¿La guerra volvió para quedarse?
El problema no es solo que existan guerras, sino que dejemos de cuestionarlas, que dejemos de sentirlas como una urgencia moral. El día que la guerra deja de incomodarnos, deja también de tener límites. Y en ese momento, lo que está en juego ya no es solo la paz, sino el tipo de humanidad en la que estamos dispuestos a convertirnos.