Forbes Ecuador
Gilberto Valderrábano, CEO de J.S. Jersey
Fotos: Pavel Calahorrano Betancourt
29 Junio de 2026 06.00

David Paredes Periodista

La compañía que teje 1,2 millones de kilos de algodón al año

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S.J. Jersey nació hace 44 años como una pequeña fábrica de textiles de punto. Hoy procesan más de 1,2 millones de kilogramos de algodón orgánico. En 2025 la empresa facturó US$ 9 millones.

La oficina del gerente general Gilberto Valderrábano, define su personalidad. En una estantería guarda sus cigarros y sobre su escritorio tiene una estampa de la Virgen de Guadalupe. Es mexicano, tiene 56 años y dirige S.J. Jersey desde hace 22, por pedido de Marietta Espinosa, su fundadora.

La empresa nació en el norte de Quito, en 1982. Empezó con ocho trabajadores, dos máquinas circulares para tejido de punto y una barca para tinturar y darle los acabados a las telas. Hoy cuenta con dos plantas industriales (hilatura y tejeduría) y un galpón que sirve de bodega y centro de distribución. La firma controla todo el proceso, desde la fabricación de hilos, hasta el acabado final de sus tejidos. 

Cuando Valderrábano asumió la gerencia general en 2004, la fábrica salía de un proceso de fusión con la hilandería Beitex. “Encontré una empresa dividida, a pesar de que ya se había concretado la adquisición. También vi que muchos colaboradores estaban en su zona de confort y me tocó hasta cambiar la estrategia que habían planteado algunos socios”, narra Valderrábano.

Parte de los directivos creían que en Ecuador ya no había suficiente capacidad instalada en la industria de los textiles. Por eso el plan era confeccionar prendas para exportar. Se hicieron algunos envíos. “Crecimos extraordinariamente en esa época, pero cuando entraron masivamente los productos chinos, vimos que ya no era rentable y redefinimos la estrategia”.

Ahora S.J. Jersey es parte de la cadena de abasto del negocio textil. Sus productos son la principal materia prima para los confeccionistas. Manejan una cartera de 3.000 clientes. Al año producen entre 1.200 y 1.400  toneladas de hilo y tejido. En 2025 alcanzaron una facturación de US$ 9 millones.

La marca está ubicada al norte de Quito, tiene una extensión de 5.000 metros cuadrados, que se dividen en dos bloques. En el primero está el área industrial, donde se procesan los 164 productos que forman parte de su portafolio comercial. El segundo es el centro de distribución para todo el país.

En esta planta, el personal operativo se mueve de manera sincronizada y las máquinas circulares trabajan constantemente. Son las que tejen los hilos que llegan de su hilandería, ubicada en Calderón, en el norte de Quito. 

En el centro de la fábrica está la Rama, una termo-fijadora valorada en US$ 500.000. Ahí se realiza el secado y el proceso de pre-fijado, logrando una compactación final que le otorga estabilidad a la tela. En la planta se procesan 1,2 millones de kilogramos de algodón al año, que es importado de Estados Unidos.

Gilberto Valderrábano CEO de SJ Jersey
Gilberto Valderrábano, en una de las máquinas donde se lavan y tinturan las telas de J.S. Jersey. Foto: Pavel Calahorrano Betancourt

Los desafíos del mercado 

La firma tuvo uno de sus mayores desafíos en 2012, cuando el mercado del algodón, a escala global, entró en crisis. Esto se debió principalmente a una extrema volatilidad especulativa de los mercados de futuros, fuertes distorsiones en las reservas mundiales y cambios climáticos severos que afectaron las principales cosechas de este producto.

Esto repercutió en el precio. Valderrábano recuerda que un kilo de esta fibra alcanzó los US$ 6. Un monto que era insostenible para esta industria, que pagaba entre US$ 2 y US$ 2,50. “Esta subida de precios provocó que la mayoría de las hilanderías en los Estados Unidos y en los alrededores de Ecuador reventaran y quebraran”.

La organización  tuvo pérdidas económicas de US$ 2,5 millones, ya que se vieron obligados a adquirir el producto a un costo que quebraba sus márgenes de ganancia. Mientras la textilera operaba bajo las leyes de la oferta y la demanda, la competencia importaba hilos desde China e India, donde sus gobiernos los subsidiaban.

El CEO se contactó con su proveedor y renegoció las condiciones para mitigar el impacto, logrando bajar el precio promedio a cerca de US$ 4 por kilo. “Le pedimos que nos soportaran el algodón caro y meter en el intermedio uno con precio más bajo. Así logramos que los altos costos del mercado no nos destruyeran”. 

Ocho años después, en 2020, la pandemia y la llegada de las casas de moda tipo fast fashion sacudieron nuevamente a la textilera.

“El fast fashion cambió significativamente los criterios de compra de textiles en general. Las personas cambiaron su tipo de consumo hacia los sintéticos como el poliéster. Ahora las tiendas buscan competir con estas casas de moda internacionales con productos más económicos con una misma apariencia”.

Cuando Valderrábano se hizo cargo, unas de sus exigencias fue la construcción de una planta de tratamiento de aguas. Es decir, todo el líquido que se utiliza en la fabricación de las telas se trata biológicamente y se devuelve limpia al entorno . 

También redujeron la merma en fábrica de hilos. Los residuos de algodón representan entre el 15 % y el 20 % de la materia prima. A esto se lo conoce como waipe y eran vendidos a gestores ambientales y para la elaboración de colchones y trapeadores. “Este mal llamado desperdicio hoy se reincorpora a la producción. Desde 2014  lo aprovechamos nosotros y con eso reducimos costos”. 

Durante la pandemia, la firma confeccionó mascarillas con este material en crudo. Es decir, sin productos químicos y aditamentos. “Lo hicimos porque llegó a nuestra mano una investigación de universidades de Israel y Alemania que demostraban que este producto, en su estado más puro, era suficiente para frenar el virus”.

Para esta operación, 30 personas de la empresa recibieron un salvoconducto. Los tapabocas fueron entregados exclusivamente a los militares que estuvieron en primera línea, durante la crisis sanitaria. 

Actualmente, la gestión de Valderrábano se enfoca en calidad, más que precios.  Recientemente  destinaron un US$ 1 millón en reingeniería de sus procesos con tecnología italiana denominada Acabado Zero. “Esto permite que el algodón tenga el menor encogimiento posible a niveles internacionales. Mientras que uno normal suele encogerse más de un 5 %, el que utiliza y trabaja la empresa alcanza niveles de apenas el 3 %”.

También apostaron por la transformación digital. Empezaron con la implementación del sistema SAP, que permite a las organizaciones centralizar, automatizar y controlar todas sus operaciones diarias como finanzas, recursos humanos, logística e inventarios en una sola plataforma.

Ahora la apuesta está en la inteligencia artificial con una inversión de US$ 100.000. “La IA es casi como un virus, la metes y lo que vas a necesitar es que la gente tenga un criterio para ir diciendo esto sí y esto no”. 

Después de 44 años de trayectoria, J.S Jersey sigue consolidándose en el mercado. Su apuesta por el medio ambiente y aumentar la calidad de sus productos es unos de sus principales retos para los próximos dos años. (I)

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