Ya pasada la premiación de los Oscars, que con todas sus fallas continúa siendo la más relevante dentro de la industria cinematográfica norteamericana, y con dos películas muy galardonadas -una de ellas consagrada como ganadora del premio mayor- que salieron de la factoría Warner, ya se discute sobre el futuro del cine en un temido contexto de fusión de gigantes. Y es que, como dicen en una editorial del Washington Post, podríamos estar ante la última temporada de premios con ganadores tan particulares, con el cine de autor a la cabeza y con contendientes que quizás hubieran obtenido luz verde si otras empresas estuvieran a cargo.
“One Battle After Another es una comedia absurda antifascista protagonizada por una de las mayores estrellas de cine del planeta, que pasa la mayor parte de la película tambaleándose, drogado y en bata. Sinners es una película de vampiros (ninguna película sobre vampiros había sido nominada antes a mejor película) que, además, es un musical oscuro y sensual impulsado por la rabia histórica ante un siglo de ejecutivos blancos que explotaron el arte negro. Resulta sorprendente que ambas películas existan, y mucho más que una de ellas vaya a ganar el premio a mejor película”, explican.
Amenaza que se siente cada vez más real en vistas de la adquisición de Warner por parte de Paramount, y que incluso conllevó la instalación de varios carteles anti-monopolio alrededor del lugar donde se realizó la ceremonia de los Oscars, que rezaban “Llama a tu agente. Alza la voz. El acuerdo aún no está cerrado” (la acción se produjo días después de que el fiscal general de California, Rob Bonta, acusara a Donald Trump de haber “abdicado de las responsabilidades del gobierno federal”).
¿Una era de gusto algorítmico y monotonía cultural?
El derrotero artístico iniciado por el director ejecutivo de Discovery, David Zaslav (post-fusión de Discovery y Warner Bros), quien se convirtió en el enemigo público número uno entre los creativos de Hollywood por una serie de decisiones creativas que hicieron que popes como Christopher Nolan dejaran el estudio, solo pudo salvarse gracias a la incorporación de dos ejecutivo veteranos como Michael De Luca y Pamela Abdy (responsables, entre otras cosas, de haber descubierto a cineastas como Paul Thomas Anderson y David Fincher), a quienes se les dió la libertad creativa que llevó a decisiones osadas como darle luz verde a proyectos como One Battle After Another y Sinners, y que fue una apuesta que podía salir mal o bien. Salió bien. @@FIGURE@@
Sin De Luca y Adby, quienes le devolvieron el brillo al estudio también de la mano de algunos éxitos “pochocleros” como Superman y Minecraft, Weapons y Wuthering Heights, es incierto si el cine de autor, arriesgado y mucho menos de géneros que en los últimos años vienen innovando y son aclamados por la crítica como el de terror, van a tener lugar. “El amor por el cine, la fe en el cine que demostró la aprobación de One Battle After Another y Sinners, una fe que fue ampliamente recompensada por el público, no parece estar presente en Paramount. Si ese espíritu se extingue, será una pérdida para Warner Bros., pero también para todos nosotros”, sigue la editorial que canaliza un sentir y temor compartido en Hollywood.
Es importante analizar el escenario actual y la crisis que ya atraviesa la industria del cine, acorralada entre el avance de la IA, la tiranía del algoritmo que hoy digita el gusto de las audiencias globales, nuevas formas de producir contenidos y los grandes monopolios. En este sentido, David Ellison, presidente de Paramount, es mucho más propenso a producir tanques taquilleros como Top Gun: Maverick. Todo esto se da en un contexto donde ya era difícil crear por fuera de la lógica de redes y en que los rituales sociales en torno a las películas están siendo erosionados por la cultura del sillón y la conveniencia.
Por eso ya se vaticina que la guerra del streaming y las grandes adquisiciones pueda dar el último coletazo a una industria en crisis. Así, en un movimiento que implicaría todavía más concentración de poder y recursos, Paramount estaría en posición de condicionar todavía más cómo se piensa, produce y mira cine hoy: fusión de catálogos, desaparición de formatos (TV prestige), menor posibilidad de estrenos en salas e imposición de un modelo que implica menor inversión para cine independiente con una homogeneización de miradas.
Aunque todavía quedan algunas estrenos esperados y en la línea de lo que podría considerarse algo más arriesgado, de calidad o “arte” de la vieja gestión de Warner Bros en camino como Digger (una comedia negra con Tom Cruise dirigida por Alejandro González Iñárritu) y The End of Oak Street (ciencia ficción con Anne Hathaway y Ewan McGregor a la cabeza, escrita y dirigida por David Robert Mitchell de It Follows), estos bien podrían ser los últimos remanentes de una era artística pasada.
Una pulsada millonaria y la repartija
Paramount viene de ganar una pulseada, en la que, luego de seis meses, nueves ofertas y mucha presión en Washington con lobby político, logró vencer a Netflix y comprar el estudio de Hollywood Warner Bros Discovery. Paramount Skydance ofreció US$ 111.000 millones por la compañía, superando la oferta inicial del gigante de la banda roja, que se negó a ofrecer más, y que fue 63% más alta que la primera en un tour de force. Actualmente, Warner tiene un valor de mercado que supera en más de cinco veces el de Paramount.
Después de meses de negociaciones tensas en lo que se convirtió en la comidilla del sector, casi una telenovela, Paramount se alzó como triunfador ante Netflix. En este caso, la estrategia de la compañía de Ellison (exactor devenido en magnate de los medios e hijo del cofundador de Oracle, Larry Ellison), es clara y muy similar a la que tienen todos los canales de streaming luchando por sobrevivir en un ambiente cada vez más competitivo: la adquisición de los catálogos de series antiguas de alta calidad como valiosos activos estratégicos. La teoría es que el control sobre el contenido clásico puede proporcionar estabilidad financiera y una ventaja competitiva duradera.
En el caso de la adquisición de Warner, lo que está en juego, aparte de las señales como HBO, CNN, Cartoon Network, TNT y TBS, son los catálogos de clásicos como Casablanca, series como Friends, Los Soprano, Sex and the City y Succession, e IP (propiedad intelectual) como Superman (DC Comics), Harry Potter y Game of Thrones. Paramount ya tenía franquicias como Top Gun, Misión Imposible y Star Trek. Pero no solo eso obtiene esta compañía, sino que también al controlar este vasto catálogo de contenido cultural tendrá un rol importante en decidir qué historias perduran y cómo se puede configurar el panorama del entretenimiento en el futuro. @@FIGURE@@
También podría reconfigurar el esquema de poder e influencias en Hollywood en una era post-DEI y con un claro desequilibrio estructural entre géneros. Como algunos medios ya reportan, las nuevas contrataciones de Paramount son, de mínima, problemáticas: apenas seis meses después de fusionarse con Skydance, Paramount cuenta en sus filas con el guionista Max Landis, el actor Johnny Depp, el jefe de animación John Lasseter, el director Brett Ratner y el exdirector ejecutivo de NBCUniversal, Jeff Shell. Los cinco hombres enfrentaron acusaciones de conducta sexual inapropiada antes de ser contratados, algunas más graves que otras, y Lasseter y Shell perdieron puestos de alto nivel en estudios de Hollywood a raíz de estas acusaciones.
Que se haya sacado del aire a un night show exitoso en rating como el late night de Stephen Colbert en CBS, y que posteriormente Ellison prometiera la suspensión de las iniciativas de diversidad, equidad e inclusión en Paramount y la incorporación de un defensor del pueblo para atender “las quejas por sesgo ideológico”, señalan una senda política clara a seguir.
Hay acusaciones de monopolio porque a este takeover habría que sumarle la adquisición de Paramount por parte de Skydance Media (en verdad fue una fusión entre Paramount Pictures y Sky), de la cual Ellison es CEO, en agosto de 2025, y una participación importante en Tik Tok EE.UU, todo en menos de un año. A esto hay que adicionarle Oracle, que gestiona gran parte de la infraestructura digital del comercio y el gobierno del país.
¿Qué está en juego?
Ahora bien, ante la pregunta de qué hay detrás de esta jugada, la respuesta para los periodistas especializados es simple. No se trata solo de que Ellison Jr. venga hace años tratando de consolidarse como figura de peso y relevante en la industria cinematográfica, sino de datos sobre los hábitos de consumo y del consumidor. Al igual que la mayoría de las grandes plataformas tecnológicas, están detrás del llamado “oro de nuestros días”, la big data. @@FIGURE@@
Data que, combinada con la tecnología Oracle e IA, “genera un gran interés por comprender mejor cómo las personas perciben las noticias y el entretenimiento, y qué productos compran online. Tanto las plataformas de streaming como el gigante de las redes sociales ofrecen información más completa y detallada”, explican desde NPR. En tanto la transacción todavía no ha finalizado y dicen las malas lenguas que fusiones tan grandes como estas también corren peligro de caerse, la nueva compañía tendría deudas sustanciales (contaría con el respaldo de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos), y que los beneficios actuales son relativamente modestos.
Pero los Ellison tienen algo mucho más grande en vista: competir con Google, propietaria de lo que muchos consideran la empresa que realmente domina el panorama de medios hoy, YouTube. La apuesta es que combinar el contenido en streaming, las decisiones del estudio y el marketing basado en big data para todo el contenido que están creando los ponga en un posición de mucho poder. Aunque para otros, ya basta con determinar los programas que vamos a ver, las noticias que consumimos y las pantallas que miramos fijamente durante todo el día, si el trato se realiza exitosamente. (I)
Con información de Forbes.com