¿Fiesta como en 1999? Las razones detrás del nuevo rally bursátil en Wall Street
Jeffrey Schulze Colaborador
Jeffrey Schulze Colaborador
"Fiesta como si fuera 1999" —una frase de la canción de Prince de 1982, que volvió a sonar con fuerza durante los temores por el efecto 2000 y se convirtió en un lugar común— parece una forma adecuada de describir el escenario actual de las inversiones, dadas las similitudes con la burbuja puntocom de fines de los 90. Entre ellas, se destacan las altas valoraciones, el fuerte impulso del mercado y el foco en acciones de crecimiento. Sin embargo, hay varias diferencias clave entre 1999 y hoy que impulsarán una suba de los mercados durante el próximo año.
La primera diferencia es que la economía de Estados Unidos se beneficiará de estímulos fiscales y monetarios en 2026, una combinación potente que suele aplicarse solo después de una recesión. Se estima que el impulso neto de la Ley One Big Beautiful Bill (OBBB) representará cerca del 1 % del PBI este año, con devoluciones de impuestos reforzadas que darán respaldo a los hogares de ingresos bajos y medios.
Las devoluciones de impuestos suelen destinarse al consumo antes que al ahorro, lo que sugiere que buena parte de ese dinero volverá a circular en la economía con relativa rapidez. Basta con recordar los pagos de estímulo por la pandemia : la Fundación Peter G. Peterson mostró que los hogares con ingresos menores a US$ 75.000 gastaron cerca del 80 % de los pagos iniciales que recibieron. Ese porcentaje bajó, aunque se mantuvo por encima del 50 % en los hogares con ingresos mayores a US$ 150.000.
Si bien es probable que el impulso de las devoluciones de impuestos previstas para 2026 pierda fuerza en la segunda mitad del año, el efecto fiscal de la OBBB debería extenderse durante 2027 y 2028, aunque con un nivel de apoyo más bajo, cercano al 0,5 % del PBI, según estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso y Wolfe Research.

El impacto de este estímulo debería sentirse con fuerza, sobre todo porque el crecimiento salarial —la principal fuente de poder adquisitivo para la mayoría de los estadounidenses— siguió moderándose después del pico pospandemia. Aunque esta desaceleración afectó a los sectores de menores ingresos y dio lugar a una economía en forma de K, el fenómeno tiene un costado alentador desde una mirada macroeconómica. En general, cuando una expansión económica empieza a madurar, los salarios tienden a acelerarse. Esto suele llevar a la Reserva Federal a aplicar políticas más restrictivas para evitar una espiral de precios y salarios, lo que muchas veces termina frenando el crecimiento y puede desembocar en una recesión. Pero esa dinámica ya no está presente, y eso representa una segunda diferencia clave respecto de lo que ocurría en 1999.
La moderación en las subas salariales contrasta claramente con el buen ritmo de crecimiento de la economía. El producto interno bruto (PIB) creció en promedio un 2,8 % en términos reales desde fines del primer trimestre de 2023. Ese impulso mostró pocas señales de freno en los últimos datos, con una suba del 4,3 % durante el tercer trimestre de 2025. Al mismo tiempo, la tasa de desempleo aumentó más de un punto porcentual, y pasó del 3,4 % en abril de 2023 al 4,6 % actual. Frente a este cambio, algunos analistas atribuyen la debilidad reciente del mercado laboral al avance de la inteligencia artificial (IA).
La IA parece estar impulsando una contratación más flexible en el sector tecnológico, sobre todo en los puestos de nivel inicial. Sin embargo, un análisis más amplio muestra que el mayor aumento del desempleo se dio en ocupaciones con menor adopción de IA, lo que indica que la debilidad del mercado laboral responde a otros factores. De hecho, el crecimiento del empleo en las industrias que adoptan la IA con mayor rapidez es positivo y está vinculado a las mejoras que ofrece esta tecnología, más que a la sustitución de trabajadores.
La adopción de la IA avanzó a un ritmo inusualmente rápido en comparación con otras innovaciones tecnológicas del pasado. En general, los avances de este tipo suelen impulsar la productividad y provocar una baja de la inflación, o incluso generar deflación. Ese proceso, sin embargo, suele demorar en consolidarse, como ocurrió durante los años 90. Pero, dado el ritmo acelerado con el que se incorporó la IA en los últimos años, hay razones para pensar que esta vez el retraso podría ser más corto. Si eso se confirma, el riesgo inflacionario en 2026 sería a la baja, no al alza.

Es probable que el "efecto enero" vuelva a sentirse con más fuerza de lo habitual este año. Sin embargo, una mejora en la productividad, sumada a la moderación de los salarios, un mercado laboral más débil, una baja en los precios de la vivienda y costos más bajos en materias primas, podría empujar la inflación a la baja a lo largo de 2026. Una desinflación más pronunciada, junto con la continuidad de las tendencias que marcaron 2025, sería una señal positiva para los mercados financieros. Esto le daría margen a la Reserva Federal para flexibilizar aún más su política monetaria si el crecimiento del empleo sigue débil, en un rango de entre 50.000 y 75.000 puestos por mes.
Otra de las tendencias que marcaron 2025 y que probablemente seguirá durante este año es el fuerte crecimiento de la inversión en capital (capex) vinculada a la IA, en paralelo al desarrollo de su infraestructura. A pesar de los temores de que este tipo de inversión haya llegado a niveles propios de una burbuja, el gasto actual todavía está muy por debajo de los máximos registrados en ciclos tecnológicos previos en Estados Unidos, si se lo mide como porcentaje del PBI. Hoy, la inversión en IA representa cerca del 1 % de la economía estadounidense. A fines de los 90, durante la burbuja tecnológica y de telecomunicaciones, ese número llegó al 3 %. Si la historia se repite, la inversión en capital en IA podría crecer por encima de lo esperado en los próximos años, con un impacto favorable tanto para la economía como para los mercados.
La fuente de financiación de esta inversión en capital marca la tercera gran diferencia entre fines de los 90 y el presente. Hoy, el gasto se financia en gran parte con el flujo de caja libre (FCF) de las empresas, mientras que en aquella época el aumento del capex en tecnología y telecomunicaciones se sostuvo principalmente a través del mercado de capitales, mediante la emisión de deuda o acciones. En el último tiempo, algunas compañías más chicas empezaron a acceder con mayor frecuencia al financiamiento vía deuda, e incluso las grandes firmas tecnológicas también comenzaron a explorar esa vía.
Sin embargo, el gasto total en capital del sector tecnológico representa menos del 40 % del FCF, muy por debajo del pico del 67 % registrado a mediados de los 90. Con los principales actores del sector con niveles altos de liquidez, hasta ahora hubo poca necesidad de salir a buscar capital para financiar el desarrollo de la IA. En otras palabras, es probable que el financiamiento con deuda se vuelva más habitual en 2026 y los años siguientes, aunque hoy todavía estamos lejos de niveles que generen preocupación.
Una cuarta diferencia clave entre fines de los 90 y 2025 está en lo que impulsó la suba del mercado de acciones. Durante el tramo final de la burbuja puntocom, la expansión del PER fue el principal motor del alza. En cambio, el repunte de 2025 respondió principalmente a la mejora en las expectativas de beneficios por acción (BPA). En el sector tecnológico, en particular, el movimiento de precios del 23,3 % registrado este año se explicó en gran parte por la mejora en las proyecciones de BPA, mientras que los múltiplos se ajustaron a la baja y, de hecho, restaron rentabilidad. Del mismo modo, más del 80 % de la rentabilidad del índice S&P 500 en 2025 se debió a una mejora en los fundamentos, es decir, en las ganancias. Esto muestra que, a diferencia de lo que ocurrió en el apogeo de la burbuja puntocom, los inversores hoy se mueven con una lógica menos especulativa.

Otra señal de que los inversores hoy se comportan con menos euforia que en burbujas anteriores se ve en los múltiplos de valoración más bajos que el mercado asigna a las empresas más buscadas del momento. El grupo de las Siete Magníficas cotiza actualmente a 53,3 veces sus ganancias, un nivel similar al que se vio durante las burbujas de las Nifty Fifty y la puntocom. Sin embargo, buena parte de esa valoración está impulsada por Tesla. Si se excluye a la automotriz, las "Seis Magníficas" cotizan a 27,4 veces, una cifra mucho más moderada y alejada de las manías especulativas del pasado.
Una comparación exhaustiva entre el contexto actual y el final de la era puntocom muestra, por ahora, más diferencias que similitudes. Si bien las valoraciones siguen siendo elevadas, se espera que las acciones alcancen los múltiplos en 2026, con ganancias sólidas impulsadas por el dinamismo en la inversión de capital en IA y por el estímulo fiscal y monetario. También podría haber un impulso adicional si se avanza en procesos de desregulación, si la IA mejora la productividad y si se modera aún más el costo laboral.
Esto último, además, podría abrirle el camino a la Reserva Federal para aplicar una política monetaria más flexible. Si bien la IA tendrá algún impacto sobre el empleo, todo indica que será más parecido a la recuperación sin creación de puestos que siguió a la burbuja puntocom, con incrementos mensuales acotados —entre 50.000 y 75.000 empleos—, en lugar de una recesión. A su vez, la IA debería contribuir a un entorno desinflacionario, lo que sería favorable para los activos financieros.
Si bien existen ciertos paralelismos con la burbuja puntocom, también es clave tener en cuenta los riesgos de quedar al margen en momentos de grandes transformaciones tecnológicas. Por eso, mantenemos una postura favorable a aprovechar eventuales caídas, si llegaran a darse en los próximos meses.
*Con información de Forbes US.