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Restaurante COR Quito - Ecuador
Lifestyle
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En este espacio, abierto desde junio del año pasado, el amor de la familia, el cariño entre amigos, las cosas que realmente importan se plasman en cada rincón. Su gastronomía, top. Y sus ambientes, acogedores y funcionales para todos los gustos.

09 Enero de 2022 11.27

¿Quieres sentarte a trabajar o simplemente ver a la gente pasar detrás de la ventana? Aquí es. 

¿Quieres tomarte un café, conversar o leer un libro? Aquí es. 

¿Quieres pasar un buen rato, tomarte un coctel y ver un partido de fútbol? Aquí es. 

¿Quieres comer algo que te haga sacudir los sentidos? Aquí es. 

Este corazón, ubicado en el corazón de Cumbayá, Quito, hará que te enamores vez tras vez de tu familia, de tus amigos, de tu hogar. Qué mejor que llegar a un lugar donde puedas ser tú mismo y sentirte como en casa, sin poses, sin etiquetas. Sí, has adivinado, ¡aquí es!

David Ibarra. Foto: Pavel Calahorrano. 

COR es el resultado de un sinnúmero de ideas que rondaban en la mente del cocinero David Ibarra desde hace algunos años. Lo único que tenía claro es que debía ubicarse donde ahora está ubicado. Llámese azar, llámese destino, llámese manifestación, llámese alineación de los planetas, lo cierto es que durante la pandemia la misma casa que él quería tener, estuvo disponible. Y, aunque al principio pensó que sería bueno montar un pub informal, la magia de esa construcción, su arquitectura, motivó a cambiar todo el concepto. Junto a otros dos socios y US$ 70.000 de inversión se concibió este establecimiento con capacidad para alrededor de 64 personas. 

COR, sin la línea encima de la O, en catalán, significa corazón. El detalle sobre la vocal se puso en honor al restaurante noruego Maaemo, tres estrellas Michelín, donde Ibarra realizó una pasantía de tres meses, experiencia que le sazonó toda su vida. Licenciado en Alimentos y bebidas por la Universidad de los Hemisferios y alumno de Cocina y repostería francesa en Le Cordon Bleu México, había soñado con estar algún día en las cocinas del famoso restaurante en Oslo. Hace cinco años se animó a enviarles un email, expresándoles su anhelo de estar ahí y, en menos que canta un vikingo, le dieron fecha para que esté ahí. 

CALOR DE HOGAR

"Las reuniones en una casa terminan, de ley, en la cocina. Las mejores historias, los mejores abrazos, las risas y los consejos, todo se desata ahí. Es el punto de encuentro sí o sí, de los más allegados y afines. COR es eso, es el músculo del corazón, desde donde nacen todas las memorias, el amor, el cariño. Muchas veces oímos esa respuesta cliché ante la pregunta de cuál es el ingrediente secreto de los platos: cocinar con amor. Pero es que no hay verdad más grande. Por eso, nosotros le ponemos mucha dedicación y esmero a cada plato. Y todos quienes estamos aquí, somos nosotros mismo, no hay un manual rígido para trabajar", cuenta Ibarra. 

El ambiente principal está detrás del telón, después de cruzar los otros tres espacios. Doce personas, más otros siete pasantes que rotan, son los encargados de hacer de la experiencia la mejor posible. Con una cocina abierta, los comensales pueden disfrutar la variedad de alrededor de 40 platos, entre entradas, fuertes y postres, bajo un gran techo de vidrio que permite darle mucha iluminación natural. Y, a pesar del sol y calor típico de esta zona, el aire circula frescamente y es poco probable tener alguna incomodidad. 

Ibarra define su concepto gastronómico como comida para compartir, que entrelazan lo rústico con técnicas de vanguardia de sus influencias francesa, noruega, mexicana y ecuatoriana. "Tratamos de que no haya mucho secreto ni estigma para que quieras probar todo, que puedas decir tranquilamente 'futa, qué rico', que sea amigable". La recomendación es compartir, pedir varias opciones y ponerlas en el centro de la mesa. "Así puedes vivir la experiencia mientras conversas, tu paladar disfruta, prueba distintas texturas, sabores y aromas". 

No hay cómo perderse, eso sí, el "Mar muerto", un risotto con tinta de calamar, pangora y langostino; el pato, el lenguado, o los camarones picantes. Y estar atentos a las especialidades que cada cierto tiempo varían. Los precios, entre US$ 12 y US$ 60, opciones para todos. 

ANTES O DESPUÉS

Desde el primer paso dado al interior, la sensación de que uno permanecerá ahí por horas se hace evidente. Un primer espacio da la bienvenida, es una sala ideal para trabajar, descansar o refrescarse a la sombra. El segundo, una coqueta sala de café y mercadito, donde, además, se puede degustar o comprar otros artículos que elabora la marca como aceites o chimichurris, junto a opciones de emprendedores que se conectan con la mística del lugar. En esta parte, en horas de la tarde, hay un menú de piqueos y sánduches, para acompañar el café. Finalmente, una pequeña barra, con oferta de cocteles y vinos de 20 etiquetas que periódicamente se rotan. (I)

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