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Fármacos para la obesidad: el costo de abandonar Ozempic, Wegovy y Mounjaro, un negocio de U$S 30.000 millones en 2025

Juan Romero

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Los nuevos datos muestran que quienes dejan fármacos como Ozempic, Wegovy o Mounjaro recuperan casi todo el peso perdido y pierden los beneficios cardiometabólicos en menos de dos años, lo que obliga a repensar estos tratamientos como terapias crónicas, integradas con soporte nutricional y de estilo de vida.

9 Enero de 2026 08.15

Un nuevo meta-análisis confirma lo que muchos clínicos intuían: cuando los pacientes dejan los medicamentos para bajar de peso, no solo recuperan los kilos perdidos, sino que también pierden en menos de dos años los beneficios cardiometabólicos que habían logrado. 

El dato agrega presión a sistemas de salud y compañías que ya enfrentan una demanda explosiva por estos tratamientos que, afortunadamente para las arcas públicas de la salud, vienen bajando sus precios en los países donde ya se los consume de manera masiva como en Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania y Brasil.

El negocio multimillonario detrás de Ozempic, Wegovy y Mounjaro

El boom de los fármacos para bajar de peso ya es un negocio de decenas de miles de millones de dólares anuales para Novo Nordisk y Eli Lilly

En 2024, Ozempic y Wegovy generaron juntos alrededor de U$S 26.000 millones en ventas globales para Novo Nordisk, empujando un salto de 26% en los ingresos totales del laboratorio; estimaciones específicas ubican a Ozempic en torno de U$S 15.500 millones y a Wegovy en U$S 7.800 millones, lo que muestra el peso estratégico de la “franquicia” de semaglutida. 

eli lilly novo nordisk
Eli Lilly y Novo Nordisk fueron pioneras pero las grandes farmacéuticas como Pfizer, AstraZeneca, Roche, Amgen y Boehringer Ingelheim ya están desarrollando activamente medicamentos basados en GLP-1 de última generación.

Del lado de Eli Lilly, la tirzepatida se consolidó como el principal motor de crecimiento: solo en el trimestre más reciente, Mounjaro facturó U$S 3.840 millones y Zepbound U$S 2.310 millones, sobre ingresos totales de U$S 12.730 millones. 

Mirando los resultados finales de 2025, Novo Nordisk proyecta un crecimiento todavía de doble dígito en la unidad que agrupa Ozempic y Wegovy —con ventas semestrales que ya crecieron 16% interanual hasta el equivalente de U$S 22.570 millones—, mientras Eli Lilly elevó su guía anual a un rango de U$S 45.400–46.600 millones, impulsada casi exclusivamente por Mounjaro y Zepbound. 

En conjunto, el ecosistema Ozempic-Wegovy-Mounjaro-Zepbound ya mueve entre U$S 30.000 y U$S 35.000 millones al año y mantiene margen para seguir expandiéndose a medida que se estabiliza la oferta y se amplía la cobertura y las indicaciones clínicas. Mientras tanto, los otros gigantes farmacéuticos ya desarrollan sus propias versiones y en algunos casos meditan alianzas y compras de laboratorios para fortalecer sus posición en un segmento que seguirá creciendo en todo el mundo.

Qué muestra el nuevo análisis

El trabajo, publicado en The BMJ -The British Medical Journal-, revisó datos de 9.341 pacientes con obesidad o sobrepeso incluidos en 37 estudios que evaluaron qué ocurre al suspender 18 fármacos diferentes para bajar de peso, entre ellos los GLP-1 de última generación como semaglutida (Ozempic, Wegovy) y tirzepatida (Mounjaro, Zepbound). Los participantes del estudio habían tomado los medicamentos en promedio durante 39 semanas y fueron seguidos 32 semanas adicionales.

En ese período, los pacientes perdieron en promedio 8,3 kilos durante el tratamiento y, al proyectar la evolución posterior, los autores estiman que recuperan casi una libra (0,4 kg) por mes luego de suspender los fármacos, volviendo a su peso previo en aproximadamente 1,7 años. En paralelo, los beneficios sobre presión arterial, colesterol y otros factores de riesgo cardiovascular tenderían a desaparecer en cerca de 1,4 años después de dejar la medicación.

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La epidemia de la obesidad es una carga muy pesada para los sistemas de salud de todo el mundo. Estados Unidos y China tienen cada uno casi 50 millones de obesos. 

El caso de los GLP-1: más potentes, pero con rebote más rápido

Aproximadamente la mitad de los pacientes analizados había tomado agonistas GLP-1, incluidos 1.776 usuarios de semaglutida, comercializada por Novo Nordisk como Ozempic y Wegovy, y tirzepatida, vendida como Mounjaro y Zepbound por Eli Lilly. La tasa de recuperación de peso fue más acelerada con estos compuestos: casi 1,8 libras (0,8 kg) por mes tras suspenderlos.

“Pero como las personas que toman semaglutida o tirzepatida pierden más peso al principio, todas vuelven a su estado inicial aproximadamente al mismo tiempo”, explicó el investigador principal del estudio, Dimitrios Koutoukidis, de la Universidad de Oxford. Según el trabajo, esto ocurre alrededor de los 1,5 años con estos nuevos fármacos, frente a 1,7 años al interrumpir el uso de cualquier medicamento para bajar de peso.

Más allá de la molécula, el patrón es consistente: los autores observaron que, sin importar cuánto peso se hubiera perdido, la recuperación mensual del peso fue más rápida después de suspender fármacos que tras concluir programas conductuales de control de peso. Aun así, el estudio no pudo precisar qué perfiles de pacientes tienen más chances de sostener parte de la pérdida: “Entender a quién le va bien y a quién no es una especie de pregunta clave en la investigación sobre pérdida de peso, pero nadie tiene la respuesta todavía”, admitió Koutoukidis.

Obesidad crónica, intervenciones crónicas

El meta-análisis se alinea con una visión cada vez más dominante: la obesidad es una condición crónica y recidivante, y los tratamientos farmacológicos se comportan más como terapias de largo plazo que como “curas” puntuales. “Lo que hemos mostrado en este análisis en particular es que el aumento de peso después de la medicación es común y rápido”, señaló Susan Jebb, coautora del trabajo y especialista en nutrición en salud pública en la Universidad de Oxford.

“Obesidad es una condición crónica y recidivante y está muy claro que… algún tipo de intervención necesita continuar si queremos sostener los beneficios de estos tratamientos”, afirmó Jebb. Su advertencia tiene un corolario operativo: autoridades sanitarias necesitan planes claros para gestionar a los millones de usuarios que dejarán estos fármacos en los próximos años, en un contexto de expansión global de las recetas y de uso privado a gran escala.

Adam Collins, profesor asociado de nutrición en la Universidad de Surrey, subrayó que la investigación pone el foco en el desafío de mantener los resultados en una “ola masiva de personas que probablemente estarán dejando estos medicamentos en los próximos meses y años”.

Más allá del peso: órganos, músculo y deficiencias

Aunque el rebote es claro, algunos expertos matizan el panorama sobre el impacto orgánico de un uso limitado en el tiempo. Para Naveed Sattar, profesor de medicina cardiometabólica en la Universidad de Glasgow, los fármacos para bajar de peso son “esenciales” para muchas personas con índices de masa corporal muy elevados. “Este trabajo aún no puede decirnos si el uso a corto plazo ofrece beneficios duraderos para los órganos, pero es plausible que ser más liviano durante dos o tres años gracias a un uso breve de estos medicamentos pueda ayudar a ralentizar el daño en articulaciones o en corazón y riñones”, sostuvo.

Sin embargo, un artículo paralelo publicado en Obesity Reviews advierte sobre un riesgo menos visible: la combinación de pérdida de masa muscular y deficiencias nutricionales cuando el tratamiento farmacológico no viene acompañado de una guía dietaria adecuada. Investigadores del University College London (UCL) y de la Universidad de Cambridge señalan que, según la evidencia disponible, hasta 40% del peso perdido con estos medicamentos podría corresponder a masa magra, incluido músculo.

El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) integra sus tratamientos farmacológicos para la obesidad con programas de dieta equilibrada y actividad física. Pero la mayoría de los usuarios adquiere estos fármacos de forma privada y no accede a ese tipo de soporte. “Si la atención nutricional no se integra junto al tratamiento, existe el riesgo de reemplazar un conjunto de problemas de salud por otro, a través de deficiencias nutricionales prevenibles y una pérdida de masa muscular en gran medida evitable”, advirtió Marie Spreckley, científica de la Universidad de Cambridge que lideró este trabajo.

Para sistemas de salud, aseguradoras y empresas del sector bienestar, el mensaje es doble: los GLP-1 y otros fármacos de nueva generación son herramientas poderosas, pero su impacto sostenible depende de pensarlos como parte de un modelo crónico, integrado y con soporte nutricional y conductual, más que como una solución rápida en forma de inyección.

Fuentes: The British Medical Journal, Obesity Review, Reuters, The Wall Street Journal, Financial Times

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