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El nuevo shock petrolero reordena el tablero emergente: crecimiento en riesgo, inflación bajo presión y bancos centrales en pausa

Esteban Monte

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Goldman Sachs calcula que un salto del 10% del crudo profundiza la grieta entre exportadores e importadores: algunos ganan aire fiscal, otros pierden actividad. El traslado a precios llega rápido y obliga a frenar recortes de tasas en plena desinflación.

3 Marzo de 2026 05.18

Un informe reciente de Goldman Sachs advierte que la renovada tensión geopolítica en Medio Oriente ya comenzó a trasladarse a los mercados energéticos y podría alterar de forma significativa la trayectoria macroeconómica de las economías emergentes durante los próximos trimestres. Con el barril de crudo negociándose por encima del promedio previsto para 2025 y los mercados anticipando mayores subas si el conflicto escala, el foco vuelve a un viejo dilema: cómo impacta un shock petrolero en países que, en muchos casos, todavía transitan la fase final de sus procesos de desinflación.

El análisis, firmado por Kevin Daly y Johan Allen desde el área de research económico del banco, parte de un supuesto concreto: un aumento del 10% en el precio internacional del petróleo. A partir de allí, modeliza los efectos sobre crecimiento, inflación y política monetaria en un amplio grupo de economías emergentes de Asia, Europa del Este, Medio Oriente, África y América Latina.

Ganadores y perdedores: la brecha entre exportadores e importadores

La primera conclusión es tan intuitiva como contundente: no todos los emergentes reaccionan igual ante un alza del crudo. Los países exportadores netos de energía tienden a beneficiarse, mientras que los grandes importadores enfrentan un deterioro en su nivel de actividad.

Según las estimaciones del banco, un incremento del 10% en el precio del petróleo podría elevar el nivel del PBI real entre 0,5 y 1 punto porcentual acumulado en un horizonte de dos a tres años en exportadores relevantes como Rusia o Brasil. El mayor impulso sobre el crecimiento se observaría, típicamente, con un rezago de alrededor de dos trimestres desde el shock inicial, en línea con la mejora de términos de intercambio, mayores ingresos fiscales y un repunte de la inversión vinculada al sector energético.

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Un informe reciente de Goldman Sachs advierte que la renovada tensión geopolítica en Medio Oriente ya comenzó a trasladarse a los mercados energéticos 

En el extremo opuesto se ubican los importadores netos. Para ellos, el mismo movimiento en el precio del crudo implicaría una caída promedio de entre 0,3 y 0,4 puntos porcentuales en el nivel de PBI, con casos donde el impacto podría trepar hasta 0,8 puntos. El informe destaca particularmente a Turquía como uno de los más sensibles, dada su elevada dependencia energética externa y la incidencia del combustible en su estructura productiva.

En términos agregados, el diagnóstico es claro: pese a que muchos emergentes son exportadores de commodities, el bloque en su conjunto tiende a verse perjudicado por un encarecimiento sostenido del petróleo. La razón es doble. Por un lado, varias de estas economías consumen una proporción significativa de energía en relación con su tamaño. Por otro, los efectos de segunda vuelta sobre el crecimiento global terminan afectando la demanda externa y el comercio internacional.

Exposición comercial y geografía: quiénes están más cerca del epicentro

Más allá del canal energético, el banco introduce dos variables adicionales para evaluar vulnerabilidades: la exposición comercial directa a Medio Oriente y la proximidad geográfica al área de conflicto.

En materia de exportaciones hacia la región (que incluye, entre otros, a Irán, Israel, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Irak y Qatar) los países con mayor participación sobre su PBI son Egipto y Turquía. También presentan porcentajes relativamente elevados algunas economías asiáticas como India, Tailandia y Malasia.

 Guerra en Medio Oriente (Photo by Khames Alrefi/Anadolu via Getty Images)
Guerra en Medio Oriente (Photo by Khames Alrefi/Anadolu via Getty Images)

La combinación de cercanía geográfica y lazos comerciales aumenta la probabilidad de efectos colaterales si el conflicto se traduce en disrupciones logísticas, mayores costos de transporte o caída en la demanda regional. En contraste, otros países más alejados, aunque importadores de energía, podrían canalizar el impacto principalmente vía precios y condiciones financieras globales.

Inflación: un impacto más homogéneo y más rápido

Si el efecto sobre el crecimiento muestra contrastes marcados, la dinámica inflacionaria resulta más uniforme. De acuerdo con las simulaciones del banco, un aumento del 10% en el precio del petróleo suele traducirse en un alza de entre 0,2 y 0,5 puntos porcentuales en el nivel del índice de precios al consumidor, considerando tanto el impacto directo como los efectos de segunda ronda.

Entre los casos con mayor sensibilidad aparecen Hungría, Polonia, Tailandia y nuevamente Turquía. En estas economías, el peso de los combustibles dentro de la canasta del IPC es relativamente elevado, lo que amplifica el traslado del precio internacional a la inflación doméstica.

A diferencia del crecimiento, donde el impacto tiende a materializarse con rezago, en los precios el traspaso es más veloz. El grueso del efecto inflacionario se observa, según el informe, dentro del primer trimestre posterior al shock, lo que complica la lectura de los bancos centrales en contextos donde la inflación venía mostrando señales de moderación.

Política monetaria: menos margen para “mirar a través” del shock

El dilema para las autoridades monetarias emergentes es evidente. En teoría, los bancos centrales suelen enfocarse más en la inflación núcleo que en la inflación general, buscando abstraerse de movimientos transitorios en alimentos o energía. Sin embargo, el margen para “mirar a través” de un shock petrolero es más acotado en los emergentes que en las economías desarrolladas.

El informe identifica dos razones principales. Primero, el peso del combustible en la canasta de consumo es, en promedio, mayor en los países emergentes. Segundo, la credibilidad de la política monetaria tiende a ser más frágil, lo que favorece efectos de segunda vuelta: aumentos en energía que terminan filtrándose a salarios y otros precios regulados.

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¿Cómo impacta un shock petrolero en países que, en muchos casos, todavía transitan la fase final de sus procesos de desinflación?

Con todo, el contexto no es homogéneamente adverso. En varios mercados emergentes, la inflación venía desacelerándose por factores adicionales, como la fortaleza de los tipos de cambio o el impacto indirecto de medidas comerciales de Estados Unidos sobre la dinámica global de precios. En ese marco, la conclusión del banco es que el encarecimiento de la energía funcionaría más como un factor para desacelerar o posponer recortes de tasas que como un detonante inmediato de un giro abiertamente contractivo.

Un equilibrio delicado

El escenario que se desprende del análisis es de equilibrios frágiles. Para los exportadores de crudo, el shock podría representar un alivio en términos de ingresos externos y fiscales, aunque no exento de riesgos si la suba del petróleo termina afectando la actividad global. Para los importadores, en cambio, el encarecimiento energético combina menor crecimiento con más inflación, una ecuación que recuerda episodios pasados de tensión macroeconómica.

La trayectoria final dependerá de la magnitud y duración del conflicto, así como de la reacción de los mercados y de las autoridades económicas. Pero el mensaje central es claro: en un mundo aún atravesado por cicatrices inflacionarias y con ciclos monetarios en transición, el petróleo vuelve a ocupar un lugar central en la agenda de los emergentes.

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