Forbes Ecuador
Pablo Torres, CEO de Torres&Torres.
Fotos : Pavel Calahorrano Betancourt
2 Agosto de 2026 06.00

María Judith Rosales Andrade

Pablo Torres sale a la cancha a jugar de igual a igual

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Pablo Torres comenzó a los 21 años como auxiliar de un agente de aduanas. Actualmente, es el CEO de Torres & Torres, un conglomerado logístico de cuatro empresas y más de mil empleados.

Los contenedores llegaban con los sellos intactos, pero la mercadería incompleta. Para Pablo Torres aquello no tenía sentido. Si nadie había abierto las puertas, 

“Me decían que la carga salió incompleta del país de origen”. La explicación no le convenció. Decidió investigar. “Fotografié los sellos, revisé minuciosamente todo y descubrí que los delincuentes los rompían, sacaban la mercadería y luego los volvían a pegar con pegamento instantáneo. Era casi perfecto”.

Enseguida identificó lo que llamó “autopsia del delito”. Siguió a los camiones que salían del puerto de Guayaquil y encontró que algunos se desviaban durante el trayecto para realizar la operación ilícita.

Estos episodios en la década de los años noventa, le permitieron entender que nada iba a cambiar, sino compraba sus propios cabezales. “Decidí adquirir mi primera flota”, recuerda. 

Compró diez camiones y tres furgones para carga suelta. “Me endeudé en US$ 10 millones con Filanbanco y Exinbank, casi quiebro en el camino, porque la deuda era en dólares y mis ingresos en sucres. Tenía que pagar US$ 10.000 mensuales”. 

La llegada de la dolarización fue un respiro para este empresario. El transporte se convirtió en una nueva línea del negocio y Torres dejó de mirar a la aduana como un punto aislado.

Actualmente, esa visión se traduce en más de 40.000 trámites aduaneros al año, alrededor de 60.000 contenedores movilizados y una flota propia de 160 camiones. El Grupo Torres & Torres, en 2025, registró una facturación de más de US$ 47,5 millones de ingresos y una utilidad de entre US$5 millones y US$6 millones.

Esta historia empezó hace seis décadas

Tiene 61 años, es el menor de cuatro hermanos y tiene un mellizo. Crecer junto a él no siempre fue sencillo. “Antes hacían que nos vistieran igual, los mismos amigos, compartíamos todo. Y eso no es bueno porque, a la final, peleas espacios sin saberlo”.

Torres era más extrovertido que su mellizo. Durante años, incluso, hubo personas que los confundían. “Yo daba los exámenes por él hasta que nos cacharon”.

Estudió en el colegio Javier y encontró en el deporte una de sus primeras pasiones. Fue maratonista, también fue seleccionado de fútbol y jugó en las divisiones menores de Barcelona. “En un momento pensé volverme futbolista profesional”. 

El divorcio de sus padres cambió las prioridades. Fue mesero y dio clases particulares para ayudar a sostener sus estudios.

Mientras estudiaba ingeniería electrónica en la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol) comenzó a construir una formación que completó con comercio exterior. Se graduó en 1990. “Era bueno en matemáticas y mi cabeza pensaba muy rápido. Eso me facilitaba estudiar”.

El descubrimiento de las aduanas

A los 21 años, su padre le presentó a Carlos Bourne, un agente de aduanas. Pablo entró como auxiliar y desde el día uno se sintió identificado con esa actividad. 

 Ingresó a la Escuela de Aduanas, rindió el examen y, después de un año de estudios, obtuvo su credencial como agente. Tenía 23 años. “Ya podía firmar documentos”.

 Convirtió la casa de su madre, en el sur de Guayaquil, cerca del puerto, en su primera oficina. “Primero ocupé mi dormitorio, luego la sala, el comedor. Poco a poco invadí toda la casa”.

Empezó con dos clientes, una empresa de repuestos para automóviles y otra vinculada a la construcción. Tenía seis colaboradores.

 Después llegaron las multinacionales. Colgate, Nabisco y Unilever fueron las primeras. El trabajo de entonces era muy distinto al actual. “Los procesos eran manuales y podían tomar una semana. Cada trámite implicaba recorrer diferentes departamentos. En ese entonces no había una tarifa fija. Casi casi nos inventábamos los valores”.  Al honorario por trámite se sumaban gastos de bodega, administración o transporte. En algunos casos, el costo final podía llegar a unos US$500.

Pablo Torres decidió hacer algo diferente. Estableció una tarifa fija que incluía todos los costos. Los clientes pagaban lo mismo por el servicio. “Gane o pierda, cobraba igual a todos”. El valor rondaba los US$ 350.000 sucres.

También creó Ciateite, especializada en transporte de carga pesada, con lo que resolvió el problema de los robos de mercadería.

De agente a empresario

En 1995, luego de finalizar una maestría en Administración de Empresas decidió que debía constituir una firma. Tenía 28 años. “Ahí aprendí que debía hacer una empresa y llevar contabilidad”. Constituyó Torres & Torres e incorporó a su familia como socios.

El primer año facturó alrededor de US$200.000. Contaba con unos 30 empleados y unos 20 clientes. Cobraba como US$280 por contenedor y podía desaduanizar alrededor de 80 a la semana.

Creó una escuela de agentes de aduana. Iba a las universidades, buscaba jóvenes interesados en trabajar y los entrevistaba personalmente.

Adicionalmente certificó la compañía bajo la norma ISO 9001.  “Mi empresa es una industria de hacer trámites”.

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La diversificación volvió a surgir de la necesidad de un cliente.

“El ejecutivo de una multinacional, me dijo, necesitamos importar cosas, pero por política interna no podemos hacer gestiones en los ministerios. ¿Tú las puedes hacer?”.

Aceptó y así nació Tolepu, especializada en transporte y almacenamiento, y el brazo internacional del grupo. Maneja unos 800 clientes y mueve alrededor de 900 contenedores mensuales desde Ecuador hacia distintos mercados. En 2025, facturó unos US$8 millones. La escala es diferente a la de un trámite aduanero. Un embarque marítimo desde Shanghái hasta Guayaquil puede rondar los US$9.000, dependiendo del tamaño y las condiciones del transporte.

Torres & Torres dejó de ser una agencia de aduanas para convertirse en un operador integral de comercio exterior.

El grupo reúne cinco líneas de actividad: agenciamiento aduanero, transporte de carga pesada, embarques internacionales, almacenamiento y Torrestibas

Actualmente, tiene más de 1.000 empleados y unos 2.400 clientes. Entre ellos están Mondelez, Heineken, Sony, EKA, Colgate, Holcim, Huawei, Boehringer, Tanasa, Cervecería Nacional, Abbott, Bayer e Inducorp. 

En agenciamiento aduanero procesa más de 50.000 trámites anuales y otros 40.000 relacionados con temas de importación. Su tarifa estándar ronda los US$300 por contenedor.

La tecnología también se aplica a la seguridad. Después de detectar que algunos contenedores podían volcarse porque los conductores no colocaban correctamente los sistemas de seguridad, el grupo creó una escuela de conducción con simuladores y programas de capacitación. “Si algo ocurre una vez hay que entender por qué pasó y si vuelve a ocurrir, hay que crear un sistema para evitarlo”.

Los no negociables

Sus no negociables son la honestidad, la transparencia y la verdad.

Construir una compañía alrededor del comercio exterior también ha significado moverse en un entorno de riesgos. “He recibido dos amenazas de muerte. Una vez con pistola en mano y la otra por negarme a pagar una extorsión”.

Torres & Torres todavía está en su primera generación. El grupo tiene actualmente 14 accionistas y Pablo aspira que en los próximos tres años exista un protocolo de gobierno corporativo.

Fuera de la oficina, este guayaquileño mantiene una rutina deportiva. Va todos los días al gimnasio durante una hora. “Eso me ayuda mentalmente”. A sus 61 años Pablo Torres, sale a la cancha a jugar de igual a igual, como lo hacía cuatro décadas atrás. (I)

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