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Richard Carapaz ya hizo la parte más difícil: ganar. Ahora Ecuador tiene la oportunidad de convertir esas victorias en algo mucho más grande.Porque una etapa dura un día, una medalla puede quedar en una vitrina, pero una reputación bien construida puede generar oportunidades durante décadas.

26 Agosto de 2026 15.14

Cuando Richard Carapaz levantó los brazos en Alpe d’Huez el pasado 25 de julio, Ecuador no solo ganó una etapa del Tour de Francia. Ganó algo mucho más difícil de medir: visibilidad internacional.

El ciclista ecuatoriano conquistó las etapas 18 y 20 del Tour de Francia 2026 y, con su victoria en la última gran etapa de montaña, aseguró además el maillot de lunares como ganador de la clasificación de la montaña. En la etapa 10 ya había recibido el premio a la combatividad después de protagonizar un ataque de larga distancia.

Pero hay una pregunta que casi nunca hacemos después de una victoria deportiva: ¿cuánto vale para Ecuador?

No me refiero al premio económico que recibe el deportista. Me refiero al valor de la exposición, la reputación y el posicionamiento internacional que genera un ecuatoriano compitiendo —y ganando— en uno de los escenarios deportivos más importantes del mundo.

El Tour de Francia no es simplemente una carrera de bicicletas. Es una plataforma global de comunicación. En 2026, durante las primeras diez etapas, France Télévisions registró una audiencia promedio de 3,1 millones de espectadores por etapa, con un pico de 7,3 millones durante la jornada del 14 de julio. En el entorno digital, France.tv acumuló 17 millones de reproducciones de video y las redes sociales sumaron 88 millones de visualizaciones. Eurosport agregó otros 80 millones de visualizaciones entre su plataforma y sus redes.

Cuando Carapaz aparece en pantalla, entonces, no está frente a unos cuantos aficionados franceses. Está frente a una audiencia internacional. Y en esas transmisiones aparece también el nombre de Ecuador.Ahí comienza el verdadero valor.

Durante años, las empresas han entendido que una marca fuerte genera valor económico. Los países funcionan de manera similar. La reputación de una nación influye en cómo es percibida por turistas, inversionistas, empresas y profesionales.

El Global Soft Power Index 2026 de Brand Finance evaluó la percepción de los 193 países miembros de Naciones Unidas a través de más de 150.000 encuestados en más de 100 mercados. El índice mide, entre otros factores, familiaridad, reputación, influencia, negocios y comercio, cultura, relaciones internacionales, educación y ciencia y gobernanza.

La conclusión es relevante para Ecuador: la reputación internacional no es simplemente una cuestión de orgullo. Forma parte de la capacidad de un país para competir por inversión, turismo, talento y oportunidades.

En 2025, el país recibió 1.357.873 entradas de extranjeros, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos. En el primer trimestre de 2025, los ingresos por viajes alcanzaron USD 453,6 millones, un crecimiento interanual de 14,4 %, mientras la llegada de turistas aumentó 17,3 %, según el Banco Central.

La inversión también muestra una realidad interesante. En 2025, la inversión directa en Ecuador alcanzó USD 1.299,2 millones, frente a USD 446 millones en 2024. Sin embargo, el Banco Central advierte que una parte importante de ese incremento estuvo relacionada con operaciones contables y estatutarias que no necesariamente implicaron un ingreso de divisas al país.

Por eso, fortalecer la confianza y la percepción internacional continúa siendo una tarea estratégica y Richard Carapaz puede formar parte de esa conversación.

No porque una victoria deportiva genere automáticamente inversión extranjera o turistas —no existe evidencia para afirmar una relación directa—, sino porque genera algo que todos los países y las marcas necesitan: atención.

La atención genera reconocimiento. El reconocimiento construye familiaridad. Y una mayor familiaridad puede contribuir a mejorar la reputación. Los ejemplos internacionales existen. Jamaica convirtió a Usain Bolt en un símbolo global. Suiza tiene en Roger Federer uno de sus mayores embajadores. Argentina cuenta con Lionel Messi. España, con Rafael Nadal y Carlos Alcaraz.

No significa que estos deportistas sean responsables de la reputación de sus países. Significa que sus historias forman parte de una narrativa nacional que puede ser utilizada estratégicamente.Richard Carapaz tiene todos los ingredientes para convertirse en uno de esos activos.

Nació en Carchi, lejos de los grandes centros internacionales del deporte, y llegó a conquistar el Giro de Italia, una medalla olímpica de oro y el podio del Tour de Francia. En 2026 volvió a ganar dos etapas de la carrera y conquistó por segunda vez la clasificación de la montaña.

Su historia no es solamente deportiva. Es una historia de origen, esfuerzo, resiliencia y excelencia.Y esas historias construyen marcas.La pregunta, entonces, no debería ser qué más puede hacer Richard Carapaz por Ecuador. La pregunta debería ser qué puede hacer Ecuador con todo lo que Richard Carapaz ya consiguió.

Su historia podría integrarse a estrategias de promoción turística vinculadas a los Andes, el ciclismo y el turismo de naturaleza. Podría utilizarse para fortalecer la marca Ecuador en mercados internacionales. Incluso podría convertirse en una plataforma para conectar deporte, inversión, productos ecuatorianos y formación de nuevos talentos.

Pero para hacerlo se necesita algo que todavía parece faltar: una estrategia que mida el valor de la reputación.

Las empresas calculan el retorno de sus campañas. Los países también deberían medir cuánto valor generan sus embajadores, sus eventos y sus historias.

Richard Carapaz ya hizo la parte más difícil: ganar. Ahora Ecuador tiene la oportunidad de convertir esas victorias en algo mucho más grande.Porque una etapa dura un día, una medalla puede quedar en una vitrina, pero una reputación bien construida puede generar oportunidades durante décadas.

Y quizá ese sea el verdadero valor de una victoria de Richard Carapaz. (O)

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