David Paredes Periodista
Cuando José Francisco Fernández falleció, en 2012, sus hijos recién se enteraron a qué se dedicaba Dafrosia, la empresa que construyó durante décadas. Heredaron deudas, instalaciones hechas de forma empírica y un negocio que caminaba con soltura, pero que no tenía registros financieros ni contables. Anita Fernández, la segunda de tres hijos, asumió el liderazgo del negocio, lo rebautizó como Paco Banana y le dio un nuevo aire. No modificó la esencia con la que nació hace más de 30 años en las fincas bananeras del Guayas.
La compañía se llama Paco Banana en honor a Paco, como llamaban a José Francisco. Se dedica a rescatar y procesar frutas que no califican para la exportación debido a su tamaño, manchas o daños estéticos. Estas son deshidratadas y enviadas a Alemania, Francia, Países Bajos, España, Serbia, Canadá, Estados Unidos y Brasil. En 2025, según la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros, tuvo ingresos por US$ 1,53 millones. Procesan al año 7,2 millones de kilos de frutos, entre banano, mango y piña. “Es un negocio B2B (Business to Business)”.
La firma comenzó en la década de los 90 como un emprendimiento, en una pequeña finca en la parroquia General J. Montero, ubicada a una hora y media al este de Guayaquil. A José Francisco le pagaban por limpiar los predios vecinos. Es decir, él recogía el banano descartado para las exportaciones.
“Mi padre recorría con su camioneta por todas las fincas vecinas. Los hacendados debían sacar los rechazos para que no se viera afectada su producción y no comprometiera a las exportaciones y se la entregaban a él. Con esos ingresos educó a sus tres hijos”, asegura Anita Fernández, CEO de la firma.
Fernández recuerda que acompañó a su padre en ese recorrido, pero cuando creció, se fue a estudiar a Guayaquil y nunca se interesó en saber qué pasaba con el emprendimiento. Se hizo citadina. Por eso, cuando falleció José Francisco, el primer impacto fue ver lo que había construido de forma empírica.
“Me encontré con una fábrica sin tanta tecnología y construida de forma experimental. No estaba en las mejores condiciones. No había baños para el personal, ni aire acondicionado. Las gavetas donde se depositaba el banano recolectado estaban hechas de caña. A pesar de ello lograba llenar contenedores y mandar su producto a Europa”, recuerda.
Durante el sepelio, los trabajadores se acercaron a la nueva CEO para comentarle que ya estaba listo un lote importante que debía ser enviado en dos días. “Yo estaba impactada por lo que acababa de pasar y no tenía idea del negocio. La única orden que di es que entregaran el contenedor y no dijeran nada. Yo no sabía si a él le debían o no. Él era un hombre que no tenía computadoras, no tenía secretaria y apuntaba todo en libretitas”.
Las exportaciones se hacían a través de terceros. David Bermeo, que entonces era dueño de Terrafertil, fue su principal cliente y socio comercial. Él compraba la producción de Dafrosia para enviar a Europa. También fue quien impulsó a Anita Fernández a tomar las riendas del negocio y la orientó durante el proceso de transformación hasta convertirse en Paco Banana.
“David Bermeo fue mi mentor. Desde el primer día me mostró su solidaridad y respaldo. Cuando falleció mi padre se acercó a nosotros a darnos el pésame y nos entregó un cheque por US$ 27.000, por una deuda que mantenía con él”.
En esa charla se enteraron de los negocios que estaban en proceso entre la organización y Bermeo. Este empresario les entregó otro cheque por US$ 57.000 que correspondían a uno de los ocho contenedores que debían ser despachados hasta fin de año. Era un acuerdo ya establecido.
“Yo no tenía idea del negocio. De hecho, mi primera idea era cerrar todo. Pero David nos dijo que no podíamos ser menos que mi padre. Confió en nosotros y nos ayudó con técnicos y nos mostró el camino para mejorar”.
Su primera tarea como CEO fue poner la casa en orden. Se encontró con una compañía endeudada en casi US$ 600.000 con el Banco de Fomento, la Corporación Financiera Nacional y el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social. También había tarjetas de crédito y otros pequeños acreedores a quienes pagar.
Fernández tomó la decisión de novar todas las deudas para asumir la responsabilidad de pago ella sola. Les compró su parte a sus hermanos para hacerse cargo del legado de José Francisco. Su esposo fue clave en el proceso.
“Mi esposo fue claro. Me dijo que no comprometería el patrimonio de la familia por pagar deudas ajenas. Se negó a firmar cualquier novación. Al final hicimos una liquidación conyugal”. De mutuo acuerdo dividieron sus bienes para que, en caso de que el negocio fracasara, las deudas no afectaran a la sociedad conyugal.
Con esto, ella sintió plena libertad para equivocarse, tomar decisiones firmes y asumir los riesgos que implicaba liderar un negocio aún desconocido.
Su escuela para liderar la empresa
Anita Fernández aprendió a negociar con proveedores para reducir costos de producción. Tecnificó la planta y llegó a ferias internacionales para ofrecer sus productos de manera directa a clientes en Francia.
El primer contenedor que envió al extranjero le costó US$ 54.000. Esa fue su novatada, pues aclara que por ser primeriza en el mercado pagó altos costos en cartones y logística.
Hoy, Paco Banana tiene una capacidad de producción de 1.300 toneladas anuales. Además, diversificó la oferta. Ya no solo usa el banano rechazado que es recolectado de las haciendas cercanas. También deshidratan piña que llega de Santo Domingo y mango de las tierras del sector. Esta última en menor cantidad por tratarse de un producto estacionario. En 2025 exportaron 772.044 kilos de producto a Europa, Norteamérica y Brasil y para 2026 aspiran a llegar al millón de kilos.
Para consolidar la transformación y exportar a mercados exigentes, la planta pasó de no tener certificaciones a obtener unas de alto nivel como la FSSC 22.000 (inocuidad alimentaria) y Certificación kosher.
“Me sé de memoria cómo es el proceso. A mis conocidos les digo que no sé cocinar, pero sí deshidratar fruta en el punto perfecto”.
Anita es abogada y educadora. Sus conocimientos sobre agroindustria alimenticia fueron adquiridos gracias a la experiencia vivida desde que asumió como gerente. Hoy, a sus 57 años, cree en la sostenibilidad y cómo su negocio puede aportar al medioambiente.
"Nosotros demostramos que nuestra sostenibilidad es un verdadero modelo de negocio. Rescatamos los racimos que iban a desperdiciarse y generamos empleo". Paco Banana emplea directamente a 61 personas, en su planta, en Guayas. Además, creó una asociación llamada Cadena de Valor, en la que emplea indirectamente a cientos de emprendedores que son los que ahora hacen la limpieza de las fincas y recogen los frutos que no se exportan.
El proceso de deshidratación le da una segunda oportunidad a la fruta, alargando su vida útil por 18 meses y conservando intacto su valor nutricional. Sin embargo, el verdadero hito de la economía circular está en el aprovechamiento de los residuos. En la planta, el 60% del peso de la fruta procesada corresponde a la cáscara. En los bananos, su descomposición dura dos años.
En lugar de desecharla, lo que generaría un fuerte impacto ambiental, Paco Banana realizó una alianza de investigación con la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL) y Nuna Labs. “Descubrimos que la cáscara es rica en triptófano, potasio y magnesio, componentes ideales para regular el sueño, y hoy desarrollamos, a manera de piloto, gotas naturales para combatir el insomnio”.
Además, ganaron un concurso en el ámbito tecnológico para transformar el resto de la biomasa en biogás, con el objetivo de alimentar los mismos hornos de la fábrica. "Mi sueño es convertirnos en la empresa más sostenible de Latinoamérica, porque procesaríamos absolutamente todo. Estaríamos exportando transformación", asegura.
El concepto más importante de Paco Banana es su parte humana. Su propósito es transformar positivamente a la comunidad y a las personas que trabajan en ella. Fernández logró que sus proveedores, que antes entregaban sus productos de manera informal, se asocien y se bancaricen. También brinda oportunidad laboral a mujeres que son madres solteras y cabezas de familia. Asegura que ya hay coordinadoras y jefas que dirigen equipos pequeños dentro de la organización.
Plan de crecimiento
Paco Banana invertirá US$ 2,5 millones en la construcción de su nueva planta de producción, en Cayambe. Ya adquirieron los terrenos y la ejecución de la obra arrancará en este 2026. En la misma zona, la firma arrendó un galpón, donde ya opera su nueva marca Pacú.
“Pacú es la marca con la que nos lanzamos al consumidor final y al mercado de retail. Ya está operativa. Importamos maquinaria nueva y ya tenemos 15 personas trabajando en este proyecto”. (I)