Si al menos hasta hace poco una máxima del influencer promedio era mostrar el éxito a través de lo que se tiene (bienes materiales, acceso a determinadas experiencias, contactos e influencia, vínculos sociales) y no la carencia o la falta, un nuevo formato de creadores sorprende por el abordaje diametralmente opuesto: mostrar y compartir aspectos no tan felices de sus vidas como la soledad. No se trata de que el panorama mediático se haya reconfigurado al 100%, ya que, como dice la cronista Kathryn Jezer-Morton en una nota reciente titulada “El último tabú de las redes sociales”, admitir que algo te cuesta o que estás pasando por dificultades es una práctica poco común: “Hacerlo supone un fracaso tan profundo que resulta casi existencial”.
Pero aunque contar que “la estás pasando mal” no tenga mucho rating en general, en el último tiempo y de la mano de un contexto global y cambios culturales que habilitan esta “disgresión viral”, una tendencia recurrente en plataformas masivas como TikTok e Instagram es la de ver mujeres jóvenes y adultas (y algunos varones) compartiendo el día a día de sus vidas como solteras, sin hijos y sin amigos. “En los últimos meses mi feed me muestra cada vez más un nuevo nicho definido enteramente por aquello de lo que carecen sus creadores: amigos”, cuenta Rachel Pick en un especial The Cut.
Muchos de estos “comentadores” online se enmarcan o auto clasifican dentro del llamado solomaxxing (también referido como singlemaxxing, alonemaxxing o bymyselfmaxxing), una tendencia impulsada por la GenZ a la que muchos de estos referentes pertenecen que consiste en pensar la soledad como algo que puede ser satisfactorio o hasta aspiracional y no como algo a evitar. Aunque este fenómeno pareciera albergar diversas motivaciones detrás, tracciona online y gana adeptos offline. Están los que practican solomaxxing por características personales (se consideran introvertidos, tienen ansiedad social o pocas ganas de sociabilizar), quienes lo hacen como práctica de autocuidado o temas de salud mental (aquellos que lo eligen como estrategia de social detox luego de una ruptura o relación tóxica) o los que sintonizan con las virtudes de aprender a estar/vivir solos, aún si quieren tener vínculos socioafectivos.

Y aunque puede haber cierta distancia entre una búsqueda personal y salir a contarlo en las redes, entendiendo que hoy gran parte de los jóvenes de la GenZ y Alpha viven y construyen sus identidades online, el debate sobre lo verídico o no de estos testimonios (si el aislamiento que se muestra está exagerado para atraer clics y generar ingresos) parece fútil. “Muchas herramientas digitales cumplen un papel claro en momentos de fragilidad. Facilitan sostener conversaciones a la distancia, acercan a personas con intereses comunes o ayudan a sobrellevar períodos de aislamiento. Su capacidad para reducir la soledad inmediata es real. Sin embargo, ese alivio opera sobre el síntoma de la desconexión que, a veces, solo calma el malestar”, advierte Victoria O’Donnell, socióloga e investigadora argentina especializada en tecnología y salud mental, que publicó el libro Mosaicos.
El nuevo “solomaxxing”, la punta del iceberg
El fenómeno que ya está siendo disectado online tiene un correlato bastante claro con la realidad. Si hablamos de una moda centrada en la decisión de vivir solo y dedicar el tiempo y los recursos económicos a uno mismo, basta mirar lo que viene pasando a nivel demográfico y social en las últimas décadas, con la bajas tasas de natalidad, el aumento de hogares unipersonales y las dificultades para formar pareja. Y por eso la epidemia de la soledad tiene a toda una industria detrás pensando cómo resolverla y monetizarla.
En el aspecto económico abundan los reportes de lo inviable que está el mercado de las citas, no solo por el burnout post-pandemia generado por la virtualidad sino también por los costos financieros. Un informe de Bank of América muy difundido revela que el 53% de los jóvenes de la Generación Z ya no gasta dinero en salidas románticas debido a los altos costos y la ansiedad digital. En el otro lado del océano, en el Reino Unido, un estudio del banco británico Barclays reveló que los adultos gastan más de 111 libras al mes (US$ 147) en citas y aplicaciones de citas y que el 52% de los adultos de la Generación Z afirma que este gasto adicional les ha impedido por completo tener citas. Por último, una encuesta global de la consultora MyIQ revela que el panorama en América Latina no es muy diferente: los encuestados más jóvenes expresaron un apoyo especialmente firme a los estilos de vida independientes, con el 54% afirmando priorizar cada vez más la paz personal y la autonomía frente a las relaciones.

Ya sea por los cambios culturales y la eliminación del estigma del soltero o solo, o por la pulsión de optimizar el tiempo y ahorrar dinero como estrategia frente a la crisis global —por algo un término que se popularizó es el “infladating”—, el “solomaxxing” se vuelve el telón de fondo y marco aspiracional para estos nuevos influencers. Así existen variedad de videos grabados en primera persona, con poca producción, que llevan títulos llamativos a primera vista como “POV: vivís sola en Nueva York y no tenés amigos” o “estás soltera, no tenés amigos, vivís sola y no vas a tener hijos, así que este es tu viernes por la noche”, y que varían en el tono confesional yendo de honestidad brutal y poca escenificación a clips más estetizados.
Devon Noehring, una influencer de Phoenix con 428.000 seguidores que se considera introvertida y “confort creator”, comparte videos cuyas temáticas incluyen tópicos como “hogar, autocuidado, pasatiempos, televisión, libros y comida” en los que busca romantizar los planes y actividades que realiza en su casa. “Comparto hobbies, comidas fáciles y proyectos de mi casa, pero no soy especialmente buena en ellos. Empecé a compartir contenido propio porque siempre sentí mucha vergüenza de estar sola y me sentía una perdedora”, cuenta Devon en uno de los videos de presentación de su canal, al tiempo que confiesa que veía poco “este tipo de contenido en las redes”.
Esta veta que busca romantizar ciertos aspectos mundanos de la vida en solitario, en particular de mujeres jóvenes, también es el vector que siguen varios de estos creadores como Lana Isa, una solo-influencer de Toronto con 247.000 de seguidores que se filma en su casa o saliendo a hacer actividades sola, y que se inspiró en otro creador, Noe Murillo, un conductor de colectivos de Los Ángeles que se filma a sí mismo en "citas en solitario”. Muchos de estos creadores tuvieron rupturas, reubicaciones laborales o geográficas que les han hecho perder su círculo de amistades, o simplemente atravesando el COVID redescubrieron el placer de la soledad. Muchos viven únicamente con sus mascotas.
¿El futuro de los vínculos se verá por Internet?
Pero hay otra clase de solo-influencers con menos candor y no tan asociados al “contenido confort”. La creadora adulta detrás de “Drama Free Diaries”, un canal de YouTube con 178.000 de suscriptores y la cuenta homónima de TikTok con 145.000 de seguidores, es una mujer joven que trabaja como limpiadora profesional y vive en un pequeño departamento. Si bien nunca pierde el atractivo visual y la edición cuidada, comparte escenas de su vida llegando de trabajar o atravesando un domingo en soledad con un tono bastante más melancólico. Aunque la creadora habla de “por fin entender que estar sola (sin sentirse sola) es un superpoder” y se define como “amante de quedarse en casa e influencer por accidente”, algunas de las historias que comparte pueden ser duras de escuchar.

Para Rachel Pick, la falta real de amigos es una problemática en EE.UU. y otros lugares del mundo, por lo que estos contenidos son como “pequeños documentales sobre la epidemia de soledad”. Sin embargo, las creadoras más jóvenes como Isa y Noehring afirman que sus videos son un intento, por un lado, de naturalizar vivencias que muchos pueden estar atravesando, y, por otro, fomentar una mayor conexión con otras personas. Otros podrán celebrar contenidos como “Drama Free Diaries” —un ejercicio de catarsis y aspiracionalidad en iguales dosis —, como una asimilación y evolución de los contenidos en las redes sociales. Después de todo, como propone Jezer-Morton, se volvió obligatorio demostrar un crecimiento y un progreso constantes en las redes sociales, al punto que no podemos hablar de la carencia, el fracaso o el malestar. “De esta manera, millones de usuarios contribuyen a reforzar la regla fundamental de que, en la vida, todos estamos destinados a emprender un viaje de triunfal superación personal”, agrega Jezer-Morton.
No se sabe si cambiar los contenidos cambiará la cultura, pero ciertamente puede incidir en el modo de ver ciertas cosas. Para muchas mujeres es refrescante que una tendencia entre los jóvenes sea elegir permanecer solteros y dar prioridad a su propia independencia frente a una cultura de las citas mandatoria y asfixiante. Mientras las audiencias miran y clickean lo que para unos será elección y para otros simplemente una circunstancia, pareciera que hay algo en la forma del influencing y los contenidos online que está cambiando.