La aldea donde nadie guarda silencio
En esta época de vitrinas, el gesto más decente sigue siendo también el más difícil: no reenviar. No comentar. No opinar con la soberbia de quien apenas ha visto una sombra y cree conocer el bosque entero. Defender la intimidad ajena como quien protege el último pozo de agua en medio de la sequía. No por cortesía. Por humanidad.