Son más de US$ 10.000 millones en fondos de inversión globales que utilizan hoy los indicadores desarrollados por Equileap, una plataforma que permite evaluar la igualdad de género dentro de las empresas. Estos datos comenzaron a llamar la atención de inversionistas y empresarios cuando revelaron que las compañías con mayores niveles de equidad tienen que registrar mejores resultados financieros.
Para llegar a esta conclusión, Equileap durante una década analizó más de 6.000 empresas en el mundo. Actualmente es considerada una de las bases de datos más completa sobre equidad corporativa. Hoy es parte de Denominator, una plataforma estadounidense dedicada analizar datos de empresas públicas y privadas. Con cobertura en más de 85 sectores económicos como tecnología, finanzas, manufactura, salud, retail y energía, se lleva a cabo el análisis comparativo de datos en diversos campos.
Una infancia entre dos mundos
Diana van Maasdijk Iturralde nació en Quito en 1971. Su padre era holandés y su madre, ecuatoriana. Se conocieron a finales de los años sesenta, cuando él llegó al país para abrir una empresa llamada Holanda Ecuador. Poco después se casaron y comenzaron una vida que transcurrió entre diversos países mientras el negocio se expandía.
Diana es la mayor de cuatro hermanos. La familia se instaló en Tumbaco, cuando el valle todavía era rural. “Jugábamos a los piratas, a los indios y vaqueros, trepábamos tapias y pasábamos horas explorando. La casa estaba rodeada de vacas”.
Cuando tenía 11 años, su vida cambió. “Mi padre murió en un accidente de avioneta”. Era una estudiante dedicada, pero este duro golpe la volvió aún más disciplinada para que su mamá se sintiera orgullosa.
Al terminar el colegio en la Academia Cotopaxi, decidió continuar sus estudios en Estados Unidos, aunque la lógica familiar la llevaba a Holanda. Se graduó de Ciencias Políticas en Hamilton College en Clinton, Nueva York. “Una de las materias que más me impactó trataba sobre los movimientos feministas. Por fin encontré una forma de entender por qué había tantas diferencias entre hombres y mujeres”. Diana decidió que por ahí sería su camino profesional. Obtuvo una maestría en Desarrollo Internacional con enfoque de Género en American University, en Washington.
Durante esos años realizó pasantías en organizaciones no gubernamentales. En una de ellas llegó a Ecuador, al valle del Chota, donde trabajó junto a la doctora Ofelia Lara dentro de International Voluntary Services. Allí se involucró en iniciativas orientadas al fortalecimiento comunitario, con organizaciones
locales, en su mayoría lideradas por mujeres afrodescendientes, en procesos de formación, liderazgo y desarrollo social. “Ahí entendí lo que significa construir desde la comunidad”,
En la década de los noventa, se trasladó a Senegal para acompañar a su entonces novio en un proyecto profesional. “Como buena feminista, terminé siguiéndole y luego nos casamos”, recuerda con humor. El plan era continuar hacia Haití o Mozambique, pero finalmente decidieron mudarse a los Países Bajos. “Me dijo: ‘A Holanda no voy… pero a Ámsterdam sí’”.
Era 1998 Diana comenzó a construir su carrera en Europa. Aprendió holandés y trabajó durante años en organizaciones dedicadas a la filantropía y al impacto social. En Rutgers WPF estuvo tres años y se desempeñó como program officer, donde gestionó y evaluó programas de salud sexual y reproductiva en África, América Latina y Asia.
Uno de sus cargos más influyentes fue en Mama Cash, una organización internacional que canaliza donaciones de mujeres filántropas hacia proyectos de derechos de las mujeres en todo el mundo. Durante siete años lideró las estrategias globales de recaudación de fondos, gestionó las relaciones con los contribuyentes. “Cada año conseguíamos más de US$ 1 millón”. En este tiempo descubrió que muchas mujeres querían apoyar proyectos importantes, pero no sabían cómo encontrarlos.
En 2007 fundó su propia consultora, dedicada a asesorar a grandes donantes que estaban interesados en crear fundaciones que se dedicaran a poyar a mujeres o estructurar mejor su impacto social. “También escribí un libro en holandés titulado Goed Geven (Donar Bien), una guía para que los aportes se hagan correctamente”.
Diana sentía que el espacio le quedaba chico. Se incorporó al ABN AMRO Bank, donde creó un departamento especializado en asesoría filantrópica para clientes de alto patrimonio. “En la práctica, manejaba una empresa dentro del banco”.
Pero, mientras trabajaba con grandes patrimonios y fundaciones, comenzó a visualizar una idea aún más ambiciosa.
El nacimiento de Equileap
En 2016 fundó Equileap, una empresa dedicada a analizar la igualdad de género dentro de las grandes corporaciones del mundo. La idea inicial era crear un fondo de inversión. Sin embargo, rápidamente descubrió que lo que el mundo necesitaba eran datos confiables para medir cuán comprometidas estaban las empresas con la igualdad de género.
Comenzó con dos personas y un pequeño equipo de estudiantes en pasantías. Así nació una de las bases de datos más completas del mundo en este tema. Comenzamos analizando 200 empresas y hemos investigado más 6.000 compañías globales, incluidas prácticamente todas las del Fortune 500”.
La base de datos cubre cerca del 80 % de las empresas que cotizan en los principales mercados bursátiles del mundo.
Equileap desarrolló un sistema que analiza 48 indicadores de igualdad, que van desde la presencia de mujeres en directorios y alta dirección hasta la brecha salarial, licencias parentales, políticas contra el acoso laboral y la transparencia en la información corporativa.
Cuando los inversionistas comenzaron a mirar
Sus estudios son utilizados por grandes instituciones financieras como JPMorgan, Morgan Stanley, Bank of America y UBS. “El trabajo implicaba revisar miles de reportes empresariales, regulaciones y políticas internas. Todo lo hacíamos a mano”.
Uno de los hallazgos que más sorprendió al mercado surgió al analizar las 1.000 empresas más grandes del mundo. Las compañías con mejores indicadores de igualdad de género obtuvieron resultados financieros hasta tres veces superiores a los que no tenían políticas de equidad. En conjunto, los fondos que utilizan datos de Equileap superan los US$ 10.000 millones en activos invertidos. Entre los inversionistas se encuentra incluso el Government Pension Investment Fund of Japan, el fondo de pensiones más grande del mundo.
En los primeros años, generó alrededor de 300.000 euros en ingresos anuales, hoy supera 1,2 millones de euros. “La igualdad de género avanza demasiado lento. Sabemos que no solo es fundamental para la sociedad, sino también para la economía”.
El nuevo rumbo de la empresa
Después de una década de trabajo, de datos acumulados, más de 30 clientes institucionales, 10 fondos de inversión que utilizan la base, Diana sabía que el siguiente paso requería tecnología avanzada e inteligencia artificial. Sin embargo, la empresa no tenía los recursos para desarrollar esa infraestructura. Fue entonces cuando recibió una llamada. “Como por arte de magia, el director de Denominator, nuestra competencia en Estados Unidos, me contactó”.
En Nueva York, durante la primera reunión que comenzó con un café informal, el director de Denominator le hizo una propuesta directa a Diana: comprar Equileap.
La negociación se concretó en pocos meses y Diana asumió el cargo de chief comercial officer, y todo su equipo se integró a la nueva estructura.
Hoy, tras la integración el sistema combinado, analiza más de 5,5 millones de empresas y ofrece más de 1.800 indicadores sobre capital humano, desde diversidad, liderazgo, derechos laborales hasta denuncias de derechos humanos y gobernanza corporativa. El objetivo es llegar a 10 millones de compañías analizadas en todo el mundo.
Su vida personal también cambió de rumbo. Hace tres años cerró un capítulo de 25 años de matrimonio y, como en tantas otras decisiones de su vida, eligió reconstruirse con la misma determinación con la que impulsó Equileap. (I)