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Osvaldo Peña
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Osvaldo Peña
Ilustración: Forbes Ecuador / Renata Donoso
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El argentino Osvaldo Peña dirige Corporación Siegfried Ecuador, una operación que facturó en 2025 alrededor de US$ 220 millones. Asegura sentirse como en casa, en un país que transformó su manera de entender el tiempo, el trabajo y la vida.

8 Julio de 2026 06.00

La primera imagen que Osvaldo Peña vio al llegar a Ecuador en 2019 fue un volcán. “Mientras el avión descendía miré por la ventana y apareció la cordillera de los Andes y al fondo estaba El Cotopaxi. Nunca había visto algo parecido. Sabía geográficamente dónde quedaba Ecuador, nada más”.

Mientras se trasladaba por la Avenida Simón Bolívar, otra imagen que lo impactó fueron los edificios de la Avenida Gonzáles Suárez que parecían suspendidos entre las montañas.  “Me impresionó muchísimo, pensé que ciudad tan diferente”.

Venía de Buenos Aires, donde había construido su carrera en la industria farmacéutica dentro del Grupo Roemmers, uno de los conglomerados más importantes de América Latina, con presencia en más de 14 países y un negocio que supera los US$ 1.500 millones anuales. En la región opera bajo la marca Siegfried.

Este ejecutivo inició su vida profesional como mensajero en una farmacia, luego pasó al mostrador. Entregaba medicamentos y atendía clientes. En 2001 ingresó como visitador médico, luego pasó por el área de gestión de producto, dirección de equipos comerciales y responsabilidades. Lleva 25 años en la compañía. 

La oportunidad de salir de Argentina fue cuando Roemmers adquirió Interpharm en Ecuador. Hizo maletas y aterrizó en Quito. “Tenía que poner la casa en orden, reorganizar procesos, fortalecer el área comercial y relanzar productos”. El primer año trabajaba 12 horas diarias.  “No tuve ni siquiera tiempo para extrañar”. Durante su gestión las ventas pasaron de US$ 25 millones a US$ 70 millones en casi tres años. En 2024 asumió la gerencia general de Corporación Siegfried Ecuador. 

Esta multinacional con más de 500 colaboradores, un portafolio de 600 productos, produce más de 4 millones de unidades anuales  en productos farmacéuticos, abastece a unas 13.000 farmacias y cerca de 30.000 médicos. En 2025 su facturación estuvo por los US$ 220 millones. 

Para él rodearse de un buen equipo le ha permitido generar cambios enfocados en conseguir resultados y rentabilidad. No duda en afirmar que la gente en Ecuador es única. “Son emprendedores, resilientes y muy trabajadores”.

Entre risas recuerda que en sus primeros meses en esta ciudad constantemente le preguntaban si estaba enojado. “No me entendían, hablaba rapidísimo, directo y mi ritmo era muy acelerado. Ahora a mí me parece que los bonaerenses son los locos”. Poco a poco empezó a cambiar, aprendió a bajar la intensidad y a escuchar. 

Con el tiempo Ecuador dejó de ser solo un destino laboral y se convirtió en su casa. “Ustedes son empáticos y acogedores, desde el primer día me sentí bienvenido”.

Esa sensación también la sintió su familia. Su hija decidió estudiar producción musical en la Universidad San Francisco de Quito y su hijo mayor viene por lo menos unas dos o tres veces al año.

Los fines de semana disfruta visitando Mindo, Baños y los pueblos de la serranía. “A Galápagos hemos ido unas cuatro veces. Nadar entre lobos marinos y pingüinos es una experiencia maravillosa”. No le gusta mucho la Amazonía por los insectos. Una deuda pendiente es poder llegar al refugio del Cotopaxi sin que le coja la altura.

Después de vivir casi una década en el país, cree que Ecuador tiene bases importantes para crecer. La dolarización es una fuente de estabilidad, pero genera desafíos en competitividad.  “Este país tiene todo para ser un referente en la región”.

Peña se considera un argentino fuera del molde. “No soy bueno para preparar asados, no cocino, máximo lavo los platos”. Para desestresarse va al gimnasio y juega pádel dos veces por semana. 

Fanático del fútbol es hincha del Independiente de Avellaneda y ahora también del Independiente del Valle.  En plena fiebre mundialista intenta no perderse ningún juego de la Albiceleste. Se anima incluso a pronosticar que la final sería Argentina-Francia, Pero cuando le pregunto qué rival le gustaría enfrentar no duda en responder. “No hay nada que me gustaría más que ganarle a Inglaterra”.

Peña calcula que permanecerá en Ecuador entre tres y cinco años más. Cuando le preguntamos por las expectativas de la corporación, no habla de cifras, ni de crecimiento, sino de las personas. “Estoy convencido de que a muy poca gente le puede ir mal aquí, si viene con ganas de trabajar. Los ecuatorianos transmiten esperanza y esa es para mí la mayor fortaleza”. Sin proponérselo Ecuador terminó enseñándole a bajar la velocidad. (I)

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