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Galo Maldonado, presidente y cofundador de Humet SAS y Movi- Lab, en Francia.
Movimiento Inspirador
Galo Maldonado, presidente y cofundador de Humet SAS y Movi- Lab, en Francia.
Foto: Cortesía Galo Maldonado
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El quiteño Galo Maldonado es el presidente de dos empresas que funcionan en Francia. Fundó Humet SAS y Movi- Lab en 2023, junto a su socio, y tienen como centro la investigación del movimiento humano. En estos centros han atendido a 600 personas al año.

15 Octubre de 2026 13.45

Unas de las pasiones de Galo Maldonado es el fútbol. Empezó a jugar a los 10 años y llegó hasta la categoría Sub-19 del Club Deportivo Quito, más conocido como la AKD. Hoy, a sus 38 años, desde Francia dirige dos empresas que combinan biomecánica, robótica e inteligencia artificial para analizar el movimiento humano y desarrollar aplicaciones para pacientes con dolor crónico y deportistas.

Antes de mirar el cuerpo humano desde el lado de la ciencia, este quiteño apasionado por el deporte, aprendió a entenderlo desde una cancha de fútbol. Según el portal Science Direct, el movimiento de una persona es el desplazamiento que producen los sistemas musculares. Y abarca una amplia cantidad de actividades que muchas veces no se las ejecutan adecuadamente y genera dolor en la persona.

Desde esa perspectiva Galo, comenzó a interesarse en cómo aliviar las dolencias crónicas. Esa fue la semilla para incursionar en un proyecto personal en Francia que duró siete años en concretarse. 

Humet SAS, es la primera compañía especializada en investigación y análisis del movimiento humano que se encuentra ubicada en Toulouse. En 2023 se materializó esta idea creada junto a su socio, Xavier Delannoy. En la firma trabajan con herramientas de software y hardware, estas procesan datos y utilizan algoritmos e inteligencia artificial para estudiar cómo se mueve una persona y diagnosticar los problemas crónicos de movilidad. 

Además, mantienen colaboraciones con centros científicos de ese país. Actualmente, esta empresa tiene una facturación anual de 140.000 euros. 

"Desde hace más de 30 años se está estudiando el dolor en el cuerpo humano, y actualmente, no se ha concretado un tratamiento eficaz. Este país tiene 66 millones de habitantes de los cuales 23 millones poseen algún tipo de dolencia en temas de movimiento, y solo el 2 % tiene un tratamiento adecuado, que muchas veces esperaran seis meses para tratarse", señala en una entrevista telemática con Forbes Ecuador.

La otra empresa que es Movi- Lab, también en Toulouse, tiene como fin dedicarse al análisis del movimiento deportivo. Maldonado no quiso quedarse únicamente con una aplicación. Hace aproximadamente un año y medio creó esta segunda firma. Sus pacientes son atletas que van desde aficionados hasta deportistas de alto rendimiento. Y actualmente, busca ampliar su trabajo con los clubes y otras estructuras deportivas profesionales, como equipos de fútbol. La facturación es de 30.000 euros.  

"La lógica es sencilla, medir cómo se mueve una persona en el ámbito deportivo para entender cómo mejorar en el desempeño. La aplicación puede ir desde alguien que sale a correr ocasionalmente hasta un deportista profesional cuyo rendimiento depende de cada movimiento".

Hoy, en las dos empresas trabajan entre 10 y 12 personas. Algunas llevan dos o tres años vinculadas a los proyectos y el equipo continúa creciendo. Y atienden a 600 personas al año. La consulta especializada cuesta 60 euros y puede alcanzar hasta los 500 euros en la mayoría de los casos. 

El fútbol o los estudios

"Mi trabajo tiene dos grandes áreas de aplicación, la medicina y el deporte. En el ámbito médico, las herramientas permiten analizar el movimiento de pacientes con patologías del aparato motriz, entre ellas personas que padecen dolores recurrentes o crónicos de espalda y rodilla. Por otro lado, en el deporte, la tecnología busca entender cómo se mueve un atleta, detectar aquello que puede afectar su rendimiento y contribuir a prevenir lesiones", comenta. 

Para encontrar su camino profesional, Galo Maldonado tuvo que pasar varias etapas. Cuando era pequeño y durante buena parte de su adolescencia practicó fútbol y estudió en el colegio La Salle y posteriormente continuó su formación en el DarlCroze. Después de clases tomaba un bus rumbo a los entrenamientos de la AKD. Llegaba alrededor de las 13:30 y pasaba cerca de tres horas entre preparación física y trabajo en cancha. 

Posteriormente, emprendía el regreso a casa, donde todavía le esperaba otra parte de la rutina, sus deberes. 

No era un estudiante particularmente apasionado por los libros. Lo que quería era jugar fútbol. Sin embargo, el deporte terminó enseñándole algo que llevaría consigo durante toda su vida, la disciplina. "No tenía tanto deseo de estudiar, lo que más me apasionaba era patear la pelota, pero gracias a eso comencé a generar un hábito, poner mi máxima atención en clases, hacer los deberes antes de salir del colegio para ir entrenar y comencé a tener muy buenas notas en mi escuela y colegio", recuerda.

Es el tercero de cuatro hermanos, que han sido sus consejeros al momento de tomar decisiones en familia. Con sus padres, Galo y Mercedes lo pusieron a decidir. Le plantearon una disyuntiva, intentar construir una carrera profesional en el fútbol o concentrarse en sus estudios. Maldonado sabía que convertirse en futbolista profesional era un camino difícil y escogió la segunda opción. Pero no abandonó completamente el deporte.  

"Entonces, me tocó decidir lanzarme al estrellato y dedicarme al fútbol o estudiar. Y bueno, tomé la decisión de educarme. La universidad también me dio la oportunidad jugar y otórgame una beca, pero ya no era lo mismo". 

En la universidad continuó jugando gracias a una beca deportiva. A sus 19 años comenzó a estudiar en la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), Mecatrónica, una elección que también tenía algo de herencia familiar. Su padre es ingeniero y sus dos hermanos mayores siguieron caminos vinculados con la mecánica y la electrónica. Pero fue en esta etapa cuando la ingeniería comenzó a dejar de ser una carrera y se convirtió en una forma de mirar el mundo.

Lo que cambió su relación con los estudios fue la posibilidad de construir. "Desde el inicio te hacían trabajar mucho en proyectos. O sea, tú estudiabas, pero en paralelo siempre desarrollabas algo. Yo construía máquinas, robots, dispositivos y trabajar con aplicaciones sociales era muy lúdico y me gustaba mucho", cuenta.

Entre esos proyectos junto a la UIDE estuvo el desarrollo de un bastón inteligente para personas no videntes, que realizó con una fundación que ayudaba a este segmento de la población. La experiencia le mostró que detrás de una máquina podía existir una necesidad humana y que la tecnología podía tener sentido cuando conseguía responder a ella.  

Francia y el movimiento humano

La siguiente estación fue Francia. Maldonado llegó a París en 2013, para cursar una maestría vinculada con Mecatrónica, Robótica y Automatización, con un enfoque científico y aplicado a la rehabilitación, en la Universidad de la Sorbona.

"El cambio fue radical. No hablaba francés, pero mi formación se desarrolló en inglés, lo que le permitió avanzar académicamente mientras comenzaba a enfrentarme a una nueva cultura y a una realidad económica muy distinta", señaló.  

Antes de salir de Ecuador pidió un préstamo de US$ 15.000 para financiar su llegada a Europa. Aun así, los recursos eran limitados. En la capital francesa tuvo que acostumbrarse a vivir en un departamento, muy diferente de la vivienda familiar en la que había crecido en Ecuador. 

"Antes de irme, pedí un préstamo para estudiar, pero aun así el dinero era poco. A esto se le suma que tuve que adaptarme a un espacio más pequeño, apenas tenía 15 metros cuadrados. En Ecuador vivía en una casa amplia. Y el alquiler de ese departamento costaba alrededor de 750 euros mensuales", recuerda.

París le abrió una puerta académica. La formación tenía un fuerte componente científico y exigía una inmersión constante en publicaciones, investigaciones y métodos de análisis. Maldonado comenzó a acostumbrarse a una manera diferente de hacer preguntas, no bastaba con construir una solución, había que demostrar científicamente por qué funcionaba.

Terminó entre los tres mejores estudiantes de su maestría, una posición que le facilitó el camino hacia el doctorado. "Solo los tres primeros puestos pueden ingresar más fácil al doctorado y yo quedé en el tercer puesto", explica.

Tiempo de investigación

Galo Maldonado - Fotos: Cortesía
Galo Maldonado en uno de sus posgrados. Foto: Cortesía

Después, en 2015, se trasladó a Toulouse, una ciudad francesa que queda al suroeste. Allí comenzó su doctorado y lo efectuó en la universidad de esa ciudad, a la par, ingresó a trabajar a la par en un laboratorio del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (LAAS-CNRS), especializado en robótica humanoide. Su investigación comenzó a moverse hacia un territorio que terminaría definiendo su carrera, entender cómo funciona el movimiento humano.

Ya no se trataba solamente de construir robots. Maldonado empezó a utilizar herramientas de la robótica y la neurociencia para estudiar cómo se organiza el movimiento de las personas. "Fue solo un punto de partida, pero poco a poco la biomecánica se convirtió en otro centro". Menciona que la ciencia es la que aplica las leyes de la mecánica y la física al estudio de la estructura y el movimiento de los seres vivos. 

Después del doctorado realizó dos posdoctorados en Francia, esta vez con aplicaciones en la rehabilitación. Una de las experiencias que más recuerda ocurrió cuando participó en el desarrollo y evaluación de una prótesis biónica de pierna.

"El objetivo no era únicamente desarrollar una nueva tecnología. Había que demostrar, mediante un estudio clínico, que aquella prótesis podía competir con las alternativas de referencia disponibles en el mercado y, eventualmente, ser incorporada al sistema francés de dispositivos médicos reembolsados".

El proyecto involucró a un hospital de las Fuerzas Armadas, un centro de rehabilitación, uno de investigación, una universidad y una empresa fabricante de prótesis, llamada Proteor. El estudio se extendió durante aproximadamente tres años y continuó incluso durante la pandemia de Covid-19. El objetivo fue crear un prototipo de prótesis para las personas que no cuentan con una pierna y lo que ellos querían era que todas las personas accedieran a una de ellas.

"Recuerdo que asistía con mascarilla para realizar la evaluación y vi a una persona con la propuesta de prótesis, eso me llenó mucho. Lo trabajamos durante mucho tiempo y actualmente, se encuentra en el mercado. Me da un orgullo haber formado parte de ese proyecto. El gobierno lo entrega a los pacientes y ellos pueden acceder gratuitamente a este beneficio. Este tipo de reemplazo puede costar hasta unos 15.000 euros", cuenta.

De la investigación a la empresa

Durante su doctorado en Toulouse, Maldonado conoció a Xavier Delannoy, su compañero de estudio. Luego se convirtió en su socio, quien es médico especializado en rehabilitación y deporte. Maldonado, en cambio, ha construido su experiencia desde la ingeniería mecatrónica, la robótica y la biomecánica.

Son dos maneras diferentes de mirar la movilidad humana. Uno desde la medicina y la rehabilitación. El otro desde la ingeniería y la tecnología. Los dos, con el tiempo, comenzaron a preguntarse qué ocurriría si todo ese conocimiento que permanecía, principalmente, dentro de los laboratorios pudiera llegar a la práctica cotidiana.

El interés también comenzó a llegar desde otros sectores. Empresas de construcción han mostrado interés en analizar los movimientos de sus trabajadores y detectar riesgos asociados con determinadas actividades físicas. En el ámbito clínico, otro de los proyectos está dirigido a personas mayores, con el objetivo de prescribir actividad física adaptada y ayudar a prevenir caídas. (I)

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