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Que suerte tenemos que nuestros superhéroes sean tan reales y humanos que no solo nos enseñen lo bueno sino también lo complejo.

21 Junio de 2024 14.43

Cuando somos pequeños nuestros verdaderos superhéroes son nuestros padres. A nuestra corta edad nos damos cuenta que ellos son realmente los que nos protegen, nos salvan y hacen todo por nosotros. Ellos son nuestro escudo y nuestro mayor orgullo. Gracias a su ejemplo y consejos llegamos a nuestras metas y nos vamos convirtiendo en las personas que queremos ser. De hecho, vemos más los aspectos positivos, sus éxitos, sus cualidades y vamos escogiendo cuales queremos apropiarnos y replicarlas. Sin embargo, a medida que crecemos esa imagen de superhéroe va mutando.

Al crecer y con esto me refiero específicamente al salir de la casa de nuestros padres o al compartir otras facetas vamos descubriendo y comparando ciertas características de nuestros padres. Creo que esta es la parte más compleja ya que pasamos de ver al superhéroe al humano. Nuestros padres, como nosotros y como todos, son seres humanos y como tal tienen defectos y errores. Pero nos cuesta aceptar sus errores porque bajo nuestra percepción eran perfectos, intachables y con poderes únicos; por eso eran nuestros superhéroes. 

Al principio nos negamos a verlo, pasamos por una etapa de negación y confrontación porque ya no son superhéroes, pero no nos damos cuenta que son mejor que eso; son REALES. Con el tiempo y con aceptación nos damos cuenta que hemos llegado a la etapa más linda porque aquellos seres místicos son tan reales que cometen errores y los enmiendan, se acomodan y mejoran. Esa es la mejor lección que nos dejan. Incluso nos permiten a nosotros mismos equivocarnos y ser también reales. 

Muchos nos ponemos una vara tan alta como la que teníamos con ellos y no nos damos espacio al error. Como ya lo comenté de chiquitos aprendemos de su ejemplo, pero de grandes seguimos aprendiendo de ellos. Esta vez a corregir equivocaciones, a afrontar consecuencias, a reconocer y sobre todo a darle la vuelta a la situación gracias a esas lecciones de vida. Empezamos a verlos no solo como padres sino como profesionales, amigos, empleados, jefes etc., y en cada faceta tienen otras características que desconocíamos y que puede que nos guste o puede que no. 

Me considero de un reducido grupo donde mis padres no se equivocaron seguido y más bien me tocó verlo ya de bastante grande. Pero hoy puedo decir que me siento afortunada de pasar esta transición y poder aún contar con ellos y seguir aprendiendo no solo lo que se debe hacer sino también lo que no. A veces por no decir todas, aprendemos más de lo pasa a nuestro alrededor que de lo que nos pasa a nosotros directamente. 

Que suerte tenemos que nuestros superhéroes sean tan reales y humanos que no solo nos enseñen lo bueno sino también lo complejo. (O)

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