A principios de 2023, Sherrese Clarke, fundadora y directora ejecutiva de Harbourview Equity —una firma de activos alternativos con sede en Newark, Nueva Jersey—, le contó a su exmentor Derek Jones, por entonces vicepresidente del gigante inversor GCM Grosvenor, que pujava para comprar la cadena de cable Black Entertainment Television (BET) a Paramount Global. A Jones lo impresionó la ambición de Clarke: Tyler Perry, Shaquille O’Neal y otros quedaron afuera con ofertas por debajo del precio de venta de US$ 3000 millones. Al mismo tiempo, la apuesta lo desconcertó. En ese momento, Harbourview administraba cerca de US$ 1000 millones en activos, y Jones bromeó con que la firma era un pez chico que intentaba tragarse una ballena.
"Se molestó cuando dije eso", recuerda Jones, aunque Clarke al final se rió. "La siguiente vez que lo vi", le cuenta a Forbes, "le dije: 'Hola. Me llamo Minnow'".
"Nunca me costó soñar en grande", dice Clarke, de 49 años. "Bueno, BET está en venta. Vamos a averiguarlo. ¿Por qué no nosotros?", agrega.
Tres años después, Clarke ya es mucho más que un tiburón ballena: administra US$ 2,7 mil millones en activos, en gran parte por una estrategia audaz para comprar catálogos musicales de alto perfil. Entre esas adquisiciones figuran los derechos vinculados al compositor y productor de Bruno Mars, James Fauntleroy, y también los de Nelly, Justin Bieber, Fleetwood Mac, Kelly Clarkson, Fat Joe y T-Pain. Además, integra el grupo de inversores de elite de la lista ForbesBLK 50: Money Masters de 2026, que destaca a líderes negros en capital privado, crédito privado y capital de riesgo.

"Piensen en mí como un aspirante a Robert Smith", dice Clarke, en referencia al multimillonario emprendedor tecnológico que fundó Vista Equity Partners. "Construyó una empresa de capital privado en torno al software empresarial. Nosotros estamos haciendo eso en el sector cultural", expresa.
HarbourView tiene hoy más de 70 catálogos musicales, con más de 35.000 canciones, y entre sus socios limitados figuran gigantes financieros como Apollo y KKR. Otro dato que vuelve llamativo el recorrido de Clarke es que Harbourview está entre las pocas firmas de dueños negros que operan en el sector. Según un informe de 2024 de la firma de inversión Fairview Capital Partners, hay más de 1.000 empresas de capital privado y capital de riesgo en EE.UU. en manos de mujeres y minorías, y de ese total apenas 168 pertenecen a personas negras.
"A veces creo que es muy importante que desmitifiquemos lo que significa ser un inversionista", dice Clarke. "Se trata de adoptar un punto de vista: ser reflexivos al asociarnos con la gente. Las matemáticas no son tan difíciles. Son solo multiplicar, dividir, restar y sumar. Y la mayoría de nosotros podemos hacerlo para cuando nos graduamos de quinto grado", expresa.
Lo difícil, claro, pasa por identificar activos con potencial de crecimiento a largo plazo. Según datos de Goldman Sachs, se estima que los ingresos mundiales de la música llegarán a US$ 200.000 millones en 2035, frente a US$ 105.000 millones de 2024. Los catálogos musicales generan ingresos por la radio, el streaming, el uso en redes sociales, la publicidad, las películas, los programas de televisión y otros canales, y pueden dejar ganancias durante décadas. De hecho, Forbes calcula que el Fondo II de HarbourView —que exigía un mínimo de US$ 5 millones para entrar— logró una rentabilidad de más del 30% en los primeros nueve meses de 2025.
"Mucha gente dice: 'Compremos oro'", afirma Avi Korn, codirector del negocio de préstamos de KKR, que le dio a HarbourView una línea de capital de US$ 500 millones en junio pasado. "Pero el oro no genera una rentabilidad intrínseca como la música. La gente siempre quiere escuchar música y la consume cada vez más", completa.
En diciembre de 2020, Bob Dylan vendió su catálogo a Universal por un valor estimado de entre US$ 300 millones y US$ 400 millones, según The Wall Street Journal. Un año después, Bruce Springsteen vendió su catálogo a Sony por US$ 500 millones y, en 2022, Sting vendió su catálogo a Universal Music Group por un valor estimado de US$ 300 millones.

En octubre de ese año, la firma de Clarke dio que hablar tras comprar SoundHouse Acquisitions por US$ 325 millones. La operación incluyó una mezcla de catálogos de artistas como el rapero Tech N9ne y la estrella del R&B Trey Songz. Meses después, según datos de PitchBook, HarbourView también compró canciones seleccionadas del catálogo de Nelly por US$ 50 millones. Ese mismo año, la firma adquirió además la participación de Usher en el catálogo musical de Justin Bieber por casi US$ 40 millones.
"Lo que Sherrese pudo hacer, es combinar su conocimiento de finanzas institucionales con un verdadero aprecio por la música y el arte", dice Korn, .
Si bien la competencia puede hacer compras más grandes de artistas de primera línea, Clarke dice que quiere armar un fondo que represente a la cultura en su conjunto. Eso incluye comprar catálogos de hip-hop, géneros internacionales, R&B e incluso heavy metal. "Mis competidores eligen sus propios canales", afirma. "Nosotros no lo hacemos. Nos centramos en la propiedad intelectual", agrega.
Como el resto de sus competidores, Clarke también corre contra el tiempo: necesita maximizar el valor de un catálogo antes de que venzan sus derechos. La ley estadounidense establece que los derechos sobre los catálogos musicales se restablecen y vuelven a sus dueños originales después de 35 años. En el camino, los titulares de derechos esperan además que los artistas no dañen su reputación (casos como Sean Combs, R. Kelly y The Chicks —antes The Dixie Chicks—), cobren sus ganancias y que la firma devuelva el capital a los inversores.
"Quiero que nuestra empresa sea un motor", dice Clarke. "Somos guardianes del capital. Pero también somos guardianes de la cultura", agrega.
Hija de padres jamaicanos que emigraron a Estados Unidos en la década de 1970, Clarke creció en Queens, Nueva York. Su madre era administradora residente en el Hospital St. John's, y su padre trabajaba como taxista y empresario inmobiliario. Clarke le atribuye a su padre, Desmond, el impulso que la acercó a las finanzas.
"Aprendí a estructurar acuerdos sentado en la mesa de la cocina con él, mostrándome cómo ayudaba a las familias a estructurar acuerdos para comprar sus casas y vivir el sueño americano", recuerda Clarke.
La familia Clarke también se unía a través de la cultura pop: iban a los conciertos anuales del aclamado bailarín estadounidense Alvin Ailey. Y los domingos, en casa sonaban fuerte Bob Marley, Gregory Isaacs o Machel Montano, y todos cantaban al ritmo de esa música.
Para 1997, el interés de Clarke por las artes ya había derivado hacia las finanzas, y eso la llevó a hacer una pasantía en Morgan Stanley durante su último año en la Universidad de Georgetown. Después se recibió en finanzas y volvió a Morgan Stanley como analista, aunque dejó la empresa unos años más tarde para cursar un MBA en la Escuela de Negocios de Harvard. Finalmente, regresó a Morgan Stanley en 2009 para una nueva etapa como directora general del área de crédito de la firma y, ocho años después, ya dirigía la división de soluciones estructuradas para entretenimiento, medios y deportes.
"Atribuyo gran parte de mi formación empresarial a Morgan Stanley", dice, y menciona a Project Tempo, la división que se alineó con el negocio de catálogos musicales.
También mira más allá de la música y pone el foco en catálogos de cine y televisión: series con trayectoria probada como Girlfriends, Martin, Living Single, Good Times e incluso Friends. Además, armó una sociedad de US$ 30 millones con la productora Lion Forge Entertainment, fundada por David Steward II, hijo del multimillonario David Steward. A la vez, es socia de Color Creative, la empresa de representación de Issa Rae. Para Clarke, la próxima frontera pasa por sumar un componente deportivo a su fondo.
Y aunque perdió la compra de BET hace varios años, en cierto sentido Clarke construye el BET del capital privado. "Hay que creer que existe lo imposible", dice. "Si creés que simplemente estás sentado en una caja definida, y que esto es todo lo que hay, entonces eso es todo lo que va a ser", completa.
*Nota publicada originalmente en Forbes.com