Julissa Villanueva Periodista
Todo empezó cuando el halago se volvió un patrón. El “¡Qué bien hablas!” dejaba de ser un cumplido casual y empezaba a repetirse como una constante, luego venía la misma petición: “dame tips para hablar así en público”. Andrea Rendón, de 48 años; Vanessa Moyano (40) y Clara María Reyes (43) entendieron rápido que más que admiración, detrás de esa frase había una necesidad real y, por lo tanto, una oportunidad de negocio.
Lo que comenzó tomando café, audios por WhatsApp y conversaciones íntimas de excompañeras de trabajo terminó convirtiéndose en una firma que hoy ofrece sus servicios por enseñar cómo comunicar, de forma estratégica e integral, a CEO, empresarios y políticos.
En una sala de reuniones de un hotel del centro de Guayaquil, al pie del Malecón del río Guayas, las tres hablan con Forbes Ecuador sobre cómo trabajan en su día a día. Se interrumpen, completan las frases, se corrigen entre risas y recuerdan historias como si no estuvieran en una entrevista, sino en una sobremesa entre amigas. Una empieza una anécdota y otra la termina. La tercera agrega el detalle que faltaba. Ahí también se entiende por qué el negocio funciona, hay una comunicación total entre ellas.
Transmiten confianza y seguridad sobre lo que saben. Esa misma dinámica es la que las llevó a identificar una necesidad silenciosa, pero frecuente en el mundo corporativo. “Hablar frente a otros parece fácil, hasta que toca hacerlo. No tienes idea de cuánta gente llega y se fija que tienen muchas barreras o conflictos internos. Presentar una idea ante el directorio, defender un proyecto frente al jefe o responder una entrevista puede convertirse en un bloqueo, incluso para quienes llevan años liderando empresas”, comenta Andrea.
Entender esa vulnerabilidad fue el punto de partida para transformar la comunicación ejecutiva en un negocio de alto valor que las llevó a crear una metodología registrada llamada ‘Encuentra tu propia voz’, que hoy acompaña a quienes toman decisiones dentro de sus organizaciones, a través de ONCE Comunicación.
“Con nuestros clientes, que son como nuestros estudiantes, se genera una energía muy única, que va más allá de lo profesional. Si hay algo que caracteriza a ONCE es que tenemos una calidad humana envidiable entre las tres, somos un equipo; estamos unidas todo el tiempo. Nos apoyamos”, agrega Clara María.
Así se armó el equipo
El origen de todo fue sencillo. Andrea y Vanessa acababan de salir de Ecuavisa y ya lideraban proyectos desde sus marcas personales cuando decidieron sentarse a tomar un café. Andrea había sido presentadora, directora de contenidos de un espacio matinal y se ha especializado en sostenibilidad; Vanessa, jefa de Prensa del canal y especialista en Relaciones Públicas.
Entre ideas sobre qué podía necesitar el mercado, qué ofrecer, cómo transformar 20 años de experiencia en una propuesta real y entre quiénes armar el equipo, apareció el nombre de Clara María, excompañera del canal. “Tenemos que llamarla”, recuerdan. Sentían que ese proyecto necesitaba una tercera pieza y que esa persona tenía que ser ella.
La llamada llegó en junio de 2021. Clara María estaba entonces como editora general de una revista, mantenía también su programa de radio y cursaba una maestría en Argentina. Del otro lado del teléfono, Andrea y Vanessa fueron directas y la respuesta fue inmediata. “Yo dije sí”, recuerda, entre risas, porque hasta ese momento desconocía detalles. A pesar de tener ya una carrera consolidada y múltiples responsabilidades, entendió que había espacio para ese nuevo proyecto.
Así nació ONCE Comunicación, cuando el tercer hijo de Andrea tenía apenas un mes de nacido y el de Clara María estaba a cuatro meses de nacer. Entre embarazos, maternidad, otros trabajos y agendas imposibles, decidieron construir una empresa sin renunciar a ninguna de sus otras versiones. Al momento, la firma ha entrenado a más de 600 personas y prepara su internacionalización. @@FIGURE@@
La introspección y el speaker training
¿Por qué ONCE? Al realizar la pregunta, Andrea y Clara María miran automáticamente a Vanessa. “Ella es nuestra vocera oficial para responder esa parte”, dicen en coro. Es la señal de que el nombre ONCE también tiene su propia historia. Después de muchas vueltas y varias opciones descartadas, fue Vanessa quien propuso 11:11, que simboliza la conexión entre el consciente y el inconsciente. “El 11 es un número espejo, está reflejado y simboliza la unión entre ambas partes”, explica.
Para ellas, esa idea conectaba directamente con su metodología de trabajar primero lo interno (miedos, creencias, seguridad, autoconocimiento) para luego fortalecer la comunicación externa. Ese “círculo cerrado”, como lo describen, terminó convirtiéndose en la esencia de su propuesta. “Nadie comunica bien hacia afuera si primero no trabaja lo que ocurre adentro”, insiste Vanessa.
Bajo esa premisa, de impulsar un ejercicio de introspección, entrenan a altos ejecutivos a través de su programa ‘estrella’ Speaker Training. “Trabajamos con perfiles muy altos porque no buscan aprender a hablar desde cero; buscan perfeccionar, trascender y proyectarse mejor”, añade Clara María.
El programa funciona con grupos reducidos de máximo 15 personas, sesiones presenciales, acompañamiento personalizado, ejercicios audiovisuales y la metodología propia. “No es una clase. Es un programa inmersivo donde cada persona llega con necesidades distintas y recibe teoría, práctica y retroalimentación personalizada”, dice Vanessa.
El programa abierto al público tiene un valor promedio de US$ 680 más IVA por participante. La versión corporativa alcanza los US$ 4.200 para grupos de hasta 15 personas. También desarrollan talleres empresariales, procesos personalizados de entrenamiento ejecutivo y construcción de imagen que van desde US$ 2.200 hasta US$ 6.000.
La lógica no está en el volumen, sino en el valor. Comunicar mal puede costar reputación, liderazgo, credibilidad o negocios. “Hay personas que generan millones para sus empresas y llegan aquí diciendo: necesito aprender esto mejor. Ahí entiendes por qué están donde están”, dice Andrea.
Tres vidas conectadas
Hay un personaje inesperado en esta historia: Agustín Febres Cordero, esposo de Vanessa. Las tres se ríen cuando aparece su nombre porque, sin proponérselo, terminó siendo el hilo conductor entre sus vidas. Fue compañero de kinder y primaria de Andrea. “Yo conocí a Vanessa vestida de blanco en el matrimonio de mi amigo”.
Años después, cuando Clara María trabajaba en Ecuavisa, él la invitó a participar en un programa de radio en Radio City. Ella aceptó como invitada, sin saber que en realidad era un casting. “Me fui feliz, pensando que solo había ido de invitada, y dos semanas después me llamaron para decirme que estaba contratada”, cuenta.
Ese mismo Agustín fue quien más adelante recomendó la hoja de vida de Vanessa cuando Clara buscaba una nueva jefa de Prensa y Comunicaciones en Ecuavisa. “Agustín es transversal”, rematan las tres.
Andrea cuenta que de niña se paraba frente al espejo con un cepillo como micrófono y fingía programas de radio. Antes de terminar la frase, Clara María la interrumpe: “¡Yo hacía exactamente lo mismo!”. Las tres se ríen.
Andrea creció rodeada de comunicación mucho antes de convertirla en profesión. Su padre, Guillermo Rendón, fue radiodifusor y fundador de Asociación Ecuatoriana de Radodifusión (AER), y en casa abundaban los cuentos, las historias y el storytelling. “De niña jugaba a grabar programas de radio, pero yo me considero primero escritora. Lo que más me gusta es escribir”, dice.
Clara María siempre puntualiza que es ecuatoriana y colombiana. “Nací en Ecuador, pero a los cinco años me fui a vivir a Colombia. Así que adopté el acento”. Creció entre caseteras y una familia de dramaturgos. Durante años creyó que su vida estaría en las artes escénicas, hasta que eligió la comunicación y encontró en la radio una de sus grandes pasiones.
Vanessa, en cambio, nunca imaginó que terminaría en este mundo. “Yo me veía más cerca de la psicología, la antropología o incluso las relaciones diplomáticas”. Siempre fue la amiga a la que buscaban para pedir consejo. La que sabía escuchar y encontrar la palabra justa. Hoy reconoce que esa sensibilidad humana es una de sus mayores fortalezas profesionales.
Gran parte del conocimiento de las socias de ONCE también se traduce en contenido diario. En las redes de la empresa comparten herramientas prácticas nacidas de años entrenando a altos directivos: cómo identificar muletillas, evitar quedarse en blanco y sostener una pausa sin que se convierta en pánico.
Palabras como “eh”, “este”, “o sea”, “literal” o “digamos” pueden debilitar un discurso. Su recomendación no es eliminarlas de golpe, sino detectarlas: grabarse, escucharse y reconocer cuándo aparecen. Otro error frecuente es quedarse en blanco. Ahí repiten una regla simple: primero escribe, después practica. Ordenar las ideas fortalece el mensaje; luego viene el ensayo, incluso frente al espejo.
Para ellas, comunicar bien no es un talento reservado para unos pocos. Es una habilidad que también se entrena y que esperan, a mediano plazo, compartir con el público hispanohablante, a través de su programa traducido a formato online. (I)