Pedro Maldonado Ordóñez Editor
Empezaba la década de 1940 y el mundo sufría la Segunda Guerra Mundial. Ecuador, lejos del escenario bélico, sentía algunos efectos del conflicto. Uno de los impactos se percibía en el comercio, que estaba interrumpido y generaba escasez de determinados productos, entre esos los neumáticos para vehículos.
Ese problema se convirtió en una oportunidad para José Filometor Cuesta Tapia, el empresario ambateño que una década antes había empezado un negocio a partir del caucho. En esos años el país dependía de las llantas importadas, pero, dadas las circunstancias globales, conseguir neumáticos era tarea complicada.
Entonces, décadas antes de que se hablara de innovación, Cuesta Tapia utilizó algunas máquinas con las que ya contaba en su taller y creó una banda de rodamiento para reencauchar llantas. Esa innovación permitió abastecer a los múltiples negocios que daban una segunda vida a ese repuesto automotor. Esta acción fue tan importante que sirvió para que Cuesta Tapia recibiera una condecoración del gobierno ecuatoriano. La banda de rodamiento ‘made in Ambato’ fue clave para que los camiones, no tan comunes en nuestras vías a mediados del siglo XX, circularan por el centro del país con diversas mercaderías.
La historia la cuenta Xavier Cuesta Vásconez, nieto de José Filometor y actual gerente general de Plasticaucho, una de las empresas más grandes de la Sierra centro, y que no para de crecer y de desarrollar productos. El número uno de la empresa, conocida por la marca de zapatos y botas Venus, habla con Forbes Ecuador en uno de los salones de la empresa, en las afueras de la ciudad.
Es una mañana de finales de mayo. El cielo está despejado y la jornada en la planta de Plasticaucho se desarrolla en varios ambientes. Los ejecutivos entran y salen del edificio administrativo; desde las líneas de producción surgen botas de caucho y zapatos de lona (los productos insignia de la empresa), y en las áreas verdes algunos colaboradores tienen un receso, mientras otros trabajan en sus computadores en contenedores reciclados.
Cuesta Vásconez, de semblante serio y hablar pausado, deja escapar algunas emociones al recordar la historia de la empresa de la familia. Lo acompaña unos minutos Patricio Toro, gerente comercial. Comparte anécdotas y cifras, explica los nuevos desarrollos, las innovaciones más recientes y deja en claro que la planificación y el enfoque en el largo plazo son fundamentales para que una empresa pase de generación en generación.
Los orígenes
Xavier Cuesta Vásconez platica de manera clara y se toma unos segundos antes de responder las preguntas. Mira el retrato de su abuelo en el salón y lo califica como un emprendedor que dio paso a una empresa familiar que trascendió en el tiempo.
"Él inició lo que hoy es Plasticaucho en el año 1931 con dos socios. Luego de un par de años les compró las participaciones y desarrolló el negocio por sus propios medios". El nieto del creador de la marca Venus cuenta que su abuelo trabajaba con caucho que compraba a agricultores de Santo Domingo, en una época en la que esa materia prima se extraía de manera rudimentaria de los árboles que crecían sin un orden establecido. "No había plantaciones como ahora".
Luego de procesar el caucho, José Filometor Cuesta Tapia producía zapatos y otros artículos que se vendían en un pequeño local en el centro de Ambato, en el Parque Cevallos. Bolsas para agua caliente, bases para colchones y tacones para zapatos formaban parte de las primeras líneas de la naciente empresa.
Así transcurrieron los primeros años, cuando el Ecuador tenía una economía principalmente agrícola y los procesos industriales eran aún un asunto lejano. Cuesta Tapia, sin embargo, tenía un olfato para los negocios y en 1938 registró la marca Venus ante el Estado ecuatoriano. ¿Por qué ese nombre? Cuesta Vásconez baja el ritmo de la charla y detalla: "Mi abuelo murió joven cuando sus hijos Enrique, mi padre José y Patricio eran adolescentes, casi unos niños. Entonces no hubo la posibilidad de tener una transición ordenada de la primera a la segunda generación y ahí se perdió información. Siempre nos preguntamos el origen de la palabra Venus, pero nunca supimos la razón. La herradura que es parte del logotipo es porque siempre ha sido un símbolo que representa la suerte. Y dentro de la herradura está la letra C, del apellido Cuesta".
Para 1938 los zapatos eran el producto bandera de la empresa. Se empezaba a escribir una historia que casi un siglo después continúa.
La muerte no paró los planes
La primera mitad del siglo XX estaba cerca de terminar, el negocio de Cuesta Tapia evolucionaba y era momento de buscar un nuevo espacio. Del centro de la capital de Tungurahua se mudó a la avenida Cevallos, en el norte de la ciudad. "En ese entonces Ambato terminaba en ese sector, cerca del cementerio municipal", cuenta el gerente general de Plasticaucho.
El desarrollo de las bandas de rodamiento fue un hecho especial y sus efectos fueron grandes, tantos que el fundador de la empresa fue uno de los mentalizadores de la fábrica de llantas que se instaló en Cuenca a finales de los cincuenta. Cuesta Tapia, contador de profesión y emprendedor de corazón, participó activamente en el desarrollo de la planta conocida como ‘La Llantera’, en las afueras de la capital azuaya. Esta emblemática fábrica, que luego pasó a llamarse Ecuadorian Rubber Company C.A. (ERCO) y que ahora es parte del grupo alemán Continental, produjo su primera llanta en 1962.
Sin embargo, Cuesta Tapia no pudo ver la planta en funcionamiento. (I)
Lee el artículo completo en nuestra nueva edición que está en circulación. ¡Tú también puedes ser parte del mundo Forbes!
A la venta en:
Supermaxi
Megamaxi
Mr. Books
Libri Mundi
Mi Comisariato
Travel Stores
Medicity
Tipti
También puedes comprar la edición digital aquí
Para suscribirte a la edición impresa da clic aquí