Forbes Ecuador
29 Junio de 2026 14.02

María Judith Rosales Andrade

El negocio que nadie vio

David Felipe Bernal, CEO empresa Kamado Andino
fotos: Cortesía
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David Felipe Bernal convirtió una pasión que muchos consideraban un pasatiempo en una empresa que factura más de US$300.000 al año. Antes de fundar Kamado Andino construyó un servicio de catering que terminó con la pandemia. Esta es la historia de un emprendedor que convirtió cada revés en una oportunidad para crecer.

Durante años David Felipe Bernal escuchó que la cocina era una profesión de mujeres y que difícilmente podría construir un futuro en el mundo de la gastronomía. Desde pequeño acompañaba a su madre Martha mientras preparaba los almuerzos familiares “Mis hermanos me decían, ahí va la cocinera, me hacían bullying”.  La cocina era el lugar donde se sentía cómodo.

En la casa de su abuela Aida encontró refugio y confianza. Los fines de semana el ritual era el mismo. Juntos iban al mercado y ella le daba US$ 30 para comprar los ingredientes para la elaboración de platos. “Ella hizo que me convierta en el chef de la familia”. 

Poco a poco empezó a cocinar en las reuniones. Los pavos navideños, los perniles de fin de año y los menús cumpleañeros dejaron de ser un juego para volverse en su mejor escuela. 

Al terminar el colegio, entró en una encrucijada. Le gustaban las matemáticas y el dibujo técnico, pensó estudiar arquitectura, pero eligió gastronomía. Su padre Fernando nunca lo tomó en serio. “Fue un shock, solo me hizo una pregunta, ¿Estás seguro?  Si esa es tu decisión tienes que ser el mejor”. 

Se graduó en la Universidad estatal de Cuenca en Ciencias Culinarias y Turismo. En el camino trabajó en algunos restaurantes, bares y hoteles. Lavó ollas, peló papas, limpió camarones y ordenó bodegas. “Entendí que todo funciona como una cadena, si una persona falla, todo el servicio se desordena”. Aprendió disciplina, rapidez y organización. 

Felipe Bernal de la empresa Kamado Andino
Kamado Andino, fotos cortesía

A los 20 años montó un pequeño servicio de catering. Quería ganar dinero para comprarse una motocicleta que en ese entonces costaba US$ 1.500. “No tenía nada, ni empleados, todo lo preparaba en la casa de mis papas, con la ayuda de mis amigos”.

Para conseguir clientes abrió una página web, fortaleció su presencia en redes sociales redes sociales y el boca a boca funcionó. Aunque la operación era pequeña proyectaba la sensación de una organización mucho más grande. 

Una mañana recibió una llamada que cambió el ritmo de su emprendimiento. Una empresaria cuencana requería un servicio de catering para una fiesta navideña de 250 personas en su residencia.  David Felipe se presentó en la oficina con su propuesta. La reunión que debía durar unos minutos se extendió a más de cuarenta, sin pensar que esta conversación marcaría el inicio de su vida empresarial. “Los otros oferentes tenían años de experiencia, le caí bien y me dio el contrato de US$ 8.000”. 

Durante las siguientes semanas organizó todo, pero las cosas no salieron como él esperaba y fue una de las lecciones más duras.

“Estas demasiado verde, si sigues así no vas a llegar a ningún lado”. 

Estas palabras retumbaron en sus oídos hasta el punto de querer llorar.  Ese día entendió lo importante que era la planificación y los procesos.  Con esa lección inició la profesionalización del servicio, que en sus mejores tiempos generó alrededor de US$ 10.000 mensuales. 

El descubrimiento del Kamado

En marzo de 2020 en cuestión de horas desaparecieron todas las celebraciones sociales. “Fue durísimo, no sabía por dónde salir, mis ingresos desaparecieron”. 

Tenía que volver a empezar. En la búsqueda recordó un tema que había investigado para su tesis universitaria sobre carnes y procesos de curado. Descubrió los kamados, unos hornos de origen japonés cuyo nombre significa ‘hogar de fuego’. En la antigüedad eran utilizados en viviendas rurales para conservar el calor. Después de la segunda guerra mundial evolucionaron en equipos modernos de cerámica ideales para procesos de curado y ahumados largos.

 “Valían entre US$ 2.000 y US$ 3.000 en Estados Unidos, para mí era algo imposible”.  

Empezó a investigar y descubrió que detrás había una industria consolidada. Según la consultora Verified Market Reports, el mercado global de estos hornos alcanzó un valor cercano a US$ 1.250 millones en 2025 impulsado por consumidores que buscan experiencias gastronómicas premium. Estados Unidos concentra buena parte de esa demanda. En Ecuador, en cambio, era prácticamente desconocido.  Encontró la oportunidad que esperaba.

La búsqueda lo conectó con fabricantes en China. Comparó materiales, evaluó proveedores e importó tres kamados de distintos tamaños para probar la respuesta del mercado.  Los tres se vendieron inmediatamente.

El negocio funcionó. La respuesta superó sus expectativas. En 2021 las ventas superaron los US$ 45.000.

Animado por la respuesta realizó una importación de un contenedor completo.

“Cuando llegó, me cayó como un balde de agua fría que debía pagar impuestos y aranceles no tenía dinero”. Durante varias semanas preparó hamburguesas y las entregaba a domicilio. “Hice más de 600 y conseguí los US$ 4.000 que necesitaba para liberar los productos en la aduana”. 

Todo lo que traía se vendía enseguida. La estrategia era vender una experiencia, brindó asesorías personalizadas y poco a poco construyó una comunidad alrededor del fuego. 

Cuando el crecimiento se consolidaba, recibió una noticia inesperada.

La fábrica con la que trabajaba cerró. “Les había pagado US$ 20.000 y el dinero quedó flotando en el aire, hasta que otra compañía compró esa deuda como cartera vencida. Fue un alivio”. Replanteó la propuesta inicial para construir una marca. Rediseño la página web y las redes sociales para contar una historia que va más allá de vender asadores parrilleros.

Así nació Kamado Andino, una firma que busca enseñar una manera diferente de cocinar alrededor del fuego.

Hoy factura más de US$ 300.000, cuenta con 600 clientes entre consumidores, restaurantes y distribuidores. Ha vendido más de un millar de kamados y accesorios, Estos productos se comercializan en cadenas importantes como grupo Colineal y en Corporación El Rosado. 

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David Felipe entendió que el reto es contar con una marca capaz de acompañar al cliente en todo el proceso después de la compra

Un capítulo angustiante ocurrió cuando un camión que trasladaba la mercadería del puerto de Guayaquil a Cuenca fue asaltado. “Fueron horas de incertidumbre sobre la seguridad de mis colaboradores y el destino de la carga. Gracias a Dios después de algunos días respiré tranquilo. Ellos estaban a salvo y recuperé el producto”.

Con cada crisis aprendió a reaccionar con resiliencia, a innovar y desarrollar habilidades nuevas. Sin darse cuenta David Felipe a sus 32 años dejó de soñar con cocinar para volverse un empresario, con ganas de seguir avanzando.

Con dos amigos abrirá Food House Catering el último trimestre de este año. Una propuesta creada alrededor de un parrillero ahumado.  En 2027 proyecta ingresar con la marca a Estados Unidos y consolidar exportaciones a Colombia y Perú.

 Cuando mira hacia atrás descubre que nunca dejó que el miedo decidiera por él. Hoy su desafío más grande está en sostener el crecimiento, fortalecer la estructura, escalar con disciplina y mantenerse como una empresa sostenible. (I)

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