Kevin Warsh, el candidato del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, para presidir la Reserva Federal, compareció el martes por la mañana ante el Comité Bancario del Senado norteamericano en una audiencia de confirmación. Aunque respondió a las inquietudes de los demócratas del Senado sobre la independencia de la Reserva Federal y la presión del presidente, Warsh evitó dar detalles sobre su fortuna.
La senadora norteamericana Elizabeth Warren ya había expresado su desacuerdo con la declaración financiera poco precisa de Warsh. Además de acusarlo de mala gestión durante la crisis financiera de 2008, cuando fue gobernador de la Reserva Federal entre 2006 y 2011, y de calificarlo como el títere elegido por el presidente Trump, Warren cuestionó la declaración de Warsh porque no revelaba la totalidad de sus activos, una omisión que generó problemas inmediatos. "Uno o más de sus numerosos fondos y entidades podrían poseer acciones en una institución financiera prohibida, y el público jamás lo sabría", afirmaba un informe del 15 de abril del Comité de Banca, Vivienda y Asuntos Urbanos del Senado, presidido por Warren.
En la audiencia de ayer, Warren volvió a presionar a Warsh, cuyo suegro es Ronald Lauder, multimillonario y amigo de Trump. La senadora le preguntó si su fondo Juggernaut Fund LP había invertido en empresas controladas por China o en alguna compañía vinculada al presidente Trump y su familia, o a Jeffrey Epstein. Warsh se limitó a responder: "esos activos se venderán", en caso de que lo confirmen. En su declaración financiera, presentada el 10 de abril, había escrito que los activos no se habían revelado "debido a acuerdos de confidencialidad preexistentes".

Lo cierto es que no fue transparente sobre sus finanzas personales. En su declaración, Warsh informó activos propios por entre US$ 135 millones y US$ 226 millones, y otros por entre US$ 56 millones y US$ 95 millones a nombre de su esposa, Jane Lauder, heredera de Estée Lauder. Ella trabajó casi tres décadas en la gigante de los cosméticos y todavía integra su junta directiva. Forbes estima su patrimonio neto en US$ 2.000 millones, y tres cuartas partes de esa cifra provienen de sus acciones en Estée Lauder, la empresa que fundó su abuela en 1946. Incluso sin la fortuna de su esposa, los activos de Warsh dejan chicos a los del actual presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, quien declaró activos por entre US$ 19 millones y US$ 75 millones el año pasado.
La mayoría de los presidentes de la Reserva Federal fueron economistas o banqueros, aunque hubo algunas excepciones notables. Entre ellas figuran el heredero de un conglomerado industrial Marriner Eccles, presidente entre 1934 y 1948; el ejecutivo de una empresa papelera Thomas McCabe, entre 1948 y 1951; el expresidente de la Bolsa de Nueva York, William McChesney Martin, entre 1951 y 1970; el exdirector ejecutivo de Textron, William Miller, entre 1978 y 1979; y el propio Powell, que fue socio del gigante de capital privado Carlyle Group entre 1997 y 2005.
Gran parte de la fortuna de Warsh parece vinculada a su trabajo como socio en la oficina familiar del multimillonario administrador de fondos de cobertura Stanley Druckenmiller, a quien mencionó ayer en su declaración inicial. Warsh lo describió como "uno de los inversores más exitosos de nuestro tiempo" y lo definió como "un patriota". Druckenmiller también fue jefe del secretario del Tesoro, Scott Bessent.
Los dos activos más importantes de Warsh, ambos llamados Juggernaut Fund LP y valuados en más de US$ 50 millones cada uno, forman parte de Duquesne Family Office, la firma de Druckenmiller en la que Warsh trabaja desde 2011. De todos modos, no está claro qué activos tienen esos fondos. También declara inversiones por un total de entre US$ 250.001 y US$ 500.000 en decenas de startups y empresas privadas, como el gigante del software Databricks, el desarrollador de centros de datos con IA Crusoe, la plataforma de mercado predictivo Polymarket, en cuyo consejo asesor participa Don Jr., y SpaceX, de Elon Musk, que se espera que salga a la bolsa en junio en la mayor oferta pública inicial de la historia. No se especifica si el rango declarado representa el valor de esas inversiones al momento de hacerlas o su valor actual.
De acuerdo con la información divulgada, muchas de estas inversiones, incluidas todas las mencionadas antes y participaciones en varias empresas de criptomonedas, se administran a través de DCM Investments 10. Esa entidad también está vinculada a la oficina de Druckenmiller e invierte en fondos que, al parecer, administra Abstract Ventures, una firma de capital de riesgo con sede en San Francisco que gestiona activos por US$ 1.800 millones.
Warsh enumeró 72 entidades con el nombre THSDFS LLC, todas asociadas con Druckenmiller, pero solo mencionó una inversión: la plataforma de viajes basada en blockchain TravelXChange. Una búsqueda en los registros de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) reveló inversiones adicionales de esas LLC en las empresas de tecnología financiera Affirm y Chime, la compañía de diagnóstico Veracyte y el mercado de venta de entradas StubHub, entre otras. Warsh también declaró pasivos de entre US$ 3 millones y US$ 12 millones, entre ellos compromisos de capital con ocho de esas empresas THSDFS.

Algunos de los detalles más interesantes de la declaración son las pistas sobre las propiedades de Warsh y su esposa: una casa de cuatro habitaciones en Palm Beach valuada en US$ 12 millones, a nombre de él; un penthouse de US$ 8 millones en el barrio NoLiTa, en Manhattan, a nombre de ella; cuatro propiedades contiguas en East Hampton con un valor total de US$ 18 millones, también a nombre de ella; y una participación en dos empresas de carreras de caballos pura sangre, Vicarage Stable y Jump Sucker Stable, a nombre de él. Los activos de Lauder, según la declaración, también incluyen una entidad dueña de obras de arte valuadas en más de US$ 1 millón, así como terrenos sin urbanizar en el condado de Suffolk, Nueva York, valuados entre US$ 5 millones y US$ 25 millones.
A diferencia de Lauder, Warsh no viene de una familia multimillonaria. Nació en Albany, Nueva York, hijo de un fabricante de uniformes escolares y de una periodista. En 1992 se recibió en Políticas Públicas en la Universidad de Stanford y luego estudió Derecho en Harvard. En 1995 se sumó al área de fusiones y adquisiciones de Morgan Stanley y, en 2002, dejó la firma para incorporarse a la administración de George W. Bush como asesor especial del presidente en política económica. Ese mismo año se casó con Jane Lauder, también egresada de Stanford. Pocos años después, en 2006, fue nominado para integrar la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal.
En las dos décadas que pasaron desde entonces, Warsh se sumó a los consejos de administración del gigante logístico UPS y del minorista online surcoreano Coupang. También trabajó como consultor para Cerberus Capital Management, la firma de capital privado del subsecretario de Defensa estadounidense Stephen Feinberg.
Esos trabajos de consultoría y cargos en juntas directivas fueron lucrativos. Además de sus activos, su declaración incluyó ingresos de entre US$ 6,3 millones y US$ 11,4 millones en 2025 hasta la presentación de abril. Ese monto incluyó US$ 10,2 millones en honorarios de consultoría de Duquesne, la empresa de Druckenmiller, y US$ 750.000 de Cerberus, la firma de Feinberg, además de pagos por conferencias de compañías como el banco brasileño BTG Pactual, la farmacéutica Eli Lilly y las firmas de capital privado TPG y Warburg Pincus. Según los documentos presentados ante la SEC, sus acciones en UPS y Coupang valen US$ 3 millones y US$ 9 millones, respectivamente.
No fue la primera vez que Warsh quedó cerca de presidir la Reserva Federal. Trump lo consideró brevemente para el cargo en 2017, antes de optar por Powell, una decisión de la que el presidente dijo que se arrepintió. Si el Senado confirma a Warsh, todas esas oportunidades de ganar plata y hacer inversiones se frenarán de golpe: en su acuerdo ético, se comprometió a renunciar a sus cargos en juntas directivas y consultorías, y a desprenderse de la mayoría de sus inversiones, incluidas las de Druckenmiller y los fondos Abstract, dentro de los 90 días posteriores a la confirmación.
Eso podría ser una mala apuesta si una de esas inversiones, SpaceX, sale a bolsa con una valuación estratosférica de US$ 2 billones una vez cumplidos esos 90 días. En cualquier caso, Jane y los Lauder deberían poder salir al rescate de Warsh.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com