Pedro Maldonado Ordóñez Editor
Moderna Alimentos entiende que la sostenibilidad significa acciones concretas que benefician a todos sus públicos de interés, en especial los de las zonas y las comunidades con las que existe una relación cercana. Bajo esa mirada, la empresa desarrolla programas educativos y de capacitación a agricultores en lugares como Cajabamba, en Chimborazo, o Manta, en Manabí, que impactan en miles de personas.
Con una nómina que bordea los 850 colaboradores, cinco plantas de producción e ingresos por alrededor de US$ 180 millones anuales, esta firma del sector de alimentos va más allá, y este año buscó a otras empresas para empezar a trabajar en un programa enfocado en la desnutrición crónica infantil. “Es que la sostenibilidad es una filosofía transversal que cruza absolutamente todo lo que hacemos”, dice José Luis Vivar, CEO de Moderna Alimentos.
Con estudios en el Incae, The Wharton Business School y The Egade Business School del Tecnológico de Monterrey, Vivar repasa los programas de sostenibilidad que ejecuta la empresa que lidera desde hace cinco años. Cuenta también que la compañía procesa cada año cerca de 250.000 toneladas de trigo que se convierte en harina, a la que califica como “un commodity volátil”. Se emociona y dice que uno de los grandes objetivos de la firma es contar con una operación carbono neutro de nivel uno para el 2027. “Estamos en camino, es nuestro compromiso y entre los primeros pasos está contratar a una certificadora, un árbitro externo para que sea una evaluación impecable”, asegura en una charla que se cumple en uno de los salones de las oficinas de Moderna Alimentos, desde donde se observa el Pichincha y buena parte del polo empresarial del norte de Quito.
Vivar ofrece más datos: habla de un programa para incrementar el uso de paneles solares, destaca la hidroeléctrica de Cayambe (Imbabura) y enfatiza en la inversión de US$ 9 millones en el molino de Manta. “Le hicimos un reseteo completo el año anterior”. En Quito, el 85 % de la planta ya se abastece 100 % de energías limpias y se afinan los detalles de un
proyecto fotovoltaico.
¿Qué representa para para Moderna la sostenibilidad? ¿Cómo viven ustedes este concepto?
La sostenibilidad para Moderna Alimentos es el centro de nuestra estrategia. Es una filosofía transversal que cruza absolutamente todo lo que hacemos. No es un plan, no es un departamento, está adherida e incorporada en el corazón de la estrategia de la empresa.
¿Desde cuándo empezaron a pensar en este concepto para tenerlo ya como parte de su ADN?
Moderna Alimentos tiene 115 años de historia, y ha aplicado prácticas responsables y de auténtico compromiso con el Ecuador, con la sociedad y con el ambiente durante toda esta trayectoria. En las etapas más recientes hemos perfeccionado y profundizado esta estrategia, no solamente para confirmar lo que ya mencioné, sino también para hablar de manera más explícita hacia el mundo. Tenemos que incorporar ese diálogo transparente y proactivo con todo el circuito de actores de interés alrededor de la compañía para que estén impregnados de nuestra filosofía sostenible.
¿Cómo se proyecta y aplica la estrategia de sostenibilidad de la empresa hacia los públicos externos, consumidores, autoridades y más actores?
Somos una de las empresas de alimentos pioneras en el Ecuador en términos de elaborar memorias de sostenibilidad. El próximo año (2026) vamos a entregar nuestra decimosegunda edición de la memoria. Otro elemento de comunicación hacia fuera es nuestra estrategia de sostenibilidad M.A.S., que significa Moderna Alimentos Sostenible y se apoya en cuatro pilares: más cercanos, operaciones más limpias, más gobernanza y transparencia, y más productos y alimentos nobles. Tenemos que tomar elecciones y como dicen los estadounidenses, “strategy is all about choices”. Hay que decidir por dónde ir, porque si se elige hacer de todo, no se termina haciendo nada. La estrategia lleva al menos el mismo tiempo que las memorias de sostenibilidad, con una evolución a partir del programa de las tres P: planeta, personas, producto.
¿Qué datos se pueden mencionar sobre M.A.S.? ¿Existe un presupuesto para su ejecución?
Es una estrategia fondeada, bajada en planes con objetivos concretos, medibles y con tableros de control desde los cuales hacemos seguimiento de su ejecución.
¿Cómo sienten que el mercado responde a esta estrategia?
Al final del día nosotros hemos incorporado esto como una filosofía interna; la mirada de los consumidores y de los actores de interés es una consecuencia, no es el fin en sí mismo. Así lo vemos nosotros. Fuimos galardonados por quinto año consecutivo como empresa sostenible por Ceres y por el Instituto Mexicano de Filantropía y Sostenibilidad, que hace una medición de prácticas sostenibles en América Latina. Tenemos programas de sostenibilidad como Ñukata Kuyay, enfocado en la educación de niños en el cantón Colta, en Chimborazo, o el programa Cultiva, a través del cual apoyamos a productores de trigo nacional, iniciativas que fueron galardonadas por Naciones Unidas. Esa evolución de la agenda sostenible de Moderna Alimentos es reconocida por consumidores y colaboradores.
Ahora que menciona la palabra colaboradores, ¿cómo se cómo se vive al interior de la empresa este concepto?
Soy un convencido de que las todos los colaboradores, pero sobre todo las nuevas generaciones de profesionales eligen y se comprometen con organizaciones con un propósito sostenible, con la aspiración de hacer mucho más que negocio solamente, sino de crear un impacto o marcar una diferencia positiva y verdadera en el mundo. Por eso hacemos que los colaboradores sean parte de la ejecución de los programas de sostenibilidad desde su diseño hasta su ejecución.
¿Qué programas son, por ejemplo?
Tenemos el programa Ñukata Kuyay, que en quechua significa ‘quién te quiere, quién te cuida’. Es una iniciativa de vinculación social de nuestra planta localizada en Cajabamba, en Chimborazo, es un centro comunitario que desde 2018 acoge a los niños de poblaciones o de estratos desfavorecidos económicamente del cantón, con actividades lúdicas de perfeccionamiento académico, de seguridad psicosocial, con revisiones médicas. Por allí han pasado 1.800 niños. También tenemos relación con entidades como Unidos por la Educación. Otro programa es Cultiva, en el que nos conectamos con productores de trigo, los capacitamos, los tecnificamos de manera gratuita, les proveemos semilla; les damos acompañamiento técnico durante el ciclo de sembrado y de desarrollo del cultivo, y les aseguramos la compra. Otro programa está en Manta, donde tenemos la operación molinera más grande de la empresa; allí decidimos avanzar en un proyecto colaborativo interempresarial con La Fabril, Grupo Superior e Industrias Ales. Con ellos, y junto Redmi, creamos el programa Amaneceres y estamos trabajando desde este año para intervenir en la problemática de desnutrición crónica infantil. Ya no son las empresas sino el impacto en la zona, en este caso Manta. Otra historia que se enmarca en el tema de sostenibilidad es el ponquetón, cuyo empaque lleva un paisaje dibujado por una de las niñas de Cajabamba: los retornos se destinan al centro.
Cuando se habla de sostenibilidad, ¿dónde surgen las ideas? ¿Desde el CEO, desde el equipo directivo, desde los mandos medios y bajos?
Surgen de una evolución positiva, del pensamiento estratégico que es algo que nunca termina. La empresa tiene prácticas sostenibles auténticas desde siempre, hemos tomado esa posta y hemos venido perfeccionando ese pensamiento. Personalmente creo que las empresas contemporáneas que pretenden trascender en el tiempo tienen que abandonar ese objetivo simplón o tradicional de generar valor económico solo por generar valor económico. Esos modelos de gestión tendrán resultados tácticos de corto plazo, pero están destinados a quedarse en el camino. Yo creo que las empresas tienen que pensarse como ecosistemas de generación de valor positivo con todos los stakeholders, con relaciones ganar-ganar con todos los actores de interés alrededor de la empresa, comenzando con el ambiente, porque a veces nos olvidamos de que el ambiente es nuestro principal actor de interés. También hay que romper los bloqueos mentales de que el competidor es el enemigo y nunca olvidar que las empresas no son otra cosa que grupos de personas colaborando. (I)