Monitorea 177.000 vehículos en seis países
Tracklink pasó de operar dispositivos de rastreo controlados por SMS a desarrollar plataformas inteligentes para vehículos particulares y gestión de flotas. Antes, tuvo que abandonar su línea de negocios de alarmas y equipos de audio. Hoy su facturación anual bordea los US$ 14,3 millones en Ecuador y monitorea 177.000 vehículos activos a nivel regional.

Julissa Villanueva Periodista

Cuando Robert Wright asumió la gerencia general de Carlink (hoy Tracklink), en 2004, la compañía facturaba cerca de US$ 2 millones anuales y acumulaba deudas por US$ 6 millones. La firma nació en Quito en 1997 como proveedora de alarmas de seguridad y equipos de audio para vehículos, que les permitió crecer al inicio. Sin embargo, la competencia desleal y el contrabando tuvo efectos negativos en la empresa. Había que reinventarse.

“Cuando ingresé a la gerencia, sentí que me iban a lanzar a los leones. No entendía muy bien la situación. Pertenecíamos a la industria de 12 voltios, es decir, dispositivos y componentes que funcionan con corriente continua a este voltaje, pero decidimos dejarlo y centrarnos en el desarrollo tecnológico”, comenta Wright, de 48 años, hoy CEO de la compañía.

La decisión de abandonar esa línea de negocio para concentrarse en tecnología de rastreo y recuperación vehicular llegó de manera paulatina e inició en 2001 con una empresa de Estados Unidos, encargada de la innovación. Hoy Tracklink opera en seis países, emplea a 220 personas en Ecuador y cerró 2025 con una facturación de US$ 14,3 millones en el mercado nacional.

Para lograr estos resultados, la organización tomó una serie de decisiones estratégicas a lo largo de estos 29 años. Wright lo detalla durante la entrevista que concede en la oficina de Guayaquil. Recuerda que en 2006 comenzaron los resultados positivos y dos años después cumplieron con sus obligaciones. “Fue más o menos en el 2008 que pagamos toda la deuda. Nos dimos cuenta que íbamos por buen camino y comenzamos a tomar decisiones, la más importante en ese momento fue comprar la tecnología”. 

Luego de estabilizar sus finanzas, Tracklink adquirió la firma estadounidense Global Tracking Solutions que desarrolló el sistema, para asumir el control del desarrollo tecnológico. Así, el software, las plataformas y la evolución de sus soluciones quedaron bajo su dirección. En sus inicios, el dispositivo era, esencialmente, una “caja negra” instalada en el vehículo cuya función principal era localizarlo y, en algunos casos, inmovilizarlo de forma remota ante un robo. 

Luego evolucionaron hacia una plataforma inteligente capaz de procesar datos de ubicación, comportamiento y operación de los vehículos para ofrecer servicios de gestión de flotas, analítica y prevención. Actualmente, el hardware se desarrolla junto a un partner en China.

La siguiente gran transformación llegó con la masificación de los teléfonos inteligentes. En los primeros años, la interacción con los dispositivos de rastreo dependía principalmente de mensajes SMS: los usuarios enviaban comandos de texto para consultar la ubicación de su vehículo o ejecutar funciones básicas. 

“La aparición del iPhone en 2007 y el auge de las aplicaciones móviles cambiaron por completo esa dinámica. Migramos hacia plataformas digitales que permitieron visualizar la ubicación en tiempo real, recibir alertas instantáneas y administrar vehículos desde una interfaz gráfica; marcamos el paso de un servicio reactivo de rastreo a un ecosistema de monitoreo y gestión conectado”, indica.

La firma opera bajo la razón social Audioauto S.A.S y según la Superintendencia de Compañías, cuenta con un patrimonio de US$ 9,7 millones. De acuerdo con los registros históricos, su facturación promedio entre 2020 y 2025 llega a US$ 14,6 millones anuales en Ecuador. La cifra, agrega Wright, aumenta a US$ 36 millones al sumar los resultados con Perú.

En 2011, renombraron todas sus operaciones de manera oficial a Tracklink, para que ya no le identifique solo como un producto. Esa decisión les dio la confianza para mirar fuera de Ecuador. 

Honduras fue el primer destino extranjero al que llegó la empresa. El acercamiento fue con el empresario Ricardo Maduro, ex presidente de ese país. “El ingreso a Honduras fue en 2013 de la mano con Inversiones La Paz”, comenta. 

Posteriormente, se expandió a Nicaragua, Perú, Costa Rica y Chile. La compañía incluye a Estados Unidos, porque ahí tienen a la firma que desarrolla y actualiza su tecnología. 

“Actualmente, monitoreamos 177.000 vehículos activos en toda la red (regional) y, a lo largo de nuestra historia, hemos instalado sistemas en más de 500.000 unidades”, explica. Además, cada año Tracklink incorpora alrededor de 40.000 nuevas instalaciones en Perú, cerca de 20.000 en Ecuador y otros 10.000 en el resto de los países, agrega.

Una nueva etapa de crecimiento

Con una inversión acumulada de US$ 4,5 millones en su nueva sede de Quito y un presupuesto adicional de US$ 1 millón destinado este 2026 a fortalecer infraestructura tecnológica y capacidad operativa, Tracklink busca preparar el terreno para una nueva etapa de crecimiento. La compañía adquirió el inmueble hace cuatro años y, tras una remodelación integral, concentró allí a todas sus áreas. 

El objetivo va más allá de un cambio de oficinas. Busca integrar a los equipos para acelerar la toma de decisiones, mejorar la atención a los clientes y respaldar la expansión de sus servicios en Ecuador.

Uno de los aspectos que resalta Wright es que el negocio también ha cambiado al ritmo del contexto. El incremento de la inseguridad en Ecuador convirtió a la tecnología de rastreo en una herramienta cada vez más estratégica para personas y empresas. 

Hoy, la compañía recupera cerca del 80 % de los vehículos reportados como robados, porcentaje que puede superar el 90 % cuando la alerta se emite de manera inmediata, indica su gerente. La velocidad de respuesta se ha convertido en un factor determinante y, para lograr esos resultados, el trabajo conjunto con la Policía y otras instituciones es parte esencial del proceso.

Anticiparse a los cambios

Si hay algo que ha aprendido Robert Wright, es que hay que saber anticiparse a los cambios. Ingeniero civil de formación, graduado en Georgia Tech y con una maestría en Stanford, se siente sorprendido de haber construido su carrera en la industria tecnológica. Sin embargo, al incorporarse a la empresa encontró en las entonces llamadas “cajas negras” instaladas en los vehículos un potencial que iba mucho más allá de la recuperación de autos. 

La información que esos dispositivos generaban terminaría transformándose en una plataforma para optimizar operaciones logísticas, gestionar flotas y apoyar la toma de decisiones de empresas de múltiples sectores. 

Al hablar de su estilo de liderazgo, dice que suele analizarlo con su equipo. “Prefiero que las decisiones vengan de quienes están más cerca de los problemas, para ampliar la visión”, explica. Aunque reconoce que existen momentos, como ocurrió durante la pandemia, en los que el contexto exige decisiones rápidas y difíciles.

Después de casi tres décadas de operación, la empresa resume su propósito en una sola idea: ofrecer tranquilidad. Ya sea a un conductor particular que espera recuperar su vehículo tras un robo o a una compañía que necesita garantizar que su flota siga rutas seguras y opere con eficiencia, la promesa gira alrededor de reducir la incertidumbre mediante tecnología y datos. (I)