"Estar siempre conectado", el hábito que puede dañar la salud cerebral de los ejecutivos
Julian Hayes IIColaborador
Julian Hayes IIColaborador
En la NFL, la principal liga de fútbol americano de Estados Unidos, es poco común que un jugador llegue a la semana 12 de la temporada sin molestias ni dolores. Algo similar ocurre con los ejecutivos, que después de convivir con presiones constantes y múltiples exigencias, pocas veces llegan a la oficina en condiciones óptimas. La presión asociada a los puestos de alta dirección muchas veces también termina afectando el descanso y reduciendo las horas de sueño.
Al igual que los atletas, los ejecutivos pueden adaptarse y mantener un rendimiento notable incluso con fatiga. Años de experiencia, una buena red de apoyo, la adrenalina y una enorme fuerza de voluntad pueden ayudar a los líderes a atravesar períodos de descanso deficiente sin cometer errores evidentes. Sin embargo, esa capacidad también puede generar una falsa sensación de bienestar a largo plazo.
Un ritmo de trabajo que exige disponibilidad permanente se convierte, de forma gradual, en una condición implícita del puesto. Si esta dinámica se repite durante una carrera de 20 o 30 años, ¿qué efectos tienen la presión crónica y la falta de sueño sobre el cerebro de un líder a medida que envejece?
La salud de un líder depende de un sistema complejo en el que distintos factores se relacionan entre sí. El sueño influye en la forma en que los líderes responden al estrés y, a su vez, el estrés afecta su capacidad para conciliar el sueño y recuperarse. Con el paso de los años, esa relación puede volverse cada vez más difícil de separar.

Una revisión de npj Dementia analizó el sueño y el estrés crónico como posibles factores modificables asociados con la enfermedad de Alzheimer. Los investigadores estudiaron de qué manera ambos pueden afectar la inflamación, el mantenimiento de las células y los mecanismos que utiliza el cerebro para eliminar proteínas acumuladas con el paso del tiempo.
Durante el sueño, la autofagia, el proceso mediante el cual las células reciclan componentes dañados, ayuda a mantener su funcionamiento, mientras que el sistema glinfático se encarga de eliminar los residuos del cerebro. Las interrupciones persistentes del descanso pueden afectar ambos mecanismos. El estrés crónico agrava todavía más el problema, ya que altera la regulación de las proteínas y mantiene activa la neuroinflamación, es decir, una respuesta inflamatoria prolongada en el cerebro.
Dicho esto, buena parte de la evidencia que explica en detalle estos mecanismos proviene de estudios en animales y de investigaciones preclínicas, realizadas antes de probar una hipótesis de forma directa en personas. Esto deja abiertas interrogantes importantes sobre la relación de causa y efecto en humanos. Sin embargo, el estrés crónico y persistente, junto con las alteraciones del sueño, puede alimentar un círculo vicioso que se refuerza durante años, incluso cuando un líder mantiene un alto nivel de desempeño laboral.
Cuando un acuerdo se cae o una crisis llega a la máxima conducción de una empresa, los líderes deben evaluar las amenazas con rapidez y tomar decisiones. Parte de esa respuesta depende del locus coeruleus, una pequeña región del tronco encefálico que forma parte del sistema de alarma del cerebro. Esta zona regula el nivel de alerta, la atención, la memoria y la respuesta al estrés, y ayuda a concentrar los recursos mentales ante una amenaza inmediata.

Esta misma región también interviene en la regulación del ciclo de sueño y vigilia y es una de las primeras zonas en las que puede aparecer la patología tau, una acumulación anormal de una proteína en el cerebro, asociada con el deterioro cognitivo y con enfermedades como el Alzheimer. Esa coincidencia le otorga al locus coeruleus una importancia particular para los líderes que atraviesan una y otra vez episodios de gran tensión, sueño irregular y períodos de recuperación insuficientes.
Para los líderes, el desempeño actual ofrece pocas señales de lo que puede ocurrir más adelante. Mantener la lucidez y la eficacia durante una llamada con inversores para presentar resultados financieros o reaccionar con rapidez ante una crisis dice poco sobre las probabilidades de conservar esas capacidades durante la próxima década.
El éxito puede ocultar vulnerabilidades. Para muchos ejecutivos, los indicadores de desempeño suelen ser de los últimos en mostrar señales de deterioro. Su experiencia y su capacidad para mantener buenos resultados, incluso cuando su salud empeora lentamente, pueden volverlos vulnerables.
Los ejecutivos excepcionales suelen reunir una combinación particular: alta tolerancia al estrés, gran ambición y una gran capacidad para generar ingresos. Estas cualidades les permiten superar problemas sin que su rendimiento presente un deterioro evidente. Sin embargo, años de descuido acumulado pueden reducir poco a poco ese margen. Un desempeño sólido y sostenido puede ocultar que la capacidad de un ejecutivo a largo plazo empieza a deteriorarse.
Cuando la tensión acumulada alcanza un punto crítico, las primeras señales suelen manifestarse como cambios sutiles en la calidad del liderazgo. Los problemas de salud de los líderes pueden afectar los objetivos de la empresa, al personal, a los inversores, a su familia y a todas las personas que dependen de sus decisiones. Por eso, los trastornos persistentes del sueño y el estrés crónico sin controlar deben ocupar un lugar prioritario, incluso cuando los resultados todavía son favorables y todavía existe margen para actuar.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.