savia, un holding que integra las cuatro marcas bajo una misma base tecnológica. El conglomerado factura alrededor de US$ 2,5 millones anuales, cuenta más de 20.000 usuarios activos, procesa más de 36 millones de facturas al año y realiza sobre 180.000 declaraciones.
El origen de esta historia
A los 19 años David Paredes abrió una franquicia de la panadería Arenas en el patio de la casa de sus padres, en Quito. “Los dueños vieron mi entusiasmo y me la dieron gratis”.
Años después vendió el negocio y apostó por una operación más grande con una licencia de Subway y heladería Sorbetto, por la que pagó US$ 120.000. “Al principio me fue bien, pero luego empezamos a perder y quebramos”. Posteriormente se fue a estudiar un MBA en el Tecnológico de Monterrey, México. Para esa época ya se había graduado en la Universidad Hemisferios en Marketing y Finanzas.
Tras de estudiar en el Tecnológico, se vinculó a Pago Fácil, una fintech mexicana que por recomendación suya abrió operaciones en Ecuador con una inversión de US$ 500.000. “Me nombraron country manager y fracasamos un año después, por la competencia”. El resto de la historia ya lo conocemos.
Hoy vive en Ciudad de México, desde donde lidera un equipo de 56 personas distribuidas entre Ecuador, México y Argentina. El plan inicial era quedarse por cinco años, Ahora dice, depende del negocio. Para 2026 la meta es consolidarse en Perú y Colombia. (I)