Razón y fe
El grande yerro de la religión, que ha condenado al culto a ser cuestionado intelectualmente, radica en la reclamación de que la fe se la asuma como resignación frente a propuestas contrarias al discernimiento en lógica.
El grande yerro de la religión, que ha condenado al culto a ser cuestionado intelectualmente, radica en la reclamación de que la fe se la asuma como resignación frente a propuestas contrarias al discernimiento en lógica.
El método de Descartes confluye en el imperativo de "no omitir nada" en el proceso del discurso. Este debe ser completo y general. Solo así llegamos a un conocimiento irrebatible en el tiempo, y certero.
En la duda cartesiana, no podemos dejar de resaltar al demonio como creación contradictoria por un dios que "se dice" perfecto ante los hombres irracionales. La irracionalidad es una tara mental origen de la mediocridad intelectual.
La interpretación tergiversada de la realidad, propia de la posmodernidad conforme lo expusimos, juega en contra, por igual, de los perjudicados y de quienes pretenden beneficiarse de ella. El resultado es caos social, materializado cuando el placer y el goce de unos es dolor y padecimiento de otros. Lo es en tanto, filosóficamente, la negación de lo negativo no es afirmación.
La [in]sensibilidad es producto de la manifiesta incapacidad del ser humano y del consorcio social para responder a las demandas contextuales del escenario. Así la sociedad refleja anomalías e incoherencias estructurales harto peligrosas para el buenvivir.
Dejémonos de tanto sinsentido y sentemos las bases de una sociedad en que prime la sensibilidad desechando la [in]. De no hacerlo seguiremos cavando en la [in]conciencia, sinónimo de ensimismamiento e irreflexión, dañino en toda su extensión.
Cuando el populismo de corte socialista va ganando cancha, también se gesta en el mundo un populismo de extrema derecha con rasgos de totalitarismo "nazi-fascista" igual de peligroso. No nos dejemos engañar por ninguno de los dos.
El calvinismo parte de rechazar toda y cualquier pretensión de otorgar a los hombres cualidades de iluminados, habilitantes de facultades interpretativas de las Escrituras al antojo vaticano.
La religión de Comte es una devoción científica, en la cual no hay cabida para lo incorpóreo o volátil. Su aporte al desarrollo del pensar humano es profundo, pues al margen de que coincidamos o no con el sociólogo, sí que tiene validez analítica.
Cuando se pretende emprender en reformas del quehacer estatal -de todo y cualquier orden: sociales, económicas, orgánicas- sin antes definir el ámbito superestructural en que deseemos movernos, el resultado será el fracaso.
Acomodar las verdades a conveniencias, así como desatender los hechos verídicos con propósitos de obtener ventajas en perjuicio de terceros, es manifestación de inmundicia ética.
En su proyección racional, la justicia va más lejos que la sola aplicación de la ley. Es una avenencia y armonía entre la norma como enunciado y las particularidades sobre las cuales va, o entra, a regir. Cualquier adaptación que en esencia represente injusticia es inmoral y la desmerece.
Consideramos que no es herejía cuestionar el dogma... sí es apostasía otorgar a un hombre el privilegio de autocalificarse de infalible
Pío IX llega a la extravagancia de prohibir a los católicos participar en la vida política italiana. Lo mismo hace con ciudadanos de otros países europeos. Haciendo hipócritamente de mártir, se declara prisionero del Estado italiano en los aposentos vaticanos hasta su muerte.
Si el capitalismo deja de reflejar compromiso y responsabilidad sociales, solidaridad y equidad, debe ser reorientado.
La tragedia de Edipo no es lo monstruoso de su pasado pero el fin que tuvo. Los dirigentes indecentes y traumados, privados del imperio que alguna vez tuvieron, emprenden en mañoserías para volver con él.
La religión para Hegel es la representación de una idea. Algo distinto del sentimiento, siendo que dios es el hombre como tal, razón por la cual se lo considera un panteísta. Así sobreviene en la dialéctica hegeliana la filosofía... idea elevada a concepto, que es el absoluto pleno.
Máxima del doble moralista: con el demonio adecuado, cualquier infierno es perfecto.
El hecho de que en la concupiscencia esté presente una apetencia física en modo alguno es censurable. Podría llegar a serlo en casos de excesos que representen desafueros, abusos y atropellos. Ciertamente, no lo es si la confesión de gusto para el goce es de orden racional, que los hedonistas lo calificarían de elegantes ante el fin perseguido.