El ecuatoriano que dirige un hotel que navega por el mundo
Juan Sebastián Guijarro dirige la operación hotelera del National Geographic Resolution, uno de los barcos de expedición de Lindblad Expeditions. La compañía con sede en Estados Unidos se especializa en llevar viajeros a los lugares más remotos del planeta. Con operaciones en los siete continentes en alianza con National Geographic, el grupo cerró 2025 con ingresos de US$ 771 millones.

Guijarro creció entre huéspedes, habitaciones y maletas. Su abuelo tenía el hostal Los Geranios, en el Centro Histórico de Quito y aquel lugar terminó convertido en su primer contacto con la hospitalidadAllí pasaba las tardes jugando con sus primos y su hermano. 

“Todos los 31 de diciembre dábamos una vuelta a la manzana con una maleta para pedir que en el nuevo año viajáramos. Ahora pienso que di muchas vueltas porque no he parado de viajar”, dice entre risas.

En el colegio Spellman de Quito, donde cursó sus 12 años de estudio tenía muy buenas notas, aunque él reconoce que la conducta era otra historia y sus papás todos los meses eran llamados al rectorado. En esa época, una persona tuvo una influencia decisiva. “El padre Antonio Hernández me involucró en obras sociales. Me decía siempre, que lo más importante es ser un buen ser humano. Hay que hacer lo que dices y predicas, porque una cosa es la palabra y otra es la acción”.

Al terminar el colegio pensó inicialmente en estudiar Economía, porque tenía de referencia a un tío que había trabajado en organismos internacionales. Finalmente se inclinó por hospitalidad. “Me gané una beca completa, por mi buen examen de admisión”. Se graduó simultáneamente de Hospitalidad y Desarrollo Turístico.

Su primera experiencia laboral llegó con una pasantía en el Hilton Colón Quito, en el departamento de crédito y cobranzas. Su trabajo consistía, entre otras cosas, en archivar y ordenar información. “Sentía que no era lo que quería. Entonces hablé con el responsable de banquetes y eventos y los fines de semana trabajaba con ellos. "Me pagaba US$ 1 por hora”.

Durante tres veranos hizo pasantías en Estados Unidos. La primera fue en Columbus, Ohio, en un Hyatt Regency. Comenzó en el área de house keeping limpiando habitaciones. “Mi supervisora era exigente, pero despectiva en el trato. Me dije, nunca voy a ser así de jefe”.  Luego pasó por lavandería, clasificó lencería, dobló cientos de sábanas y toallas y aprendió a planchar. En las noches se consiguió un segundo trabajo, vendiendo hamburguesas en Wendy’s. “Logré comprarme mi primera computadora”.

La siguiente  fue en Boston. Primero trabajó en una empresa de valet parking, ganaba US$ 6 por hora. “No me alcanzaba para cubrir el arriendo”. Buscó otras alternativas, hasta que consiguió una posición de botones en el Hyatt Regency. “Las propinas llegaban hasta US$ 200 diarios.

El tercer verano, tenía una oferta para trabajar en Aspen Colorado, pero la rechazó por irse con su novia a Boston al mismo hotel del año anterior. “Me propusieron participar en un management trainning program para que me integrara al equipo cuando me gradúe”.

Pero apareció otra opción que no estaba en sus planes. A través de la bolsa de empleo de la universidad comenzó a entrevistarse con distintas compañías. Entre ellas estaba una empresa turística que operaba cruceros en las islas Galápagos. “Me atrajo lo desconocido y también tenía pena de separarme de mi hermano de 11 años”. Finalmente eligió el archipiélago.

Juan Sebastián Guijarro aprendió a dirigir en la industria de la hospitalidad en las aguas de las islas encantadas. En enero de 2007, recién graduado de la Universidad San Francisco de Quito, ingresó a una empresa dedicada a operar cruceros, ahí asumió su primer reto. Le asignaron la gerencia hotelera de uno de sus barcos con capacidad para 32 pasajeros. Descubrió que, en el mar, el liderazgo no se ejerce desde una oficina o como en un hotel en tierra firme, sino que hay que estar muy cerca de la tripulación, del servicio y, sobre todo, de los pasajeros e incluso cuando hace falta, ponerse a trabajar de todo.

El incendio que marcó su carrera

Dos años después, los barcos le darían una de las lecciones más duras de su carrera. Era 13 de enero de 2009. A Guijarro le asignaron ese día la gerencia del Parranda, un yate de 16 personas que recibía un chárter de la BBC (British Broadcasting Corporation). 

Una noche, luego de navegar entre Isabela y Bartolomé, sintió un olor poco común. “Estábamos anclados en la bahía de la isla”. Cuando yo me dirigí a mi cabina con planes de descansar, nuevamente detecté un fuerte olor a gas, entonces decidí subir hacia la proa del barco en donde había un solario (terraza). 

Más o menos a las 10 de la noche vi que salía humo negro por las cornetas. El barco se incendiaba”.  Guijarro cuenta que comenzó a caminar rápido y a golpear las puertas de los camarotes. “Hay una emergencia”. Solo una de las tres pangas pudo utilizarse para evacuar a los pasajeros, ya que a las otras les consumió el fuego rápidamente. Una embarcación pequeña que pasaba cerca del sitio de anclaje les ayudó en el rescate. 

“Cuando solo quedábamos la tripulación, descubrí que ya no había salvavidas para mí y Bachita, mi compañera de trabajo compartió el suyo en el mar y me salvó la vida”.

Poco tiempo después, la dirección de la empresa le dijo; “Perdón, hijito, usamos lo de tu seguro de todo riesgo para pagar el combustible. Ese día renuncié y pensé que el mar terminó para mí”.

Tenía 27 años y creyó que había cerrado definitivamente esa etapa. Había aprendido a vivir en el mar, a dirigir una tripulación y a resolver situaciones difíciles. Ahora tocaba empezar de nuevo. “Al poco tiempo me llegó un correo de Lindblad Expeditions que me quería en sus barcos. En la universidad había estudiado la historia de Lars-Eric Lindblad, uno de los pioneros del ecoturismo y el empresario que llevó turistas a Galápagos décadas atrás. Esa organización lo estaba buscando.

El sueño llamado Lindblad

El 20 de agosto de 2010 entró a trabajar como gerente de hotel del National Geographic Islander en Galápagos, un barco de 48 pasajeros.

Lo que entonces parecía un paso más en su carrera terminaría convirtiéndose en una relación profesional de más de 15 años.

Fundada en 1979, es una compañía global especializada en viajes de expedición, con experiencias en los siete continentes y una alianza con National Geographic para sus viajes marítimos. En 2025, registró ingresos por US$771 millones.  Cerraron el año con una ocupación promedio del 88%

Guijarro entendió que un gerente de hotel no dirige solamente operaciones y restaurantes. Está a cargo de buena parte de la vida cotidiana a bordo, incluso de situaciones que aparecen cuando el barco está navegando. “Hay gente difícil, que grita, se enoja o que pide cosas difíciles de complacer. Trato de ponerme siempre en el zapato de ellos”.  Su fórmula, ser firme, pero con amabilidad y tener siempre buena cara.

Diez años después, Lindblad le propuso salir del archipiélago para navegar por el mundo. “Era empezar de nuevo”.

En enero de 2020 llegó a Noruega para participar en la construcción del National Geographic Endurance. El escenario era completamente nuevo’. “Nunca había visto nevar, me congelaba del frío”. El barco mide unos 150 metros de largo y alrededor de 25 metros de ancho, con capacidad para unos 140 pasajeros.  “Cómo llegó la pandemia me quedé encerrado y pude recorrer sus pasillos, revisar las áreas, lo conocí como la palma de mi mano. Pasé más de 17 meses sin salir”.

Finalmente, el primer viaje fue en agosto de 2021, pero no fue como se esperaba. “Estábamos en Islandia y un pasajero dio positivo por covid, por ser contacto primario me aislaron con otros miembros de la tripulación. El crucero fue cancelado y se devolvió el dinero a los pasajeros”.

Un hotel que navega por el mundo

Actualmente, Guijarro trabaja a bordo del National Geographic Resolution, uno de los barcos construidos para moverse en aguas polares. Cuenta con 70 cabinas para un máximo de 140 pasajeros y una tripulación de 100 personas.  Su oficina puede estar en la Antártida, una semana después en Patagonia, luego en Groenlandia, pasando por el Ártico, Alaska, Japón y también llegar a la Polinesia Francesa o Isla de Pascua. Trabaja tres meses seguidos y después tiene tres libres.

 “Una madrugada, recibimos la llamada de que un pasajero aparentemente estaba sufriendo un paro cardíaco. Fuimos con la doctora, que ahora es mi esposa a verlo. Empezamos a conversar para tranquilizarlo, mientras ella lo revisaba. Poco a poco recuperó la calma y su pulso volvió a la normalidad. Fue una crisis de ansiedad”.  

Juan Sebastián Guijarro, a bordo del National Geographic Resolution, foto: cortesía 

En sus primeros cinco años de operación, el National Geographic Resolution ha navegado aproximadamente 354.627 millas, con un promedio cercano a 71.000 millas por año. “Para ponerlo en perspectiva, esta distancia equivale a dar más de 14 vueltas completas alrededor del mundo”, explica Guijarro.

La logística detrás es enorme.  Cada noventa días, el buque recibe 19 toneladas de ingredientes secos y 13 toneladas de productos congelados.

Para un viaje a la Antártida de 10 días con abastecimiento en Ushuaia (Argentina), se reciben normalmente entre tres y cuatro toneladas de alimentos frescos.
Para una travesía de 17 días desde Nome, Alaska, hasta Japón, se proyecta el abastecimiento de aproximadamente 6 toneladas de provisiones frescas.

Y esa es apenas una parte de la operación. Unas 1.200 sábanas entran en rotación y alrededor de 2.500 toallas deben ser lavadas.

Las expediciones de una semana al Ártico o Antártica pueden partir de US$ 19.000 y alcanzar los US$ 40.000 por persona. Uno de Alaska a Japón puede llegar a valores entre US$ 41.000 a US$ 78.000 por pasajero.

“A mi tripulación siempre le digo que los huéspedes son mis invitados. Hay que hacerles sentir que están en casa, que existe una conexión familiar”. 

El precio de vivir en el mar

Los últimos cinco ańos ha pasado en algunos de los lugares más extraordinarios del planeta. “ No pude ver nacer a mi primera hija. Si hay una emergencia o alguien de la familia se enferma ya ni me avisan para no preocuparme”. Pronto nacerá su segunda hija y esta vez sí se aseguró de que podrá estar presente.

También ha vivido en carne propia dolores que no entienden de itinerario, ni calendarios. “Casi me muero con el dolor insoportable por una piedra en el riñón, me aguanté 33 días con paracetamol hasta que llegamos a Alaska”.  

Juan Sebastián Guijarro volvió a preparar sus maletas. Le esperaban tres meses más a bordo. Esta vez, la ruta comenzó en la Patagonia, seguirá hacia la Antártida y después llevará al barco hacia el norte, rumbo al Ártico, Groenlandia y Alaska. Noventa días después volverá a tierra, porque para este ecuatoriano de 43 años los viajes solo cambian de rumbo. (I)