Por qué los amos de Wall Street están perdiendo miles de millones en la caída de los mercados privados
Fortunas forjadas al calor del crédito directo sufren un fuerte ajuste ante mora, retiros de fondos e impacto tecnológico sobre firmas endeudadas, tras años excepcionales para gestoras alternativas cotizantes.

Formado en Drexel Burnham Lambert y Apollo Management, Antony Ressler, cofundador del gigante del crédito privado Ares Management, pasó décadas al frente de una de las máquinas de plata más sólidas de Wall Street. A sus 64 años, fue uno de los primeros impulsores, y también uno de los más agresivos, de los préstamos directos por fuera de la banca tradicional. Así ayudó a convertir a su firma en un gigante de US$ 600.000 millones, a partir de préstamos a compañías medianas que muchas veces quedaban fuera del radar de los bancos tradicionales. Ese salto en los activos, junto con el flujo constante de comisiones y dividendos, llevó a Ressler a la lista Forbes 400 de multimillonarios de Estados Unidos en 2015 y, además, financió una cartera cada vez más amplia de activos, entre ellos los Atlanta Hawks de la NBA.

Doug Ostrover y Marc Lipschultz se subieron a una ola parecida. Los cofundadores de Blue Owl armaron una de las firmas de activos alternativos de mayor crecimiento con una plataforma de crédito privado a gran escala y un negocio de mercado secundario en plena expansión, basado en la compra de participaciones en otras firmas de capital privado enfocadas en la compra de empresas. Esa estructura nació con la fusión entre Owl Rock y Dyal Capital en 2021. El resultado fue una firma de más de US$ 300.000 millones, cuyo crecimiento acelerado convirtió a sus principales ejecutivos en dueños de fortunas de varios miles de millones de dólares, con compras de propiedades de lujo y participaciones en equipos deportivos.

Por estos días, Ressler y los hombres de Blue Owl quedaron en una posición poco habitual: pierden plata en lugar de ganarla. La fortuna de Ressler cayó US$ 3.300 millones entre septiembre y marzo, mientras las acciones de Ares se desplomaron 40% (ver tabla de abajo). Ostrover y Lipschultz perdieron cerca de US$ 1.000 millones entre los dos, ya que la acción de Blue Owl cayó a menos de la mitad.

No son los únicos. Entre las 19 personas más ricas que fundaron o hoy conducen gestores de activos alternativos que cotizan en bolsa en Estados Unidos, todas vieron caer sus fortunas en los últimos seis meses. En conjunto, este grupo reducido perdió más de US$ 37.000 millones, según los datos de la lista anual de millonarios del mundo de Forbes, publicada la semana pasada, y de la Forbes 400, difundida en septiembre.

Ni siquiera los magnates más ricos del capital privado zafaron de esa caída. Las acciones de las mayores firmas del sector, Apollo, Blackstone y KKR, bajaron cerca de 25% en lo que va del año, frente a un retroceso de 3% del S&P 500. Carlyle, la única firma cuyas acciones subieron en los últimos 12 meses, también cayó 20% este año.

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Detrás de la reversión del sector aparecen las dudas sobre las carteras de crédito privado y el impacto de la disrupción impulsada por la IA. Las primeras señales de tensión surgieron el verano pasado, cuando las quiebras de la prestamista de alto riesgo Tricolor y del fabricante de autopartes First Brands llevaron a Jamie Dimon a advertir sobre riesgos ocultos dentro de un sector de US$ 2 billones.

El punto de quiebre llegó con una revisión más amplia sobre las empresas de software que tomaron deuda, ya que herramientas de programación con IA como Codex y Claude Opus ponen en riesgo la economía de esos negocios, con un golpe sobre las valuaciones y sobre la capacidad de pago de la deuda. Eso desató una presión de liquidez para los prestamistas directos, en especial para firmas más expuestas al negocio tecnológico, como Blue Owl, porque los activos pierden fuerza y los retiros de fondos aumentan. El salto en los retiros de fondos por parte de los inversores preocupa en particular porque muchas firmas de capital privado, entre ellas Blackstone y Apollo, ganaron una enorme popularidad entre los asesores financieros, que canalizaron miles de millones de dólares de sus clientes hacia activos alternativos.

Al mismo tiempo, el motor de salida de las compras apalancadas se frenó porque la época del crédito fácil y de las tasas bajas ya quedó atrás, y eso dejó US$ 3,2 billones en activos sin vender, según un informe de 2024 de Bain. Con un exceso de fondos y menos salidas, las distribuciones a los inversores bajaron. Eso llevó a los fondos de pensión y a otras instituciones a recortar compromisos, profundizó la caída en la recaudación de capital del sector y empujó la aparición de los llamados fondos zombie de capitales privados.

Esos obstáculos complican a la nueva generación de magnates de los capitales privados, como los  de Blue Owl, pero la vieja guardia quedó en gran parte protegida por años de crecimiento acumulado. En la última década, los ocho líderes de KKR, Apollo, Blackstone y Ares sumaron entre todos US$ 80.000 millones a sus fortunas. En esos diez años, estos fundadores expandieron su riqueza conjunta 370%, muy por encima del rendimiento de 260% del S&P 500, con dividendos reinvertidos, en el mismo período. Ressler se quedó con la mayor porción, gracias al recorrido extraordinario de Ares y a un retorno de 6 veces sobre su inversión en los Atlanta Hawks. @@FIGURE@@

Estos multimillonarios de las inversiones superaron al mercado gracias a una mezcla de mayores valuaciones de sus firmas, dividendos en efectivo, participación en las ganancias de los fondos y venta de acciones propias.  Algunos retiraron miles de millones de dólares en efectivo de sus compañías y además tomaron deuda con sus acciones como garantía. Todos reinvierten esa plata en activos por fuera de la industria de capitales privados, como real estate, títulos públicos y privados, obras de arte y equipos deportivos profesionales.

Leon Black, cofundador y ex CEO de Apollo, apartado en 2021 por sus vínculos con Epstein, destinó cientos de millones de dólares a una colección privada de arte que hoy vale más de US$ 3.000 millones. Josh Harris, también cofundador de Apollo, lanzó su propia firma de inversión, 26North, tras su salida en 2022, y es dueño de participaciones de control en los Washington Commanders y los Philadelphia 76ers. Según los cálculos de Forbes, todos los principales multimillonarios de capitales privados tienen enormes posiciones en efectivo, acciones, participaciones en fondos y real estate por varios miles de millones de dólares. Steve Schwarzman, el más rico de todos, tiene más de US$ 10.000 millones en inversiones por fuera de su firma y casi US$ 500 millones en propiedades de lujo.

Dicho de otro modo, los amos del universo pueden perder miles de millones, pero en su mayoría esa pérdida queda en los papeles y llega después de haber ganado muchos miles de millones más.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com