Forbes Ecuador
Test Drive - Páramo
Autos
Share

El equipo multimedia de Forbes Ecuador puso a prueba la camioneta Páramo 4x4. En un recorrido de 80 kilómetros para descubrir el verdadero carácter del asfalto a la montaña.

1 Marzo de 2026 16.09

Empezamos en asfalto y terminamos en montaña. Pero más que un recorrido de 80 kilómetros fue un tránsito entre escenarios que pusieron a prueba carácter y técnica automotriz. 

Un test drive es más que una ficha técnica en movimiento. Es ese instante en que giras la llave —o presionas el botón— y sientes cómo una máquina cobra vida bajo tus manos. Así comenzó la experiencia con la Páramo, una camioneta 4x4 de doble cabina ensamblada en Quito, en la planta de Aymesa, en alianza con Armacar. Un vehículo concebido para el trabajo duro, pero con una identidad que se descubre realmente cuando se la conduce.

En ciudad, el primer contacto prudente. El motor diésel de 2.000 cc, cuatro cilindros en línea, responde con ese tono grave característico que anticipa torque más que velocidad. 

Al inicio, la diferencia frente a un motor a gasolina es evidente. El impulso no es explosivo, es estratégico. Pero cuando el turbo entra en acción, todo cambia. La respuesta se vuelve más firme, más decidida. En subidas urbanas, la camioneta demuestra que su peso y dimensiones no son una carga, sino una declaración de robustez. Mantener las revoluciones adecuadas es la clave; hacerlo es sentir cómo el turbo sostiene el ascenso con solvencia.

En autopista, el paisaje se abre y también lo hace la experiencia. Como expiloto de motociclismo de velocidad y aficionado al mundo tuerca, no dudé en explorar la transmisión manual de seis velocidades, que permite jugar con el régimen del motor y explorar su capacidad. 

A velocidad sostenida, el chasis transmite estabilidad. La suspensión —con eje trasero rígido y ballestas, combinada con doble horquilla independiente adelante— recuerda que está diseñada para soportar hasta una tonelada en el balde, pero sin sacrificar control. Se percibe firme, sí, pero esa firmeza se traduce en seguridad.

A mayor velocidad, mayor responsabilidad. Los frenos de disco en las cuatro ruedas, asistidos por sistemas electrónicos, responden con precisión. No hay brusquedad; hay confianza. Y esa confianza es la que permite disfrutar la conducción, incluso cuando se exige más.

Pero la verdadera historia comenzó cuando dejamos el asfalto atrás.

Detuvimos la marcha. Cambiamos la tracción de 2H a 4H. Un gesto simple que marca una frontera simbólica: del trayecto cotidiano al terreno incierto. El camino se volvió lastrado, luego empedrado. Empezamos a subir. Durante aproximadamente 10 kilómetros, la montaña nos puso a prueba con curvas cerradas, inclinaciones prolongadas y superficies irregulares.

Aquí el motor mostró su esencia. El turbodiésel entrega su mejor versión cuando se lo entiende: mantener las revoluciones, anticipar el cambio, no dejar que el impulso decaiga. Durante seis kilómetros continuos de ascenso, la camioneta sostuvo el ritmo sin titubeos. Desde el volante se percibió cómo la suspensión trabajaba intensamente bajo el chasis, mientras el habitáculo permanecía estable, contenido, casi ajeno al esfuerzo exterior.

A 2.600 metros sobre el nivel del mar, el escenario cambió nuevamente: lodo, hierba alta, suelo húmedo. Los neumáticos todo terreno rin 18 encontraron agarre donde parecía no haberlo. El sistema antiderrape intervino cuando fue necesario, corrigiendo deslizamientos sutiles sin dramatismo. La altura libre al suelo evitó golpes en la parte baja; dándonos una la sensación de avance con decisión, no de lucha contra el terreno.

Y luego vino la bajada

Las- curvas obligaban a moderar la velocidad, pero también ofrecían el espacio perfecto para comprobar la eficiencia del sistema de frenado en descenso. El control se mantuvo constante. No hubo sobresaltos. Solo esa combinación de pendiente, gravedad y máquina respondiendo con equilibrio.

Regresamos a Quito con una conclusión que no aparece en las especificaciones técnicas: la Páramo es más que una herramienta de trabajo. Es un vehículo que entiende el contexto ecuatoriano —ciudad, carretera, montaña— y responde a cada uno con coherencia. Su enfoque en la productividad y el uso intensivo no está reñido con la experiencia de manejo ni con la comodidad del habitáculo, donde el tablero de estilo deportivo y los mandos al volante facilitan la operación diaria.

La autonomía se mantuvo eficiente pese al recorrido mixto. El consumo confirmó la ventaja del diésel en trayectos exigentes. Pero más allá de los números, lo que queda es la memoria de cada tramo: el rugido contenido del motor en ciudad, la estabilidad en autopista, el ascenso sostenido en montaña, el silencio concentrado en la bajada.

Un test drive es, al final, una conversación entre conductor y vehículo. En este caso, fue una conversación franca: de asfalto a montaña, de rutina a desafío. Y en cada escenario, la Páramo respondió con carácter. (I)

Más noticias

10