El cannabis que se bebe, se unta y hasta se programa
El cannabis ya no solo se consume. Una empresa ecuatoriana combina ciencia, nanotecnología e inteligencia artificial para crear productos que hablan el idioma de la vida moderna.

El cannabis dejó de estar atado al estigma y hoy funciona como un ingrediente de estilo de vida. Está en cremas que prometen bienestar, en bebidas, en textiles sostenibles y hasta en propuestas gastronómicas que buscan sorprender al paladar. La planta que antes generaba controversia ahora inspira moda, salud y diseño. Y Ecuador no se queda al margen: nuevos emprendimientos, empresas y proyectos exploran cómo esta industria global puede florecer aquí. 

Eduardo Monge tiene 42 años y es fundador y gerente general de Hemp Ecuador Labs. Su historia con el cannabis empezó lejos del mundo de los negocios, en un episodio familiar. Hace ocho años, su madre sufrió un accidente durante un viaje: siete costillas rotas, un pulmón perforado, tres meses hospitalizada en Estados Unidos y una cuenta médica de US$ 300.000. 

El dolor, la depresión y la ansiedad la llevaron a rendirse frente a los tratamientos tradicionales. Fue entonces cuando apareció una alternativa: probar aceite de cannabis. "Después de seis meses, mi mamá recuperó el ánimo, el apetito y la vitalidad. Fue realmente magia". 

La historia de esta startup comenzó con el descubrimiento de que esta planta era una herramienta medicinal poderosa. Monge entendió que detrás había un sistema científico robusto: los cannabinoides y su interacción con el sistema endocannabinoide humano, responsable de la homeostasis y el equilibrio del organismo. Su curiosidad lo llevó a viajar, capacitarse y conectar con referentes internacionales, como la Universidad de Oxford, que le abrió la puerta para investigar y analizar su uso. Tras años de aprendizaje y de romper barreras culturales, Hemp se fundó oficialmente en 2021.

En la actualidad, el negocio se describe como un actor en la industria del bienestar. "Estamos en toda la cadena de cáñamo, desde el cultivo damos asesorías, capacitamos en el desarrollo de productos y demás, pero nos centramos en el desarrollo de fórmulas ultra funcionales". Este experto diseña productos que combinen los más de 500 compuestos de la planta con propósitos específicos y medibles. 

Se centran en cuatro ejes de tendencia global: hongos adaptógenos; salud digestiva y microbiota; nootrópicos para el rendimiento cognitivo; y fórmulas personalizadas de bienestar. Con un equipo de 12 personas —incluidos químicos de universidades nacionales— y laboratorios en Quito, Cumbayá y próximamente en Pifo, la empresa invirtió cerca de US$ 700.000 y recibió un crédito bancario.

"Invertimos en equipos para desarrollar nanopartículas y micropartículas en nuestros productos para que tengan una mayor biodisponibilidad. Tenemos equipos de procesamiento, manufactura, de análisis. Tenemos cromatógrafos, HPLC, GC, rotoevaporadores y ahora trabajamos mucho de la mano con inteligencia artificial".

Este es uno de los aceites con CBD que produce Hemp en su laboratorio. Foto: Christian Espinoza. 

Romper con los prejuicios es uno de los mayores retos. Aún hoy, cuenta este emprendedor, muchas personas entran a la tienda con la misma inquietud: "¿Esto me va a drogar? ¿Me volveré adicto?". Este ejecutivo añade que es importante explicar que los seres humanos podemos  interactuar naturalmente con la planta y que, como todo en exceso, incluso el agua, puede ser dañino. Bajo la dosis adecuada, incluso el THC —el componente psicoactivo— tiene usos médicos validados en el control del dolor, las náuseas o tratamientos oncológicos.

En apenas tres años, la compañía pasó de producir siete productos a tener un portafolio de 40, que van desde aceites y gomitas hasta cafés, cervezas, colágeno, cremas antiarrugas, lubricantes íntimos y chocolates. También tiene bebidas funcionales y fórmulas más versátiles. Todo se elabora con cannabis de grado farmacéutico importado desde Estados Unidos (tres importaciones anuales con montos que oscilan entre US$ 20.000 y US$ 30.000). En 2024, Hemp cerró con ingresos cercanos a los US$ 400.000. 

La compañía también comenzó a exportar. Enviaron colágeno, café, gomitas, aceites y cosméticos a destinos como Colombia, Uruguay, Paraguay, Argentina, Nueva Zelanda y Canadá, además de abrir camino en Estados Unidos y Europa. Su principal mercado ha sido Colombia, gracias a la cercanía y los beneficios de homologación sanitaria dentro de la Comunidad Andina.

Este año, Hemp Ecuador comenzó con la venta de sus primeras franquicias. En seis meses inauguró cuatro puntos: en el centro comercial El Bosque, la avenida de los Granados, la calle Suecia en Quito y en Santo Domingo de los Tsáchilas. Cada franquicia tiene un costo de US$ 15.000 —US$ 10.000 en derecho de uso de marca y US$ 5.000 en productos— y la compañía se encarga de entregar todo listo para operar. 

Lo último que hizo esta startup fue construir una plataforma capaz de personalizar productos y materias primas con cannabis según las necesidades de cada persona. El resultado es un menú de ingredientes que, a través de inteligencia artificial, se combina para tratar estados de ánimo, actividades diarias o metas de bienestar específicas.

"Cuando encuentras algo que te apasiona, no vuelves a trabajar en tu vida. Tuve empleos que me llenaban el alma hasta que encontré esto". (I)