Un solo ciberdelincuente logró dirigir agentes de inteligencia artificial contra más de 100 empresas en apenas cinco días. Al menos 27 fueron vulneradas y, desde julio, la campaña permitió robar más de 600.000 registros de tarjetas de crédito. Para hacerlo, el atacante gastó apenas unos US$ 25 en servicios de IA por cada empresa que puso en la mira.
La operación mostró hasta qué punto la inteligencia artificial ya está siendo utilizada para automatizar ataques informáticos a gran escala y reducir drásticamente sus costos. También dejó en evidencia la velocidad con la que estas herramientas pasaron de los ensayos y las pruebas controladas a convertirse en instrumentos concretos de la ciberdelincuencia.
Para llevar adelante los ataques se utilizaron tres herramientas comerciales de inteligencia artificial y distintos modelos de acceso público. La mayoría eran de origen chino, aunque también se recurrió a una versión anterior de Claude, desarrollada por Anthropic. El operador apenas ingresaba instrucciones breves en chino y luego delegaba en los agentes gran parte de la ejecución de las tareas.

Forbes describió la campaña como una operación con una "tasa de éxito muy alta" y que requirió "prácticamente ninguna preparación", una combinación que refleja hasta qué punto estas herramientas pueden reducir las barreras técnicas para lanzar ataques a gran escala.
El cambio es profundo: una sola persona, equipada apenas con una tarjeta de crédito y una clave API, puede coordinar hoy operaciones que hasta hace poco requerían equipos completos de ciberdelincuentes especializados.
Lo que encontró Gambit
Gambit Security, una firma especializada en inteligencia de amenazas, detectó la campaña casi por accidente: el ciberdelincuente había dejado expuestos en internet los servidores que utilizaba para coordinar los ataques, lo que permitió a los investigadores reconstruir parte de la operación.
Entre el 10 y el 15 de septiembre, los agentes de IA lanzaron 105 ataques y lograron comprometer al menos 27 empresas, con distintos niveles de impacto. En 19 sitios web se confirmó la instalación de código malicioso diseñado para robar datos de tarjetas de crédito. Además, un investigador que colabora con Gambit identificó ese mismo código en más de 100 tiendas online adicionales, lo que sugiere que el alcance de la campaña fue todavía mayor.

Los más de 600.000 registros de tarjetas de crédito robados procedían de apenas dos de las empresas afectadas. De ese total, 488.000 —cerca del 79%— pertenecían a titulares de Estados Unidos. Overwatch Data, una firma especializada en prevención del fraude, analizó la información y confirmó que se trataba de registros únicos y auténticos.
La lista de víctimas da una idea de la magnitud de la operación: entre las compañías comprometidas aparecen una empresa hotelera de la Fortune 500, una importante aerolínea estadounidense, un gran distribuidor de suministros industriales y un minorista de moda online.
Lo llamativo es que este tipo de ataque rompe con el esquema habitual de muchas brechas de seguridad. Hasta ahora, las operaciones más sofisticadas solían requerir equipos especializados, semanas de reconocimiento previo y herramientas desarrolladas a medida; en este caso, buena parte de ese trabajo fue delegado a agentes de inteligencia artificial.

En este caso, los agentes lograban completar las intrusiones en apenas unas horas. En al menos dos ataques, además, no solo eliminaron información de las empresas afectadas, sino que también borraron sus copias de seguridad, lo que agravó el impacto de las brechas. El ciberdelincuente, mientras tanto, intervenía mucho menos de lo habitual: su función se parecía más a la de un supervisor que daba instrucciones y controlaba el proceso que a la de un atacante ejecutando cada paso de forma manual.
Eyal Sela, director de inteligencia de amenazas de Gambit Security, resumió a Forbes hasta qué punto la automatización modificó esa dinámica: "El ser humano está dirigiendo modelos de IA casi totalmente autónomos", señaló.
Gambit Security logró reconstruir incluso cuánto había gastado el ciberdelincuente en inteligencia artificial. Durante cuatro semanas, utilizó alrededor de US$ 7.000 en modelos de IA contratados a través de OpenRouter, una plataforma que permite acceder desde un mismo servicio a numerosos modelos desarrollados por distintas compañías.
Después de analizar 101 empresas, los investigadores calcularon un costo promedio de apenas US$ 25,46 por cada objetivo examinado. Gambit estima, además, que desde julio la campaña habría generado para el atacante entre US$ 12.000 y US$ 18.000.

La comparación ayuda a dimensionar el cambio: por una suma similar al precio de un auto usado, una sola persona pudo desplegar ataques automatizados a una escala que hasta hace poco habría requerido un grupo de ciberdelincuentes con diferentes conocimientos técnicos.
El problema no está únicamente en el bajo costo. La inteligencia artificial permite acelerar las tareas, multiplicar la cantidad de objetivos y repetir los intentos con mucha menos intervención humana, una combinación que eleva el riesgo para cualquier empresa o comercio que procese pagos a través de internet.
Ese escenario obliga a revisar las estrategias de protección y a destinar más recursos a detectar amenazas en tiempo real, controlar la actividad automatizada y garantizar la integridad de los sistemas de pago. A medida que los ataques se vuelven más baratos y escalables, también aumenta la necesidad de identificar y bloquear una intrusión antes de que llegue a comprometer información sensible.

¿Quién se beneficia?
El crecimiento de los ataques automatizados también pone en primer plano a las empresas que se dedican a detectar, bloquear y mitigar este tipo de amenazas. Una de ellas es Cloudflare, cuya infraestructura se ubica por delante de alrededor del 26% de los sitios web, lo que le permite observar a gran escala el tráfico de bots, las tácticas utilizadas por los estafadores y la aparición de nuevos patrones de ataque.
Cloudflare confirmó a Forbes que desactivó infraestructura vinculada con esta campaña en colaboración con la Fundación Shadowserver, una organización sin fines de lucro dedicada a identificar amenazas y alertar a las posibles víctimas. Sin embargo, el ciberdelincuente volvió a poner en funcionamiento los servidores en varias oportunidades, mientras que Gambit sostiene que la actividad maliciosa todavía continúa.
Ese escenario también explica por qué la demanda de servicios de ciberseguridad sigue creciendo. Cloudflare cerró el segundo trimestre con ingresos por US$ 696 millones, un 36% más que un año antes, en un período que la propia compañía describió como récord por el crecimiento de su base de clientes pagos.
El avance de este tipo de ataques también podría favorecer la demanda de soluciones ofrecidas por otras compañías del sector. Entre ellas aparecen Zscaler y Palo Alto Networks, especializadas en acceso de confianza cero y prevención de amenazas; CrowdStrike y SentinelOne, enfocadas en detección y protección de endpoints; además de proveedores vinculados con seguridad de pagos y prevención del fraude.

Muchos inversores todavía miran el riesgo cibernético asociado a la inteligencia artificial como una amenaza de mediano plazo o como una discusión limitada a la seguridad de los propios modelos. Este caso muestra otra realidad: los agentes autónomos ya pueden utilizarse para ejecutar ataques reales, con costos bajos y una intervención humana cada vez menor. La cuestión, entonces, deja de ser si este tipo de ciberdelincuencia va a expandirse y pasa a ser qué tan rápido puede alcanzar al comercio electrónico, el turismo, los bienes digitales y cualquier actividad que procese pagos online.
Para los inversores, la consecuencia es directa: a medida que estos ataques se vuelven más baratos, rápidos y escalables, también aumenta la presión para que comercios, procesadores de pagos y plataformas digitales refuercen su inversión en ciberseguridad y prevención del fraude.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com