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Carlos Chiriboga, CEO de Dormel.
Negocios
Carlos Chiriboga, CEO de Dormel.
Fotos: Pavel Calahorrano Betancourt

Máquinas y robots para confeccionar 1.000 trajes al año

David Paredes Periodista

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Dormel nació en la década de 1960 como una casa de moda para hombres. Hoy la empresa es administrada por la tercera generación de la familia Chiriboga con una visión de exclusividad, calidad europea y piezas elaboradas por manos ecuatorianas. En 2025, registró ingresos por US$ 2,5 millones.

4 Junio de 2026 09.19

Carlos David Chiriboga lleva con orgullo una escarapela de las banderas de Italia y Ecuador entrecruzadas en la solapa de su leva. No es un simple adorno que decora su traje oscuro, tampoco un guiño al origen de su materia prima con la que elabora las lujosas prendas que vende en Dormel. Es una condecoración entregada en 2013 por el gobierno italiano como ‘Cavaliere’ (Caballero). Una distinción especial por su trayectoria y, según él, por el respeto al ‘Made in Italy’.

Junto a la puerta de su local en el centro comercial Scala Shopping, en Cumbayá, está enmarcado ese título de Caballero, firmado por el entonces presidente de Italia Giorgio Napolitano. A su alrededor hay una serie de muestras de telas de alta calidad y una percha donde se exponen algunos de los trajes de dos piezas y sacos confeccionados en su planta, en Sangolquí, al oriente de Quito.

Chiriboga junta dos sillas al frente de un mesón donde se exhiben corbatas, tirantes y pañuelos, para conversar con Forbes Ecuador sobre su historia, la de su marca y cómo una relación de larga data con sus proveedores hizo que Dormel viva una nueva era. 

La compañía nació con los conocimientos de Carlos Becdach, su abuelo, quien era dueño de un almacén de tejidos importados, en el Centro Histórico de Quito. Su padre, con apenas 16 años, se inició en el negocio vendiendo esos textiles en la calle y visitando clientes. 

“Mi abuelo tenía esta tienda de textiles llamada Casimires Becdach. Traía textiles finos desde Italia e Inglaterra. Mi padre (Jaime Chiriboga) trabajaba con él y recuerdo que desde niño lo acompañaba a visitar a los papás de mis compañeros de la escuela para ofrecerles los cortes”.

En la década de 1960, Jaime creó Dormel con la asesoría de una empresa colombiana. Adquirió maquinaria y tecnificó una planta para la confección de levas y pantalones. El nombre de la empresa viene del apodo que su abuelo paterno le puso a su abuela. “A mi abuela Ipatia le gustaba dormir mucho y por eso le decían Dormelina. Es un homenaje a esta mujer que crió a 12 hijos y los sacó adelante”, reconoce. 

Hoy, la compañía tiene cuatro locales en los principales centros comerciales de Quito, una relación de más de 30 años con firmas textiles italianas exclusivas como Vitale Barberis Canonico, Loro Piana Textil y Ermenegildo Zegna. Además, registra una facturación de US$ 2,5 millones en 2025, según la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros.  

Una nueva era 

Carlos Chiriboga asumió la dirección de Dormel hace más de 30 años con la idea de darle un segundo aire a la marca y aplicar un modelo de expansión. Apostó por los malls y abrió el primer local en el Centro Comercial El Bosque. Además, creó una alianza estratégica y entabló una relación cercana con los lanificios del país transalpino que le proveen las telas.

“Le di la vuelta al negocio cuando inicié mi relación con las firmas europeas. Primero fue con Vitale Barberis Canonico, una empresa que tiene más de tres siglos de historia en el negocio textil. Luego llegó Loro Piana, cuando su CEO estaba en Ecuador y escuchó nuestra publicidad en la radio”.

Chiriboga asegura que tener a estas marcas en su portafolio le significa a Dormel reputación y una importante asesoría. Por ejemplo, Loro Piana exige que sus tejidos sean tratados en maquinarias especiales y con otras materias primas de alto nivel

“Estas compañías me asesoraron, pero también tienen sus exigencias. Nos piden que invirtamos en maquinaria y otras materias primas. Solo si cumplimos esas exigencias podemos poner la etiqueta”, asegura este empresario quiteño de 63 años.  

Su planta de producción está tecnificada con máquinas y robots que automatizan algunos procesos. Los cortes de las mangas, solapas, bolsillos y otras piezas de los sacos y pantalones se hacen con láser y se utilizan equipos Gerber. Ya no hay sastres que confeccionen las prendas, aunque el entalle final requiere aún del ojo humano para hilar cada detalle. Detrás de cada pieza hay un equipo de 15 personas, entre ellas un diseñador, que vela porque se cumplan las exigencias de la marca sobre la base de estándares de calidad y corte europeo. 

Un traje completo (pantalón y saco) puede costar entre US$ 300 y US$ 450 en colores clásicos que son el negro, azul marino y gris. Para piezas exclusivas los precios pueden rondar entre los US$ 500 hasta los US$ 1.200. 

“Tenemos clientes exclusivos que nos piden que les confeccionemos prendas únicas. Para estos trabajos traemos 35 metros de tela de alguna de nuestras tres marcas premium únicamente para ellos”, afirma.

El directivo destaca que su negocio no está en vender conjuntos, sino en el total look, un concepto donde se asesora al cliente para que lo combinen con los accesorios adecuados. Se ofrece calzado, camisas, corbatas, mancuernas, tirantes, correas, pañoletas… 

Al año, Dormel invierte US$ 300.000 en la importación de 3.000 metros de tela, de los cuales se producen cerca de 1.000 trajes completos. También se elaboran sacos, pantalones y camisas por separado. Los acabados van desde lino de 165 gramos, cashmere y lanas super 160 y super 190.  Los botones son de tagua y de cuerno de búfalo, que son más resistentes que el plástico y permiten mejor calidad en los detalles.

“Buscamos siempre el bienestar del cliente y que se sienta cómodo todo el tiempo. Eso es algo que nos apasiona. Nos preocupamos hasta del más mínimo detalle. Pensamos en la calidad de los forros, para que no sea muy caliente, que el performance de los paños sea perfecto para que estén impecables”, apunta Chiriboga, mientras toma en sus manos una de las prendas de una de las perchas.

Para la organización, ese nivel de detalle y exclusividad se traduce en confianza. De los conjuntos más exclusivos se producen apenas cuatro unidades de cada prenda. 

Esta casa de modas llevará sus lujosos diseños a la Copa del Mundo 2026. La firma vestirá a los 26 jugadores, cuerpo técnico y dirigentes de la Selección de Ecuador de fútbol. El traje cruzado 6x2 es una edición limitada de corte europeo. Tiene solapa ancha, es azul marino y su tela Super 150 es de la marca Vitale Barberis Canonico. Su costo es de US$ 1.200. Chiriboga y su equipo ya tomaron las medidas de los convocados para ajustar las tallas y garantizar que los futbolistas se sientan cómodos durante el torneo.

De CEO a repartidor

La pandemia de 2020 obligó a la familia Chiriboga a tomar decisiones drásticas. Se cerró la planta por pedido de uno de sus hermanos y la empresa se quedó con 138 ternos listos que debían ser entregados. Sin equipo operativo por el confinamiento, Carlos David se subió a su vehículo y se encargó de repartir los pedidos puerta a puerta, demostrando que el cuidado al cliente en Dormel no se delega, incluso en las peores crisis.

Su relación con las marcas internacionales también fue importante para retomar el negocio. Recibió créditos y descuentos de hasta el 50 %. Con este respaldo, recompró la maquinaria por US$ 70.000 y reabrió la planta.

En la pandemia tocamos fondo. Fue una época dura, pero tuvimos el respaldo de las firmas italianas que confiaron en nosotros. Estuvieron pendientes de cómo estábamos viviendo la situación y nos ayudaron con créditos y facilidades de pago”.

En los momentos de mayor crecimiento, previo a la crisis sanitaria, la empresa importaba hasta 20.000 metros de tela y enviaba atuendos a Costa Rica, Brasil y Panamá. Hoy, después de reconfigurar la estrategia, la apuesta es por la exclusividad en el mercado nacional. Se fabrican piezas limitadas de alta calidad para clientes exigentes. “Realmente en las exportaciones no nos fue tan bien por temas de logística e impuestos en países como Brasil y Costa Rica”. (I)

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